Las malas mujeres: la Casa de Recogidas de Santa María Magdalena de Las Palmas 1786–1835

Hospital Provincial San Martín Las Palmas1.- Introducción

Hubo un tiempo no muy lejano en el que no ser esposa o madre era motivo de vergüenza, de aislamiento y de abandono. Aquellas que no ostentaban el estatus de buenas mujeres eran condenadas al ostracismo y a la repulsión por parte de una sociedad que las obligaba a presentar una serie de virtudes que su propio entorno social se encargaba de hacer imposible de alcanzar.

Las malas mujeres. Prostitutas, mendigas, vagabundas, ladronas, toda aquella que no ocupara su eterno lugar de sirvienta del hogar o de leal esposa era repudiada socialmente de tal forma que su existencia pasaba inadvertida para el resto del mundo. Pero era el caso de las mujeres encarceladas el que peor pronóstico de futuro presentaba. Viviendo en sitios insalubres, amontonadas y sin expectativa alguna cuando salieran de esos remansos olvidados. Pecadoras. Monstruos femeninos que habían sucumbido a las peores tentaciones. Malas mujeres alejadas del camino de la moral. Esta era la separación de roles de la mujer imperante en los siglos XVIII y XIX.

2.- Resumen de las instituciones penitenciarias para mujeres en España

Podemos identificar tres etapas de las instituciones penitenciaras femeninas:

A. Etapa religiosa (1608). Sor Magdalena
B. Etapa judicial (1796). Ordenanza de Luis Marcelino Pereyra.
C. Etapa penitenciaria (1847). Reglamento de casas de corrección.

Taller confeccion prisión mujeres

A. Etapa religiosa (1608). Sor Magdalena

a) Casas Galera

La etapa religiosa se inicia con las casas galera de sor Magdalena. Ésta era monja en Valladolid y su obra, publicada en 1608, recogerá la regulación de una institución de reclusión para mujeres que denominará “Casas Galera”, por la similitud que le Pretendía dar con la pena de galeras que cumplían los varones. Su obra fue apoyada y secundada por el rey Felipe II. Las ideas recogidas por Sor Magdalena resultaban innovadoras para la época y plantean un nuevo enfoque en el tratamiento de la delincuencia femenina aunque mantienen una visión tradicional de la mujer. El objetivo perseguido era el de “crear un régimen penitenciario que igualara la mujer al hombre en lo que respecta a la imposición del castigo y a la forma de cumplirlo”, caracterizándose por su dureza y aislamiento. La disciplina, y la vigilancia debían ser inflexibles, con el fin de velar por el cumplimiento del reglamento y para enmendar a las mujeres, bajo la amenaza del miedo y horror al castigo.

b) Casas de Misericordia

Las Casas de Misericordia constituyen instituciones creadas para alejar de las calles a mendigos, vagabundos, huérfanos, esto es, a las personas consideradas peligrosas o Improductivas para la época. Aunque no estaban orientados hacia las mujeres, ni se priorizaba la condición femenina en su reglamento, la realidad que nos ofrecen los estudios publicados nos muestra que la presencia de mujeres era mayoritaria. Esto se relaciona, entre otros, con dos factores fundamentales: en primer lugar, por la mayor precariedad de las mujeres y de su trabajo, que las podía hacer caer con más facilidad en situaciones de pobreza, y por la menor diversidad de castigos que se les podían infligir, a diferencia de la situación de los varones.

En las Casas de Misericordia, como ocurría con las Casas Galera, volvemos a encontrarnos ante uno de los antecedentes del camino correccionalista, que impregnará las corrientes penalistas posteriores. Así, el trabajo y la religiosidad estarán presentes en la práctica diaria y serán pilares básicos de funcionamiento de estas instituciones. No obstante, el régimen es menos severo, se dan más posibilidades de intercambios entre personas de diferentes sexos, hay mayor libertad de movimientos dentro de la institución y una mayor permeabilidad hacia el entorno, al menos hasta la reforma que sufrirá la política de la institución a finales del siglo XVIII.

En muchas ocasiones, las mujeres eran trasladadas de unas instituciones a otras destacando las siguientes:

Hospicios, orfanatos e inclusas: para huérfanos y todo tipo de desamparados.

Casas de Recogidas: creadas, como se ha mencionado, para atender fundamentalmente a mujeres que hubieran sido públicas pecadoras, pero también, más adelante, para acoger de caridad a las mujeres marginadas, enfermas y desvalidas.

Patio cárcel de mujeres

Reclusorios: para proteger a las jóvenes descarriadas que aún no hubieran sido maleadas en los vicios de las calles o condenadas por delitos de escasa entidad.

Casas de Arrepentidas: otro paso más, esta vez, para favorecer a las prostitutas una vez finalizada la pena impuesta.

Departamentos de Reservadas: con vistas a amparar, cuidar y mantener a las mujeres que habían quedado embarazadas, desde que este estado comienza a ser visible, a fin de evitar los abortos, la muerte de las criaturas y sobre todo la deshonra familiar.

B. Etapa judicial. (1796) Ordenanza de Luis Marcelino Pereyra.

Se encontraba influida por las ideas humanistas y reformadoras del XVIII, las galeras de mujeres iniciarán cambios en su organización y régimen de tal forma que se permitirá reducir la condena en función del trabajo realizado. Este reglamento marcará el inicio de la etapa denominada judicial, que se caracterizará, entre otros elementos, por la búsqueda de una efectiva separación de aquellas mujeres que realmente eran condenadas por la justicia de aquellas otras que lo habían sido por su estilo de vida no conforme con los cánones morales de la época, o aquellas especialmente vulnerables y susceptibles de descarriarse. 

C. Etapa penitenciaria (1847). Reglamento de casas de corrección.

A mediados del siglo XIX, se inicia la denominada etapa penitenciaria, tras la unificación administrativa de los centros de reclusión masculina y femenina que pasarán a depender en 1846 de la Dirección General de Prisiones. En el caso de las prisiones de mujeres, estos cambios supondrán que las casas de misericordia comienzan a denominarse con el nombre de casas de corrección. Éstas aparecen reguladas en el Código Penal de 1822 como el lugar de reclusión de mujeres y menores de edad y, en 1847, se aprobará el Reglamento para las casas de corrección del Reino. La condición de las casas de misericordia vuelve a situarlas a medio camino entre centros penitenciarios y asistenciales, aunque la finalidad de los tipos de institución con presencia mayoritaria de mujeres siempre era la de custodiar, apartar y separar de la sociedad a un grupo de mujeres consideradas desviadas y, por otro, corregirlas mediante la disciplina, la instrucción y las prácticas religiosas.

reclusas con sus hijos

3.- La Casa de Recogidas de Santa María Magdalena de Las Palmas 1786 – 1835

Este establecimiento fue único en la provincia. Hallándose comprendido en los ámbitos del Hospital de San Martín, ocupando un pequeño claustro que se encuentra a espaldas de su iglesia, teniendo entonces la entrada por el Hospicio. Fue fundado con sus propias limosnas por el obispo don Antonio Martínez de la Plaza en 1786, para reclusión y corrección de mujeres delincuentes, con la advocación de Santa María Magdalena y dándole constituciones. El 5 de octubre de 1790 ordena al Cabildo Catedralicio “no cesen los trabajos del Hospicio, la suficiente contribución y socorro al Hospital, a las mujeres reclusas, a la casa de Expósitos y a la Escuela, que todas son obras públicas y del bien común”. Cuando el ilustrísimo obispo Tavira erigió el Hospicio, queriendo darle más ensanche parece que se puso de acuerdo con la autoridad judicial, y dándose supuestamente por cumplidas las condenas de las reclusas, se unieron a las abandonadas, lo que se verificó con gran perjuicio de éstas: la buena disciplina del nuevo establecimiento se resintió profundamente de semejante medida, tanto más cuanto que los jueces y el tribunal de la Real Audiencia de Canarias a falta de la casa de recogidas continuaron consignando penadas al Hospicio, y la Junta de Caridad recibiéndolas por pura atención.

Estos notables inconvenientes ocasionaron al cabo de muchos años el restablecimiento de la casa de recogidas ejecutándose por disposición de la famosa Junta de 1808. La división del Obispado con la creación de la diócesis de San Cristóbal de La Laguna que sobrevino algunos años después, y por aquellos años la completa extinción de las rentas decimales, fueron gradualmente acortando hasta su total conclusión el procedente que el Hospicio percibía del fondo pío; y como la casa de recogidas no vivía sino a la sombra de este establecimiento tuvo que sucumbir a consecuencia de su falta de recursos y se mandó cerrar definitivamente en 1835.

cárcel mujeres solteras

4.- Solicitud de Sebastiana de los Dolores, vecina de Las Palmas sobre que se entregue a su cuñada Ana Polinario detenida en la casa de recogidas en 1790

Gran Canaria 11 de septiembre de 1790

Sebastiana de los Dolores vecina de esta ciudad ante vuestra excelencia con el mayor respeto Digo:

Que su Señoría el Licenciado Don Vicente Peñuelas que administraba la Real Justicia puso por providencia gubernativa, en la casa de recogidas, a Ana Polinario mi cuñada; en cuya reclusión ha permanecido dos años y tres meses; en esta atención y deseando yo tenerla en mi compañía, recurro a la piedad de su Vuestra Señoría a fin de que se digne mandar se me entregue a la referida mi cuñada que yo responderé por ella de cualquier consecuencia que pueda ocasionarse por tanto:

A Vuestra excelencia pido e imploro se sirva mandar se me entregue a la dicha Ana Polinario mi cuñada bajo la propuesta que llevo hecha mediante a tener de prisión dos años y tres meses de los cuatro a los que se le destinó, favor y medida que espera recibir de la grandeza de vuestra excelencia.

En Canarias a once de septiembre de 1790 yo el Escribano receptor pasé a la Casa de las Recogidas e hice saber a Isabel de Cubas Rectora el Decreto de la Real Audiencia que antecede y quedo enterada doy fe. Firma Alvarado, Escribano Real Audiencia.

Informe de la Rectora a la Real Audiencia.

María Isabel de Cubas y Betancourt Rectora de la Casa de Recogidas: ante Vuestra Excelencia con el debido respeto y veneración digo: que se me ha hecho saber de orden de la Sala que informe acerca de la conducta y modo de comportarse en esta referida casa Ana Polinario Hernández reclusa en ella y en su virtud debo hacer presente a la Superior sutileza de Vuestra Excelencia que la mencionada Ana Polinario en todo el tiempo que ha permanecido en este recogimiento ha cumplido exactamente con todo cuanto se le ha mandado sin contradicción alguna, frecuentando los santos Sacramentos cada ocho días, rezando con toda devoción las oraciones que son de costumbre y practicando los demás ejercicios con toda puntualidad, sin dar motivo alguno para ser reprendida en sus acciones. Que es cuanto tengo que exponer en el asunto, y en caso necesario lo Juro. Canaria 18 de septiembre de 1790. Firma. María Isabel Cubas Bethencourt.

Conclusión

En el Antiguo Régimen lo pecaminoso y lo delictivo se hallaban bastante próximos. De hecho la gravedad de los delitos derivaba de su dimensión en tanto que pecados. El trono y el altar perseguían objetivos idénticos: la defensa de una sociedad en la que la idea de lo bueno y de lo malo se ajustaran a los principios morales del catolicismo. En relación con la corrección de conductas desviadas hubo un tratamiento distinto y discriminatorio para hombres y mujeres. Los hombres eran responsables directos de sus actos y respondían por ellos ante la justicia, pero a las mujeres se les hacía responsables también de la influencia de sus comportamientos sobre la moral pública. La iglesia puso especial énfasis en la erradicación de lo que entonces se llamaban pecados públicos, que en general eran conductas que causaban escándalo social. Podían ser de muy diversa naturaleza y en principio podían ser protagonizadas por hombres y por mujeres. En esta tipificación entrarían delitos-pecados como la usura y la blasfemia, que en general tenían protagonistas masculinos, pero más frecuentemente la expresión aludía al desarrollo de usos amorosos fuera del matrimonio y en este caso la mujer tenía la obligación de no pecar ni servir de ocasión al pecado de los hombres. La historia de las Casas de Recogidas y de las Galeras de Mujeres es la historia de un sistema benéfico-asistencial y penal afanado en mantener el orden moral mediante una peculiar combinación de asistencia y castigo a mujeres marginadas que se desenvolvían entre la delincuencia y la prostitución.


NOTAS:
1.- AHPLP. Serie. Real Audiencia. Procesos, expediente: 2047. Año 1790.
2.- Santalla López, M. (1995).Concepción Arenal y el feminismo católico español. A Coruña: Ediciones do Castro Sada.
3.- Muriel, J. (1974). Los recogimientos de mujeres. Universidad Nacional Autónoma: Instituto de investigaciones históricas.
4.- Martínez Galindo, G (2002). Galerianas, corrigendas y presas. Nacimiento y consolidación de las cárceles de mujeres en España (1608-1913).Madrid: Edisofer.
5.- Déniz Grek, Domingo (1808-1877). Resumen histórico-descriptivo de las Islas Canarias. El Museo Canario.
6.- Cazorla León, Santiago. Sánchez Rodríguez, Julio. Obispos de Canarias y Rubicón. EYPASA. 1997.
Actualizado el Lunes, 30 Noviembre 2020 20:58 horas.

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