Medidas de salud pública en Arucas contra la viruela y durante la pandemia de gripe en el periodo 1918-1920 en España

Arucas 1890

Introducción

El propósito de esta parte del artículo de hoy es exponer en primer lugar las medidas implementadas en un contexto local (el caso específico de Arucas) ante el impacto de las epidemias de viruela a fines del siglo XIX y principios del XX, en el ámbito de nuevas estrategias de control como política pública y médica para reducir la mortandad. Esta revisión permitirá conocer la manera en que se ejecutaron medidas que tuvieron efectividad en espacios lejanos del casco del municipio de Arucas y de la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, a pesar de difíciles condiciones, como la dispersión demográfica, el poco control estatal, la falta de protocolos médicos estandarizados, el abundante calor y la falta de caminos.

En la segunda parte veremos cómo no ha habido nunca en la historia de la humanidad un fenómeno tan devastador que pueda compararse con el azote de la gripe. Sin embargo, guardó una serie de características que siempre se han dado en este tipo de catástrofes. En efecto, jamás nadie, y menos los médicos, pensaron que una simple gripe iba a causar semejante desolación. Se acostumbraba a considerar a la gripe como una enfermedad benigna. Pero en el caso de la de 1918 no fue así. Nunca se vio nada igual. Era una gripe, sí, pero terriblemente mortífera, que afectaba a adultos jóvenes, cosa completamente inaudita en una gripe estacional típica que suele atacar a ancianos y a niños. Además, otro aspecto iba a despertar todavía más la conciencia de ignorancia en los médicos ya que el germen causal de la gripe no era el que ellos creían sino un virus que todavía no había sido aislado. Finalmente, al estupor y confusión de los médicos se unía la impotencia ante la inexistencia de tratamiento alguno.

viruela
Medidas contra la Viruela en Arucas
Bando Municipal
Don Manuel del Toro y Sánchez, Alcalde Constitucional de la Villa de Arucas

Hago saber: Que habiéndose presentado varios casos de viruela en el Barrio del Trapiche, es de absoluta necesidad proceder a la vacuna y revacuna, como único medio profiláctico aconsejado por la ciencia para garantizar la inmunidad contra tan terrible epidemia; a cuyo efecto y con el levantado propósito de prever un desarrollo, he determinado de acuerdo con la Junta Municipal de Sanidad, que inmediatamente comiencen a practicarse la inoculaciones por el expresado barrio y a domicilio, bajo la dirección de los Médicos titulares, sin prejuicio de continuarlas con la mayor actividad en todas las demás agrupaciones de la Jurisdicción, para que tanto los niños como los adultos puedan acogerse a sus beneficios, a fin de evitar las horrorosas consecuencias de la indicada enfermedad, que tantas víctimas ha causado y causa en el mundo y por el posible abandono a que se entregan muchísimas personas.

A la vez y de conformidad con lo resultado por la referida Junta de Sanidad, he resuelto advertir al vecindario las medidas de precaución que deben ponerse en práctica con todo rigor, para evitar el contagio y la propagación de tan mortífera epidemia, en la forma siguiente:

Primera: Aislamiento de los enfermos: Segunda... Condiciones que han de reunir las habitaciones ocupadas por los mismos: Tercera… Desinfección de las ropas de uso de ellos: y Cuarta… Saneamiento de las casas donde ocurran invasiones.

Para que estos medios de defensa contra aquel terrible azote, ofrezcan los resultados que la salud pública reclama de una manera imperiosa, deberán observarse con la mayor exactitud las siguientes reglas.

Primera: Los enfermos estarán rodeados solamente de las personas indispensables para su asistencia, procurándose que éstas se encuentren vacunadas o hayan padecido la viruela, y debiendo evitarse todo contacto de ellas con cualesquiera otras.

Segunda: La habitación que se destine a cada enfermo deberá ser de las más ventiladas, colocando la cama en el centro de la misma y quitando de ella todo mobiliario que no sea indispensable para el servicio durante la enfermedad.

Tercera: Las ropas de uso de los enfermos no podrán sacarse del local que éstos ocupen, sin que antes se tenga de remojo por espacio de dos horas en una disolución de ácido fénico al cinco por ciento, hecho lo cual, se procederá a lavarlas y colarlas en la misma casa por dos veces a lo menos; quedando absolutamente prohibido verificar estas operaciones en lavaderos públicos y acequias corrientes.

Cuarta: Las personas que asistan a los enfermos deberán lavarse con una disolución de ácido fénico al uno por ciento, cada vez que tengan necesidad de rozarse con ellos.

Quinta: En las defecaciones se pondrá una disolución de ácido fénico, en cantidad igual a ellas y en la proporción de cinco por ciento.

Sexta: Una vez resuelto el caso, en cualquier sentido que sea, se fumigará la habitación del enfermo con azufre, en cantidad de dieciséis gramos por metro cúbico, haciéndolo arder dentro de una cazuela y colocando ésta sobre un montón de tierra o arena para evitar todo peligro de incendio, a cuyo efecto se tendrá herméticamente cerrada la misma habitación por el espacio de veinte y cuatro horas, procurando tapar con el mayor cuidado todas las grietas o rendijas de los huecos que no ajusten bien, para impedir el exceso del aire. Pasado dicho periodo de tiempo, se abrirá y ventilará la habitación lo más posible, procediéndose inmediatamente a albear sus paredes interiores, y además deberán lavarse los pisos y maderas con solución de ácido fénico al cinco por ciento; sin que pueda hacerse uso de dicho local en el trascurso de una semana a lo menos. La fumigación y demás operaciones que se prescriben en este particular convendrá hacerlas extensivas a los departamentos restantes de la casa siempre que sea posible.

Por último recomiendo a todo el vecindario la más puntual observancia de las reglas de higiene privada, especialmente en lo que se relaciona con la limpieza de las casas, a cuyo efecto y con el levantado propósito de corregir toda clase de abusos y de extirpar los focos de infección que de algún modo puedan perjudicar la salud pública, comenzará la Junta de Sanidad a girar visitas domiciliarias en el día de hoy.

Villa de Arucas a 19 de mayo de 1890. Firma: Manuel del Toro.

La aparición violenta e inesperada de la viruela desveló el escaso nivel cultural de las masas y una deficiente estructura de los servicios sanitarios. A comienzos del siglo XX las medidas de vacunación obligatoria se impondrían todavía con suma dificultad en España.

La gripe de 1918

La Gripe en España 1918 - 1920

Imprevisión y manga ancha. Ese fue el comportamiento, hace un siglo, del Gobierno español ante el virus que mató a 200.000 personas en nuestro país (el 1% de la población) y acabó con la vida de 50 millones de humanos en todo el mundo entre 1918 y 1920. Fue “la gran pandemia”. Le llamaron “gripe española” porque sólo los periódicos españoles hablaban de la epidemia mientras la prensa europea y norteamericana se hallaban sometidas a una férrea censura de guerra y entonces, como ahora, lo que no se menciona no existe.

Algunas recomendaciones de las autoridades se parecen a las difundidas ahora ante la plaga del “coronavirus”. Contradicen otras la reclusión doméstica decretada ahora. Y rayan otras la ocurrencia ante la penuria de medios sanitarios y la alarma de la población. Por supuesto, ni el rey Alfonso XIII, que pilló el virus estando de vacaciones en San Sebastián, ni el ministro de Estado (Asuntos Exteriores), Eduardo Dato, que acudió a visitarle, alzaron la voz en defensa del buen nombre de España frente al apodo de “gripe española”, aunque sabían que el microbio había aparecido a finales de 1917 y atacado a los soldados de catorce campamentos estadounidenses antes de ser reconocido como patógeno muy mortífero y mutante en un cuartel de Kansas (Fort Riley) en marzo de 1918.

Ministerio de la Gobernación. Instrucciones de la Inspección General de Sanidad año 1920

La epidemia en España comenzó en la segunda quincena del mes de mayo de 1918; rápidamente se transmitió a las capitales de provincias, y más tarde a pueblos y caseríos, no habiendo quedado lugar de España adonde no llegase en el transcurso del año 1918.

La primera etapa fue benigna, y duró desde Mayo a Julio; y, a pesar de su gran difusión en Madrid y otras grandes poblaciones, se señaló por su escasa mortalidad. No obstante, la estadística demuestra que ya hubo un aumento de ésta durante el primer brote (3.184 defunciones de Enero a Abril, y 6.530 de Mayo a Agosto).

El segundo brote empezó en la segunda quincena de Agosto con caracteres graves, pues eran numerosísimas las complicaciones pulmonares, y tuvo su máximo de mortalidad en el mes de Octubre, disminuyendo progresivamente hasta el primero de Enero de 1919, en que pareció haberse terminado la epidemia. Durante el año 1919 hubo un recrudecimiento en los meses de Marzo y Abril, y en 1920 existía otro brote en todo nuestro territorio. El número de muertos por gripe en España desde Mayo, en que apareció la epidemia, hasta final del año 1918, fue de 143.876. Estas cifras son, en realidad, menores que las efectivas, si se tiene en cuenta que no entran en ella las defunciones por neumonía y bronco-neumonía que no llevan el apellido gripal, y que muchas de éstas, que figuran en la estadística, probablemente son de este origen.

La enfermedad ha sido más grave en los individuos de veinticinco a cuarenta y cinco años; y así la observación como la estadística, demuestran que la mortalidad ha sido mayor en los pueblos que en las capitales (7,70 por 1.000 en los pueblos y 3,69 por 1.000 en las capitales durante el año 1918), debido, sin duda, a las peores condiciones higiénicas de las viviendas en los primeros.

En realidad, muchos de los casos (sobre todo en este último brote 1920) que se han titulado de gripe ligera no lo habrán sido, pues es fácil confundir clínicamente los catarros de primavera y otoño con esta forma sencilla de la gripe.

Por los estudios bacteriológicos hechos, así en España como en el extranjero, no se ha llegado a una conclusión firme acerca de cuál es el microbio específico productor de la enfermedad, y siempre se han encontrado los gérmenes que viven comúnmente en la boca y vías aéreas superiores. Respecto del bacilo de Pfeiffer, tampoco existen pruebas indudables de que sea el agente causal, aunque junto con el neumococo y estreptococo parece ser la causa de las más frecuentes y graves complicaciones. En el extranjero se han hecho detenidos estudios sobre si podrían ser gérmenes que, por su pequeñez (virus filtrantes), no estén al alcance de los microscopios de la época; y aunque hay muchos que así lo creen, no están conformes todos los bacteriólogos en este punto.

El período de incubación es muy corto, entre veinticuatro y cuarenta y ocho horas, según se ha comprobado repetidamente.

La inmunidad ha sido observada claramente, pues en la epidemia otoñal respetó las poblaciones donde se había dado profusamente en primavera, así como los individuos que habían sido atacados anteriormente. Esta inmunidad dura varios meses, y se observa que un primer ataque preserva de las formas graves. Esta regla contiene excepciones, aunque es posible que muchas de éstas no fuesen más que formas catarrales comunes, que son clínicamente difíciles de diferenciar de la gripe ligera.

En una epidemia donde la transmisión sea una de las características, la mayor parte de los individuos están expuestos al contagio, y es un deber de la Administración sanitaria divulgar las enseñanzas de los principales conocimientos relativos a la gripe, con objeto de disminuir las probabilidades de contagio y facilitar el tratamiento y asistencia de los invadidos.

la gripe de 1918bis

Causas de propagación.

La enfermedad se contagia principalmente de enfermo o convaleciente a sano, por medio de las secreciones respiratorias de aquéllos, tosiendo, estornudando o hablando en alta voz, lo que da lugar a que se esparzan por el aire en forma de pequeñísimas gotas, que flotando en él, y espirándolas el individuo sano, contagian la enfermedad. Los estudios hechos durante esta epidemia demuestran, que una persona que habla en voz alta puede contagiar a una distancia de un metro, y si tose o estornuda, esta distancia es de dos metros y medio. La puerta de entrada de la infección es principalmente por la nariz y la garganta, habiéndose comprobado también que pueden ser los ojos, y que basta una pequeñísima exposición para contraer la enfermedad. Por lo tanto, es peligroso acercarse a los enfermos sin estar protegido por alguna mascarilla, y por la misma razón es conveniente evitar las aglomeraciones de gente de todas clases, como las que se forman en teatros, cinematógrafos, iglesias, vehículos públicos, establecimientos de enseñanza, fábricas, etc., en donde pueda haber muchos portadores de gérmenes. Está demostrado que el hacinamiento es uno de los factores más importantes para producir la gripe y sus complicaciones pulmonares; y como demostración de esto no hay más que observar las epidemias que se presentan en los barcos de emigrantes, según sucedió en el Infanta Isabel y el Valbanera, donde la mortalidad y el número de los enfermos complicados de neumonía fueron superiores a las cifras que se han dado en condiciones normales. Es una medida importantísima el que no duerman varias personas en una misma habitación sin que haya el suficiente espacio entre una cama y otra. El estrechar la mano de una persona contaminada o un pañuelo manchado con secreciones de la nariz, garganta, etc., de un enfermo, pueden ser causas de contagio.

Medidas de profilaxis individual.

El peligro de la gripe está principalmente en las complicaciones; de aquí la necesidad de tomar medidas para evitarle, siendo de suma importancia que el público conozca estas medidas de protección personal, con objeto de que las cumpla, por bien del individuo y de la colectividad.

Ventilación. La buena ventilación es uno de los factores más importantes para la conservación de la salud, puesto que el aire arrastra y diluye los gérmenes infecciosos que pueda haber en una habitación. Ahora bien; debe hacerse en forma que no produzca corrientes de aire, para que no cause enfriamientos bruscos de la superficie del cuerpo.

Alimentación. La alimentación sana y nutritiva es de suma importancia, y los excesos alcohólicos deben evitarse, por ser una de las causas que más predisponen a todas las enfermedades infecciosas.

Gargarismos preventivos. La limpieza de la boca, nariz y garganta debe hacerse varias veces al día; la boca se debe lavar con cepillo y cualquier pasta o polvos antisépticos, inmediatamente después de cada comida y antes de acostarse.

También se deben hacer gargarismos y la limpieza de la nariz, sobre todo inmediatamente después de haber visitado algún enfermo. Los gargarismos se pueden hacer con una solución de clorato potásico o sódico, y la desinfección de la nariz con pulverizaciones, lavados o instilaciones, empleando una solución antiséptica, o con aceite mentolado.

Caretas protectoras. Hasta ahora no se ha recomendado bastante al público el uso de caretas en tiempo de epidemia, pero serían útiles para las personas que tienen que asistir enfermos de gripe. Se pueden confeccionar con una gasa delgada, plegada tres o cuatro veces, de manera que proteja la nariz y boca; deben tener de 11 a 12 centímetros y provistas de cintas que permitan atarlas detrás de la cabeza. Estas caretas se deben cambiar con mucha frecuencia. Los ojos deben ser protegidos por medio de gafas.

Es de aconsejar, por consiguiente, que en presencia de una epidemia intensa de gripe, y sobre todo entre las personas que rodean los casos graves, se haga uso de la vacunación, y a este fin la Inspección general de Sanidad ha ordenado al Instituto Nacional de Higiene de Alfonso XIII aumente su producción de vacuna antigripal, con objeto de remitirla gratuitamente a los Inspectores provinciales de Sanidad, para que la apliquen siempre que sea conveniente; no debiendo considerarse insuperable el escaso tiempo de duración del período de inmunidad que confiere, porque también lo sobrepasan los brotes epidémicos de la gripe.

Por otra parte, la eficacia de estas mismas vacunas, como curativas de los casos gripales intensos y sin complicaciones, lo mismo que de los complicados con infecciones broncopulmonares, que es la más grave y frecuente complicación de la gripe, obligan a recomendar su empleo en estos casos, pues ya son innumerables las observaciones de éxitos brillantes, sin que hasta ahora se haya podido observar un solo caso de acción perjudicial.

Medicamentos. Hasta el presente no existe ningún medicamento eficaz como preventivo de la gripe.

Precauciones que deben tomar los individuos atacados.

Cuando aparecen los primeros síntomas, el individuo debe abandonar el trabajo, pues es pernicioso para él y un peligro de contagio para los que le rodean. En aquellos sitios donde se padezca la gripe, no se debe castigar al obrero que deje de acudir al trabajo por padecer un ataque gripal, por ligero que sea. Al contrario, debe exigirse que abandone el trabajo y se recluya en cama.

Al primer síntoma de enfermedad debe avisarse al médico, pues si éste es requerido al principio, sus consejos y tratamiento pueden evitar las complicaciones más peligrosas.

El peligro de contagio es mayor al principio de la enfermedad, y persiste durante toda ella y algunos días después de estar apirético, por lo que conviene que el enfermo esté aislado el mayor tiempo posible. Debe ocupar una habitación sola, y, de no poder ser, que estén las camas lo más separadas posible. Lo mejor es separarlas con un biombo intermedio.

El paciente no debe abandonar el lecho hasta que lleve tres o cuatro días sin fiebre, pues está expuesto a recaídas graves.

Y durante la convalecencia, evitará el cansancio y el enfriamiento, por la misma razón.

El agente causal de la gripe se destruye fácilmente fuera del organismo, sin necesidad de recurrir a grandes medidas de desinfección, por lo que solamente se guardarán las precauciones de recoger las expectoraciones en recipientes que contengan una solución antiséptica; los pañuelos y ropas contaminadas se sumergirán en la misma solución.

Las personas encargadas del cuidado de un enfermo evitarán la inhalación de su aliento y deberán volver la cabeza, o bien proveerse de una mascarilla, en la forma que anteriormente hemos indicado. Las manos deben ser lavadas inmediatamente que se le haya tocado o se hayan manchado de secreciones procedentes de él. Los enfermos no deben volver al trabajo hasta que no estén completamente restablecidos.

vacuna contra la gripe

Acción de las autoridades sanitarias para combatir la gripe.

Se ha renunciado al sistema de cuarentenas para evitar la importación de la gripe del extranjero, por ser ineficaz e impracticable. Así lo han reconocido en todos los pueblos, y no se toman ya medidas de este género en ninguna nación.

Educación. Las autoridades sanitarias, provinciales y municipales deben procurar instruir al pueblo por medio de prospectos, anuncios, artículos en la Prensa, lecturas en las escuelas, etc., sobre la naturaleza y gravedad de esta enfermedad, la manera de protegerse contra ella, y las precauciones que hay que tomar en caso de enfermar. Estas instrucciones deben comprender la alimentación y modo de vivir en general; peligros que se corren asistiendo a sitios donde hay grandes aglomeraciones de gente; importancia de la ventilación en los locales donde existen enfermos y beneficios del aislamiento; la limpieza de la boca, nariz y garganta, así como la desinfección de los productos de secreción, y cuantas precauciones se crean convenientes para conservar la salud y las resistencias orgánicas del individuo.

Declaración de los casos. La Instrucción general de Sanidad ordena la declaración de todos los casos de gripe, con objeto de que las autoridades sanitarias puedan tomar las medidas de aislamiento y desinfección.

Medidas para disminuir el contagio. Uno de los consejos que se han desatendido más por el público es el de la importancia del aislamiento de los enfermos y la protección de los que los cuidan. Y nada ha sido tan trágico en la última epidemia como los casos en que enfermaban gravemente todos los individuos de una casa, cuando hubiera sido posible que se preservaran muchos de ellos, si hubieran tomado precauciones en la asistencia de los primeros enfermos, usando caretas protectoras y las demás precauciones que ordinariamente se toman en otras infecciones.

Clausura de las escuelas. Esta precaución puede tomarse ventajosamente algunas veces, principalmente en los pueblos pequeños, donde los niños tienen pocas ocasiones de reunirse fuera de ellas.

Cinematógrafos, teatros, etc. Estos espectáculos pueden considerarse como grandes focos de contagio, y convendría disponer que durante la epidemia estuviese prohibido que entraran los niños, así como que entre una y otra representación haya un lapso de tiempo necesario para ventilar perfectamente el local, llegando hasta su prohibición temporal cuando la epidemia sea muy intensa.

Otros lugares de reunión. Lo deficiente de los medios de locomoción en tranvías, trenes, etc., hace que sea grande la aglomeración de gente, siendo ésta una de las causas de gran importancia para el desarrollo de las epidemias; por ello debe exigirse que se adopte una ventilación permanente en tranvías y trenes.

Desinfección. Debe hacerse en las habitaciones en que estén o hayan estado los enfermos y con los objetos empleados por ellos, lavando escrupulosamente la habitación y desinfectando su contenido, especialmente las ropas de cama y objetos de uso del enfermo.

La práctica de regar los lugares de reunión con un líquido desinfectante, es de una utilidad dudosa, y solamente sirve para dar una sensación falsa de seguridad; y la de regar las calles y otras prácticas semejantes, tocan por inútiles los límites de lo ridículo.

Asistencia a los enfermos. Este es uno de los problemas más difíciles de resolver, dado el número considerable de enfermos; pero para ello los Municipios debían organizar equipos de personas que posean algunos conocimientos médicos, y que, estando a la disposición de los facultativos, puedan acudir donde se requiera su ayuda. También se podrían organizar cocinas que suministren los alimentos necesarios a las familias enfermas, dándosela gratuitamente a los pobres. Otra de las cosas útiles de organizar son los asilos donde recoger a los niños cuyos padres sean atacados por la enfermedad.

Hospitales. Como en esta enfermedad el número de enfermos es a veces considerable, se podrán utilizar, además de los hospitales existentes, otros locales para aislamiento. Hay que advertir que los enfermos con complicaciones pulmonares soportan mal su transporte al hospital, y nunca debe hacerse, como no sea con la directa vigilancia del médico. Se puede reducir considerablemente el número de médicos, organizando pequeños hospitales en las escuelas y casas particulares deshabitadas, etc.

Medicamentos. No han dado resultado ninguno los medicamentos preconizados como preventivos, como, por ejemplo, la quinina, el yodo, etc.; y en realidad, han sido abandonados por ser más perjudiciales que útiles. El reposo, el calor y la buena ventilación son los factores más importantes en el tratamiento de la gripe.

Las autoridades locales, si trabajan con intensidad y energía, pueden hacer una labor útil, tomando medidas que reduzcan las ocasiones de contagio, ayudando a evitar la repetición de las ondas epidémicas, previniendo los graves trastornos que éstas producen en la vida ordinaria, y, sobre todo, facilitando, en los hospitales o en las casas particulares, la asistencia y aislamiento de los enfermos, que acaso, junto con el uso de las vacunas preventivas, constituye el medio más eficaz y positivo para prevenir los contagios y luchar con cierto éxito contra las epidemias de gripe.

Conclusión

La gripe sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más difíciles de controlar por la variabilidad que presentan los virus responsables debidos a su capacidad de cambiar y causa decenas de miles de víctimas mortales al año a pesar de la profilaxis y las mejoras evidentes en los tratamientos específicos (antivirales) y medidas terapéuticas generales. Por otro lado, esta enfermedad supone un coste económico anual muy importante para los sistemas sanitarios de los países, no solo por los presupuestos destinados a su prevención y tratamiento sino también por la gran cantidad de bajas laborales que causa año tras año.

Agradecimiento

En primer lugar quiero agradecer a la Historiadora Doña Luz Marina Delgado Hernández su colaboración.

También quiero agradecer al Archivo Histórico Provincial de Las Palmas por brindarme todos los recursos y herramientas que fueron necesarios para llevar a cabo el proceso de investigación. No hubiese podido arribar a estos resultados de no haber sido por su incondicional ayuda.

Actualizado el Lunes, 19 Octubre 2020 18:43 horas.

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