Inauguración de la Casa de la Cultura de Arucas y su primer acto cultural


El 28 de junio de 1973 fue una fecha imborrable para la ciudad de Arucas, ya que después de varios años de gestiones municipales se celebraría la inauguración de la Casa de la Cultura. El acto inaugural estuvo presidido por el gobernador civil de la provincia, Federico Gerona de la Figuera; presidente del Cabildo Insular, don Juan Pulido Castro; alcalde de Las Palmas, don Jesús Pérez Alonso; y don Francisco Ferrera Rosales, alcalde de la ciudad de Arucas.


Acto inauguración Casa de la Cultura

El alcalde de Arucas emocionado se dirigió a los presentes en los siguientes términos:

“Abrimos hoy las puertas de esta casa con una gran ilusión y con una gran esperanza. Ilusión: La de que se convierta en el hogar intelectual y artístico de la ciudad de Arucas. Además de la biblioteca y salas de lectura y préstamo de libros, se programarán y proporcionarán conferencias, recitales, conciertos, proyecciones cinematográficas, publicaciones de libros sobre la historia de Arucas, etc. El Ayuntamiento tiene consignado en sus presupuestos una considerable cantidad para que dichos actos se celebren con la máxima dignidad y holgura económica. Y la esperanza, de que todos los hijos de Arucas y en especial los jóvenes, proporcionen su valor, su colaboración y ayuda personal. En definitiva, conviertan esta casa en realidad viva. Aquí tendrán cabida cuantos sientan inquietud intelectual y artística. Hoy estas casas son una necesidad absoluta. Estamos viviendo en un mundo dominado por la técnica, la mecánica, las prisas, las aglomeraciones, circunstancias todas que nos exprimen, agobian y estrujan hasta las entretelas del alma.”

1.- Primer acto cultural de la Casa de la Cultura: La exposición antológica del escultor Manolo Ramos

De la exposición antológica de Manolo Ramos fue su promotor don Pedro Almeida Cabrera y su presentación corrió a cargo de don José Miguel Alzola, por aquellos años Consejero Regional de Bellas Artes y Presidente del Museo Canario, acompañado por la viuda del escultor.

Manolo Ramos con su mujer Haessig de origen suizo y su querida nieta Manón Sáenz RamosjpgManuel Esteban de los Reyes Ramos González nace en Arucas el 25 de diciembre de 1899, hijo de don Juan Ramos Guerra y de doña Encarnación Gonzáles de Matos.

Era Arucas entonces, una población pequeña, agrícola, con un núcleo urbano más denso, y sus barrios diseminados como si se hubiesen ido sembrando casitas blancas, escapadas de puñados repartidos armoniosamente. Pertenecía a una familia de ocho hijos, de los cuales ocupó el cuarto lugar, y cuyo padre que se había hecho a sí mismo, había logrado una posición económica desahogada. Era una familia burguesa acomodada, en cuyo seno y como si hubiese sido marcado por unos genes diferentes, había nacido un artista, un bohemio, distinto al resto de su familia y al entorno donde vio la luz.

El padre Juan Ramos, hombre emprendedor y comerciante, era amigo de lecturas y abierto a las nuevas corrientes educativas.

Manolo estudia en el colegio de los hermanos de La Salle. Tiene diez años, y aunque en su casa no existen antecedentes artísticos con excepción de las aficiones de su padre, ha pasado horas y horas en la carpintería de maestro Juan Pérez, que estaba enfrente de su casa, y donde pacientemente y amorosamente ha visto trabajar la madera. Y solo, sin saberse porqué, Manolo empieza a dibujar todo lo que le rodea y a tallar en la madera con una rudimentaria cuchilla. Va a ser en el Colegio donde su vocación encontrará decisivo apoyo en los Hermanos Víctor y Francisco, que facilitan su tarea, y allí obtiene tiza, lápices, pinceles y navajas con los que va creando su obra primera. Balbuceos que denotan ya su obstinado empeño de dedicar toda su vida al arte. Pero su padre se resiste a que ese sea el modo de "ganarse la vida", y entonces lo coloca en la Sombrerería de un amigo y aunque el salario lo pagó el propio padre, sin que lo sepa el hijo, Manolo continúa dibujando y soñando, y tal vez fue para él un espectáculo, ver los sombreros de diferentes formas y colores como manchas y volúmenes de una extraña composición. Su reacción imprevista, fue regalar los sombreros de la tienda a sus amigos los obreros de la cantera.

Enferma de un proceso reumático y ya, irresistible, su vocación se desata. Sin poder moverse, guardando cama o andando solo por la casa, se dedica a crear. Dibuja todo el mundo que le rodea, familia, animales, objetos. Ante esto, el padre cede, se rinde y deja que su hijo comience a tallar con navaja, palpe amorosamente el barro, acaricie, golpee la piedra. Casualmente Victoriano Macho viene a Canarias a inaugurar el mausoleo de Tomás Morales en el cementerio de Las Palmas. Y un amigo de la familia Gabriel Mejías lo lleva a Arucas para que examine la labor de Manolo. Le enseñan unos relieves "El bautismo de Jesús" y "Violines con cerdos" y el gran escultor palentino aconseja, ante las condiciones del muchacho, que vaya a estudiar a Madrid.

En Madrid y antes de empezar en la Escuela de San Fernando, frecuenta el estudio de Victoriano Macho de día, y de noche la Escuela de Artes y Oficios, trabajando en ella con los maestros Capuz, Jacinto Alcántara y Vicent. Ingresa en 1921 en la Escuela de San Fernando donde realiza durante cuatro años sus estudios. Fueron sus compañeros de curso entre otros Ferrant, Cruz Collado, Crespi, Cristina Mallo y Pellicer. Entre sus Profesores podíamos citar a Moreno Carbonero, Marina, Sorolla, Domenech, Trillo, Plá, y sobre todo al Director Miguel Blay. Durante su periodo de estudios solamente regresa a Gran Canaria por dos veces.

Viaja a París, vive en Monparnase, comparte entre otros artistas el estudio con el hijo de Luigi Pirandello y Tozi Komori (Bailarín Japonés).

En París a través de un canario de la embajada de España, que frecuentaba como bohemio en busca de ayuda, conoce a la que iba a ser compañera en su vida Sra. Haessig de origen y nacionalidad suiza.

De regreso a Gran Canaria, coincidiendo con la Guerra Civil, vienen momento malos, incluso una breve pérdida de la libertad que soporta con dignidad y resignación. La verdadera causa fue la campaña incondicional que las federaciones obreras y sus órganos de prensa desarrollaron en su favor con motivo de sus clases. Él, que había sido libre de elegir su vida, que fuera de su taller solo había su huerta de árboles, con sus múltiples colores, plantas, semillas, sus animales, etc... Palomas, cabras, pájaros, eran el único descanso en un mundo loco y atormentado. Pobre corazón de niño tímido siempre, como tendrá que sufrir. Desde aquel momento murió algo en él, siempre conservó aquel miedo al ser humano. Solo se sentía a gusto en la soledad del estudio, horas y horas. Venida la paz, realiza varios bustos de personalidades militares, entre ellos el del General García Escámez, hombre que le ayudó con su amistad y afecto con el fin de que volviese a la Península.

De nuevo en Madrid en el año 1944, se organiza una exposición de artistas Canarios de la Provincia de Las Palmas, en el Museo de Arte Moderno de Madrid. La crítica es buena, vuelve la confianza en él, respira de nuevo aire de su juventud pasada. El Museo le compra una obra, "La Mendiga".

Tiene un periodo de depresión y destruye parte de su obra. En 1964 se siente enfermo y es aconsejado por el médico, que debe vivir en clima cálido para su corazón. Regresa a las islas Canarias, pero esta vez a la Villa de la Orotava, donde vive su hija Manón. Vuelve a sentir deseos de crear; ya no son encargos, ni presiones, es trabajar libremente como en su juventud. Se lamenta de no ver dónde están sus obras, vendidas unas y perdidas otras. Liberado de la técnica de todo lo que entretiene, de todo lo que es superficial, pues hay prisa, la vida se le escapa. Hay poco tiempo y trabaja casi sin ver, medio ciego, palpando con sus hermosas manos la materia que adivina con el tacto, hasta que, herido de muerte, cae un viernes de dolores del año 1971, tenía 73 años, en el populoso e histórico barrio de San Miguel (Tenerife), el mismo día que en su ciudad natal Arucas, salía en procesión su Cristo de la Buena Muerte acompañándolo eternamente en su largo camino de la soledad. En la actualidad sus restos descansan en su ciudad natal Arucas.

Patio Casa de la Cultura de Arucas

2.- La Casa de la Cultura

Situada en el centro de la ciudad en la calle Gourié y con amplia y bella fachada en cantería, fue domicilio de la Familia Ponce. Uno de sus herederos, don José Ponce Blanco, fue el que realizó las gestiones entre la familia y las instituciones interesadas en su compra en este caso el Ayuntamiento aruquense.

La casa, amplia, con extenso patio en dos planos, señorial portalada por la Calle de San Juan. De los trabajos de reforma y adaptación de la casa se hizo cargo el Artista aruquense Santiago Santana mejorando su aspecto y dándole un punto señorial y ayudado en su obra por un ejército de labrantes, albañiles, carpinteros, jardineros, pintores, peones, forjadores, conjugando en este espacio los adornos blancos con la piedra azul de las canteras de Arucas; la vieja tea de los pinares de Gran Canaria con la teja de los techos y sobre todo su acogedor y tan canario patio presidido por el centenario Drago.

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