Cómo evitar la “mili” en la Arucas del siglo XIX y XX. La redención de la familia Marrero Domínguez

Cuartel de Santa María de Guía

Introducción

En el pasado, mandar a un hijo al servicio militar significaba que pudiera volver del mismo herido, lisiado o muerto, y ante esta perspectiva, las familias harían lo que fuera necesario para evitarlo, incluido pagar al ejército o a otra persona para ahorrarles este compromiso.

Para entender el porqué del desaliento de una familia para mandar a su hijo al servicio militar y la búsqueda de cualquier medio para evitarlo, baste el que nos detengamos en uno de los conflictos que tuvo España en el S. XIX: la guerra que enfrentó al Reino de España con el marroquí a mediados de este siglo. El ejército español estuvo formado por unos 45000 hombres, y durante los 7 meses que se mantuvo la contienda (octubre de 1859 a finales de mayo del año siguiente) falleció un 9% de la tropa (4000 hombres), y tuvo unos 5000 heridos. De esta cantidad, un alto número de fallecimientos lo fue por la enfermedad del cólera. Por lo que vemos, el servicio, y más el denominado de Ultramar, era una ruleta mortal, donde el enemigo no era una bala o una cuchillada, sino las condiciones en que se desarrollaba una milicia que llegaba a durar hasta 6 años en activo, según el momento.

Pago para la redención del servicio militarAntecedentes de la legislación sobre el servicio militar en España

Hasta el siglo XVIII el reclutamiento en nuestro País se realizaba a través de enganches pagados y levas de vagos, de mendigos y gente marginada, hasta que con la llegada de los Borbones (año 1.700) se copió el modelo francés que introdujo el reclutamiento de "quintas", llamado así porque se elegía a uno de cada cinco jóvenes en edad militar, mediante sorteo. Y como el Ejército era propiedad del Rey, a los quintos se les decía que iban a servir al Rey, denominación que perduró en España hasta la instauración de la República de 1.931.

Las Cortes de Cádiz de 1.812 instauraron la obligatoriedad del servicio militar de todos los varones, sin discriminaciones por primera vez, reiterándose en Leyes de 1.821, 1.837 y 1.856. En la de 1.837 se abolieron totalmente las exenciones de que habían gozado determinados sectores privilegiados, aunque era un mero barniz ya que esa parte de la ciudadanía podía redimirse mediante pagos en metálico al Estado o bien presentando un sustituto, lo que hizo exclamar a autores de aquel tiempo que el servicio militar solo lo hacían los pobres.

En Cataluña, Navarra y País Vasco no existió reclutamiento forzoso hasta que se promulgó la Constitución de 1.876 y el desarrollo específico por Ley de 1.878, que es cuando se generalizó para toda España el alistamiento obligado, aunque subsistieron los privilegios del pago de cuotas y la sustitución, a los que tan solo podían acogerse aquellos que poseían medios de fortuna e influencias caciquiles o políticas, situación que perduró hasta 1.912 en que los Liberales comandados por Sagasta consiguieron eliminar los "sustitutos", aunque no los "cuotas", por la presión de las clases dominantes, que fueron por fin expulsados en la Ley de 1.940.

Duración del Servicio Militar

La duración de la "mili" fue variando teniendo en cuenta (según los legisladores) el interés castrense de poder contar con soldados expertos y el interés público de no retener a los ciudadanos más tiempo del necesario para el bien de la sociedad civil. A pesar de ello el servicio militar fue siempre muy largo, oscilando entre dos y cuatro años el servicio activo, además del periodo de reserva. En general la evolución legal tiende a reducir el periodo de actividad e incrementar el de reserva. Así, entre 1.856 y 1.882 la duración del servicio militar fue de ocho años repartidos entre cuatro activos y cuatro de reserva (a excepción de 1.878 en que se redujo a seis años). Posteriormente, la duración total se incrementó a doce años, aunque se redujo a tres el servicio activo, lo cual se mantuvo en las leyes de 1.882, 1.885 y 1.896. De los doce años seis eran en servicio activo y otros seis en la reserva. Posteriormente (en 1.912) la duración de la "mili" pasó a ser de dieciocho años a partir de la entrada de los jóvenes en Caja, distribuyéndose en cinco periodos: 1) Reclutas en Caja (plazo variable); 2) Primera situación de servicio activo (tres años); 3) Segunda situación de servicio activo (cinco años); 4) Reserva (seis años) y 5) Reserva territorial (el resto del plazo hasta cubrir los dieciocho años). Las leyes sucesivas mantuvieron el servicio militar por el plazo de dieciocho años, aunque redujeron sensiblemente el tiempo de servicio activo: Dos años en 1.924 y un año en 1.930, cifra que mantuvo el gobierno de la República, a instancias del Ministro de la Guerra (Manuel Azaña), pese a que se barajó la posibilidad de fijarlo en solo seis meses.

Esta tendencia a la reducción de la actividad en filas fue muy variable durante el periodo franquista posterior a la guerra civil. La Ley de 1.940 aumentó la duración del servicio militar hasta un total de veinticuatro años desde que se entraba en Caja hasta la licencia absoluta. El periodo de actividad se fijaba en dos años, aunque podía reducirse a dieciocho meses, a criterio del Ministerio del Ejército, lo que causaba una gran inseguridad entre la tropa sobre la fecha en que se la licenciaba temporalmente. Licencia "indefinida" se la llamaba, tras la que año tras años se debía pasar revista ante las autoridades competentes (generalmente en los Cuarteles de la Guardia Civil) que en la cartilla militar del soldado estampaba la pertinente diligencia.

Negociado de Quintas

El proceso de reclutamiento, alistamiento y sorteo

El mecanismo de reclutamiento era complejo y se desarrollaba por diversos organismos. El Gobierno fijaba cada año el cupo global de reclutas que estimaba necesario y los seccionaba por provincias.

El proceso se iniciaba por los Ayuntamientos en los que existía el que se denominaba "Negociado de Quintas", donde a través del padrón municipal de habitantes, los Registros Civiles e incluso los parroquiales, se controlaba a los jóvenes que habían cumplido 20 años de edad durante el transcurso del año anterior (se hacía normalmente durante el mes de enero). Esos jóvenes eran citados a las dependencias municipales en donde se les filiaba, medía la estatura y su peso, y posteriormente se publicaban las listas con los nombres de los mozos considerados útiles, que podían ser impugnadas dentro de los plazos reglamentarios. En el mes de Febrero se daban a conocer las listas definitivas y ya solo cabía esperar al Sorteo.

El sorteo tenía lugar en los Ayuntamientos de todos los pueblos de España, hasta bien entrado el siglo XX (después se hacían en las Cajas de Reclutas diseminadas por todo el territorio y era público. Acudían los mozos, familiares y amigos, que aguardaban expectantes el resultado de esa "rifa" que iba a determinar su futuro inmediato.

Con la entrada en Caja, los mozos perdían su estatus civil y pasaban a la jurisdicción militar hasta el momento de la licencia absoluta.

Redención y Sustitución

Para evitar la prestación personal del servicio militar, se confirieron dos diferentes medios por las leyes: la redención a metálico y la sustitución de un joven por otro.

REDENCIÓN. La redención por una cantidad no estaba permitida, sino únicamente la sustitución, hasta que la ley de 1851 autorizó la redención a metálico mediante la cantidad de 6000 reales, cantidad que se mantuvo en la ley de 1856, y que se elevó hasta los 8000 reales con la Ley de 2 de noviembre de 1859, cantidad que volvió a reducirse a 6000 por el decreto de 20 de febrero de 1869, que se rebajó a 5000 para los mozos del llamamiento extraordinario de 1874 y se aumentó nuevamente hasta 8000 para los comprendidos en los de 1875. La ley de 10 de enero de 1877 y la de 28 de agosto de 1878 autorizaron la redención a metálico por 2000 pesetas, siempre que el joven acreditara que había terminado o ejercía una carrera, profesión u oficio; condición que casi todos cumplían. La ley de 8 de enero de 1882 la mantuvo, reduciéndolo a 6000 reales el precio de la redención y declaró que ésta sólo eximía del servicio activo en los cuerpos activos, pero que el redimido ingresaba en los batallones de depósito para acudir a las asambleas de instrucción y a las armas en caso de guerra.

Soldados en la Guerra de Cuba

SUSTITUCIÓN. La ley de 1856 la autorizó por el cambio de número entre los mozos sorteados y por medio de otro que desempeñara el servicio de quinto, y para el llamamiento extraordinario de 1874 se suprimió toda clase de sustitución. La ley de 10 de enero de 1877 autorizó el cambio de situación entre activo, licencia ilimitada o sustitución entre parientes dentro de 4º grado. El 8 de enero de 1882, se restringió considerablemente este medio de evitar el servicio, disponiendo que solo pudiera tener lugar entre hermanos, y cambio de situación en la Península, aunque respecto de los jóvenes destinados a Ultramar continuaron autorizándose ambas formas de subrogación de obligaciones militares.

Reglamento reclutasTodo esto era un auténtico mercado de “personas” donde, jóvenes de diversas localidades, se ofrecían para ir a jugarse la vida al servicio militar, a cambio de que el hijo de personas, generalmente adineradas, no cumpliese el servicio, poniendo su salud y vida en peligro. El gobierno intentó reglamentar este mercadeo, pero está claro que una situación tan injusta debía desaparecer, y se eliminó en la práctica la sustitución, que no la redención, que permitía el que diesen la “vida por la patria” toda clase de hijos del pueblo, y que llevasen a una situación de enfrentamiento, entre el mundo castrense y la sociedad más desfavorecida. Situación que puede que sea uno de los motivos que ayude a explicar los sucesos desastrosos que el Siglo XX deparó a nuestro país.

Durante la Guerra de Cuba, de 1895 a 1898, existen en España aproximadamente treinta sociedades de Redenciones, que mediante el Seguro Individual de Quintas, y dependiendo del precio pagado, consiguen, bien la redención total o bien el canje de destino de ultramar a la península. En las semanas que preceden a cada sorteo de quintas más de la mitad de los anuncios publicados por ciertos periódicos corresponden a estas compañías. Muchas familias se arruinaron por esta causa.

La última voluntad de la familia Marrero Domínguez de Arucas. Salvar a sus hijos varones del Servicio Militar

En la ciudad de Arucas el tres de enero de 1908 la familia formada por don Antonio Hermenegildo Marrero Ramos y doña María del Pino Domínguez García comparecen ante el Notario de Arucas José Jaímez Medina para declarar que de su matrimonio legítimo han tenido a Juan Manuel, Santiago, Antonio, María de la Concepción, José, Agustín, María del Carmen y Ramón Marrero Domínguez. Declarando dichos esposos que con dinero propio del matrimonio han sido redimidos del servicio de las armas sus hijos mayores Juan Manuel, Santiago y Antonio, y disponen que se haga lo mismo con los demás sus hijos varones, aunque ocurra el fallecimiento de los otorgantes antes de que hubiesen entrado en quintas, pues de conformidad entre ambos se establece que el dinero necesario para ello salga de por mitad de la herencia de ambos.

Declaran los testadores que se cumpla y ejecute en todas sus partes como su última y deliberada voluntad.

El fin del servicio militar

La administración del PP suspendió finalmente el servicio militar obligatorio y la Prestación Social Sustitutoria mediante dos Reales Decretos aprobados en el año 2001. A pesar de todo, la Constitución sigue hablando de servicio militar obligatorio. En el apartado 2 del artículo 30.la Carta Magna establece que: "La Ley fijará las obligaciones militares de los españoles y regulará, con las debidas garantías, la objeción de conciencia, así como las demás causas de exención del servicio militar obligatorio, pudiendo imponer, en su caso, una prestación social sustitutoria". Por lo que la suspensión de la 'mili' podría ser revocada legalmente por gobierno que lo considerase necesario anulando la vigente ley que regula la defensa nacional.


Notas:
1.- Archivo histórico Provincial de Las Palmas. Sección. Protocolos Notariales. Legajo: 3907.
2.- Real Decreto 247/2001, 9 de marzo, por el que se adelanta la suspensión de la prestación del servicio militar. BOE núm. 60, de 10 de marzo de 2001.
3.- Gaceta de Madrid nº 4421 de 22 de octubre de 1846.
4.- Carbonell Zaragoza María Dolores: “Hace apenas cien años”. MILITARÍA. Revista de Cultura Militar. 1999, número 13. 23-27.
5.- Rodríguez Delgado Esaú: “La Sustitución o Redención para el Servicio Militar a mediados del Siglo XIX”. IBERIAN. Revista Digital de Historia. Nº 4 mayo/ agosto 2012. Página 19-20.

 

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