Don José Déniz Rodríguez “El cura de Cardones”


Don José Déniz Rodríguez había nacido en Utiaca, pequeña localidad de la Vega de San Mateo, el 25 de julio de 1882. Sus padres se llamaban Antonio Déniz Henríquez y Antonia Rodríguez Gómez. Dicho matrimonio tuvo otros cuatro hijos, María, Juan, Antonio y Antonia Déniz Rodríguez. El pequeño José recibiría pronto el Bautismo con el nombre de José Manuel del Cristo Déniz Rodríguez.


curadecardonesJosé fue siempre un hombre de acusada personalidad y carácter, temperamento y genio que, a veces, lo dominaba aunque solía rectificar. Tenía cualidades de líder y capacidad de aglutinar personas en torno a un objetivo a conseguir.

Su vocación la podemos definir de tardía ya que solicitó su ingreso en el Seminario Conciliar de Las Palmas a la edad de 18 años (lo normal era ingresar a la edad de 12 o 14 años aunque no se tuviera “la llamada del Señor” .

De su puño y letra escribiría al Rector del Seminario:

“José Déniz Rodríguez de 18 años de edad natural de la Vega de San Mateo y vecino de la Parroquia de San Juan Bautista de Arucas. Sintiéndome con vocación al estado sacerdotal deseo ingresar en el Seminario de su digno cargo para la cual tiene el honor de acompañar partida de bautismo y certificado de buena conducta. Por tanto, suplico se digne admitirme la matricula al primer año de Latín y Geografía”. Firmando en Arucas a 23 de septiembre de 1900.

Y es que don José, desde adolescente, ya residía con su familia en el barrio de Santidad considerándose un aruquense más y así está reflejado en un certificado extendido por el Coadjutor de San Juan Bautista de Arucas don Leopoldo Gil Navarro el 14 de septiembre de 1900 donde escribiría que José Déniz es vecino de Arucas e hijo de padres cristianos.

Su solicitud fue admitida ingresando en el Seminario Conciliar en octubre del año 1900.

Los estudios de aquella época, precisos para ser Sacerdote, podían ser de carrera larga (12 años) o de carrera breve (7 años). Don José optó por los estudios de carrera breve siendo lo más lógico porque como ya indicábamos antes tenía 18 años de edad considerado mayor para aquella época.

Hojeando sus notas correspondientes a los años 1900 a 1907 sorprende que en varios cursos y asignaturas había obtenido la calificación de Meritissimus.

El 24 de octubre de 1905 en el Palacio Episcopal fue ordenado de Tonsura y Órdenes Menores.

Subdiaconado el 22 de diciembre de 1906, Diácono el 25 de mayo de 1907 y ya por fin sería ordenado Presbítero el 21 de septiembre de 1907 en el Monasterio del Cister de la Villa de Teror por el Venerable Obispo José Cueto Diez de la Maza, contaba José Déniz con 25 años de edad.

Su primer destino pastoral fue el de Coadjutor de la Parroquia de Santa Brígida desde el 7 de octubre de 1907 al 7 de octubre de 1910. En dicha parroquia fue todo un revulsivo para la juventud que sin dudarlo colaboraron con él en organizar actos en la parroquia.

Mientras, el pequeño pueblo de Montaña Cardones contaba con una pequeña ermita que se empezó a construir en 1897 siendo terminada y bendecida el 14 de mayo de 1904.

Fue su primer capellán el generoso sacerdote catalán Ramón Cirera Cardó nacido en 1850 en el pueblecito catalán de Berga. Cuando llegó a Canarias, el Obispo Urquinaona lo destinó a San Bartolomé de Tirajana obteniendo más tarde, en propiedad, la Parroquia de San Lorenzo. En Arucas sería capellán de Cardones y del Colegio Sagrado Corazón. En parte también se le debe la presencia en Arucas de los Hermanos de La Salle recomendando dicha Congregación por ajustarse a los intereses del Ayuntamiento de entonces. Lo defino “el generoso” porque creó varias becas con su nombre destinadas a jóvenes seminaristas a la vez que, el día de la coronación de la Virgen del Pino, había reunido en el pago de Cardones 40,25 pesetas, una fortuna en comparación con la grandiosa parroquia de Gáldar que donó 25 pesetas. Fallecería el benemérito sacerdote el 10 de noviembre de 1928.

El segundo Capellán fue el aruquense don Juan Francisco y González, ilustrado sacerdote, escritor y poeta. Simultaneó su servicio en Cardones con el de Capellán del Colegio La Salle de Arucas. Falleció don Juan en el año 1937 en su casa del Cardonal.

El 7 de octubre de 1910 sería nombrado tercer y último Capellán de Montaña Cardones José Déniz Rodríguez comenzando a fraguarse así la historia del Padre del Pueblo.

Cuatro meses antes de incorporarse como Capellán, en concreto el 26 de junio, Cardones viviría, si no se demuestra lo contrario, la primera visita de un Obispo a este pueblo antes de crearse la Parroquia.

El Obispo, en cuestión, fue don Adolfo Pérez Muñoz “Padre de los Pobres”. El motivo de su visita fue la celebración de una Fiesta de Espigas de la Adoración Nocturna, dato que no sería trascendental si no fuera porque fue en 1915 cuando se creó la Sección Adoradora de Cardones.

Pérez Muñoz dirigiría unas palabras a las casi 2.000 personas que se congregaron en tan pequeño lugar diciéndoles: “Os animo a que tengáis devoción por el Santísimo Sacramento como lo más propio de nuestra época y recordad en vuestros corazones esta fiesta que hemos presenciado hoy”.

El día de San Isidro de 1911 iba a ser la primera fiesta que José Déniz presidiría la función religiosa en honor al Santo, ayudado por los párrocos de Arucas y Bañaderos señores Cárdenes y Hernández, predicando el ilustrado Arcipreste de la Basílica Catedral Doctor Rodríguez Bolaños.

entierrocuracardones

Cabe destacar que en las primeras fiestas de San Isidro el cura invitaba a predicar a los sacerdotes más destacados de la época. En 1912 vendría el famosísimo José Feo Ramos, Lectoral de la Catedral.

En 1915 predicaría el señor Justo Marquina, Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado. Fue precisamente el 16 de mayo de este 1915 donde se estrenó la preciosa imagen de Santa María de la Cabeza donada por la esposa del vecino del pueblo Fernando Guerra.

La relación de don José con las entidades del pueblo siempre fueron de mutuo respeto a pesar de la censura eclesiástica, ejemplo de ello fue cuando en las fiestas de San Isidro el Círculo de Labradores organizó un “asalto a media tarde” el mismo día del Santo.

Don José, más permisivo que su superior en el arte del bailoteo y para guardar las formas, escribiría a la dirección del Círculo en los siguientes términos: “Es sabido por todos que el señor Obispo prohíbe que en el día del patrono se hagan “bailes modernos” ya que en caso contrario no habrá procesión”. Seguidamente, el cura se despide advirtiendo: “Es mi obligación dar cuenta al Obispo para que en su actitud buena o mala resuelva”. Después de la función religiosa el cura ya estaba sentado en la puerta del Círculo velando por las almas de sus feligreses mientras éstos bailaban.

En Carnavales a don José le gustaba recibir en la casa parroquial a las mascaritas invitándoles a un buen vino del Monte.

Los Pobres, sin duda, eran los predilectos de José. Cuando llegaba el invierno éste encargaba en el comercio de don Antonio González mantas para que fuesen repartidas entre las familias de la Montaña al igual que compraba telas para que las mujeres confeccionaran pantalones para los hombres de la casa.

En 1915 el Obispo Ángel Marquina aprobaría la nueva demarcación de las parroquias que ya obligaba el Concordato de 1851.

Por ello, el 25 de Julio de 1915 se crearía la Parroquia de San Isidro Labrador de Montaña Cardones, compuesta por los pagos de: Montaña Cardones, Llano Blanco, El Guincho, Barranquillo, Lomito, Carril, Hoya de San Juan, San Francisco Javier, Barranco de Tenoya, Tinoca y Transmontaña.

En 1920 Dios quiso poner a prueba la fe del joven Párroco con el caso de la vecina del pueblo Antonia Viera la cual había sido desahuciada por los médicos encontrándose ésta en peligro de muerte.

Esta mujer, sin consuelo, recurrió a su fe prometiéndose devotamente a la Virgen del Carmelo. A los pocos meses, Antonia fue encontrando una sorprendente mejoría. Enseguida en el pueblo se corrió la voz de un milagro de la Virgen del Carmen congregando don José a todo Montaña Cardones para el besamanos y manifestación de Acción de Gracias a la venerada imagen.

Bajo su dirección se creó una escuela, Cofradías, Asociaciones y Movimientos religiosos.

Fue socio del Congreso Mariano de Sevilla y pertenecía a la “Liga Sacerdotal Eucarística”. El Papa Pío X había concedido a los sacerdotes, miembros de esta Liga, la gracia de bendecir privadamente los rosarios y conceder las indulgencias de los Padres Crucíferos.

Don José Déniz se preocupó porque Cardones fuese lugar de animación vocacional y para ello animaba, a vecinos pudientes, a crear nuevas becas de formación consiguiendo, el 22 de febrero de 1930, que la vecina Eladia Martín Marrero fundara una Beca en favor de jóvenes con preferencia de dicha localidad, que por su inclinación y aptitudes diesen señales de vocación al estado sacerdotal y se encontraran faltos de recursos para acceder como alumnos internos del Seminario Conciliar de Las Palmas.

Sería a partir de 1931 cuando aparecería la grandeza del pastor y padre de todos ya que los años de la Segunda República fueron años críticos para la parroquia. El radical anticlericalismo de las izquierdas de aquellos momentos causó una profunda división en la parroquia agudizada por la requisa del Cementerio Parroquial.

Montaña Cardones en 1932 era un pueblo con un paisaje magnífico. Sus casitas blancas semejan una bandada de palomas detenidas a la falda de la Montaña. Ya dentro de él se advertía un pueblo trabajador y progresivo.

Era notorio el adelanto que el barrio había experimentado en la última década, calles adoquinadas, bonitos y modernos edificios, servicio de luz eléctrica,... pero lo que cautivaba la atención del visitante era su iglesia, obra sencilla y humilde, pero artística, orgullo de los cardonenses y que se terminó gracias a la fe y entusiasmo de los vecinos y al celo y la constancia de don José Déniz.

El 18 de julio de 1936 surgieron las “represalias” donde a altas horas de la noche los hombres más significativos de la izquierda eran arrebatados de sus hogares para ser torturados y arrojados a los pozos.

El cura, a pesar de su ideología y sentirse víctima de aquella “maldita república” como dejó escrito en aquellos dramáticos días en que peligraba la vida de algunos feligreses, se erigió en el gran defensor de los “represaliados”. Uno de éstos fue Francisco Medina Falcón (El Bragao) vecino y sepulturero de Cardones, acusado de haber escondido en el cementerio la dinamita para volar los puentes de Tenoya y Cardones. Fue declarado “rebelde al Movimiento”.

Enviaría don José aviso, en la oscuridad de la noche, a todos los que consideraba posibles víctimas de las “sacas” para que se escondieran y no durmieran en sus casas (algunos incluso dormirían y se esconderían en los salones parroquiales e incluso en el foso de la torre de la iglesia).

Fue desde dicha torre donde el cura, noche tras noche, oteaba las entradas y salidas del pueblo para descubrir las fatídicas luces de los coches y camionetas que se dirigían a los pozos cargados de vecinos de otros lugares para su posterior ejecución.

La táctica del cura obtendría un resultado positivo (dicen algunos que también hubo otras influencias). En todo el municipio de Arucas, el único pueblo en el que no hubo ni un solo desaparecido fue Montaña Cardones.

Otra faceta del cura fue el de yerbero o médico-naturista que sería como su segunda vocación, especialidad ésta, la fitoterapia, que le hizo famoso hasta fuera de Gran Canaria.

En Sesión Plenaria del Ayuntamiento de Arucas de 30 de agosto de 1954 sería nombrado Hijo Adoptivo de Arucas. Contaba don José con 72 años y ya con signos de debilidad.

Después de casi 40 años en Cardones sería ayudado, en calidad de Coadjutor, por don José Domínguez aunque éste no viviría en la casa parroquial ya que don José Déniz la seguiría ocupando hasta su muerte.

Y llegó el día: “el padre del pueblo se ha muerto” gritaba una vecina de la casa parroquial. Fue el 23 de noviembre de 1956. Desde que se supo la noticia de su muerte no fue sólo Montaña Cardones sino la isla entera la que sintió un doloroso estremecimiento: “Había muerto el cura de Cardones”.

Con esta frase ya se definía a un hombre bueno y sacerdote ejemplar.

Fue incesante el número de personas que desfilaron ante su cadáver. Jamás se vio nada igual por estos lugares.

“Se nos ha ido don José”, murmuraba tristemente todo el pueblo. La tristeza era cierta, fuerte y humana porque don José fue siempre un padre auténtico, pastor de almas y que a todos guió rectamente por el camino de la fe.

Sus restos descansarían en el cementerio parroquial hasta que en 1976 se creó una Comisión, bajo la animación del vecino Bibiano González Hernández, para trasladar los restos del recordado sacerdote a la iglesia, siendo depositados éstos en la Capilla del Carmen, aquella Virgen del Carmen a la que tanto quiso.

Sin duda “murió en el Señor lleno de días y de méritos”.


NOTA: Mi agradecimiento al Sacerdote Don Juan Marrero Hernández por su colaboración, archiveros, bibliotecarios y a los vecinos de Montaña Cardones que han hecho posible esta edición.


 

Actualizado el Lunes, 20 Julio 2020 19:54 horas.

2 comentarios

  • Arcadia Viernes, 18 Septiembre 2020 22:22 Enlace al Comentario

    Una historia preciosa y de una gran calidad humana. ¡Gracias por compartirla!

    Saludos.

  • Juan Martes, 21 Julio 2020 07:55 Enlace al Comentario

    Gracias, Armando, por dar a conocer la historia de don José Déniz. Magnífico artículo!!

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