La Real Sociedad Económica de Amigos del País y la industria sombrerera en Arucas siglos XVIII-XIX

FIRMA DEL OBISPO JUAN BAUTISTA CERVERA

Fundación de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas

La fundación de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas habría que fecharla el 4 de febrero de 1776 cuando el obispo Cervera cita en su palacio a dieciocho de las principales personas de la ciudad a tal fin, haciéndoles ver la necesidad de promover la agricultura y la industria popular en las Islas. El obispo pone de relieve la ignorancia en conocimientos agrícolas que tienen los campesinos. Asimismo alaba las excelencias del clima y de los suelos, que sin ser cuidados producen seda, aceite, almendras, vinos, todo género de frutos y semillas, así como barrillas, salitres y otras riquezas que no se saben explotar por falta de conocimientos. En esta primera junta se estudia la inicial campaña a desarrollar: enseñar a labrar bien las tierras, a limpiar los sembrados, a recogerlos en su tiempo, a cultivar las viñas, incitar a multiplicar los morales para la producción de seda, el olivo (escaseaba mucho el aceite), el algodón, almendros, lino, cáñamo, etc. Se nombran delegados de la junta en todos los lugares de Gran Canaria. La Real Sociedad, creó también en 1871 una “Sociedad Benéfica de Señoras” con funciones similares a la de la “Junta de Damas” con la finalidad de que se ocuparan de auxiliar a las Hermanas de la Caridad en su labor de la Casa Cuna. Al año siguiente la Sociedad Benéfica contaba con 49 socias de número en la ciudad y 19 socias corresponsales en los pueblos del interior.

Sombreros de fieltro de lana para el uso del pueblo canario

Una de las manufacturas del país, en cuyo fomento y mejoras que ha señalado más constantemente el celo de la Sociedad Económica en el siglo XVIII, ha sido la de los sombreros ordinarios, género de tanto uso y consumo en toda la provincia. Para esto determinó en 27 de mayo de 1782, suministrar a los fabricantes, por mano del señor don José de Montesdeoca en el lugar de Santa María de Guía algunas cantidades de lana fina, traída de Fuerteventura, con pelo de camello y muchas pieles de conejo, a fin de que procurasen adelantar en el arte todo lo posible, obligándose la misma sociedad a tomar los sombreros por el coste que hubiesen tenido, y la mayor parte de sus socios, a usarlos con preferencia a los extranjeros para ejemplo de los demás.

Con mismas miras acordó el 14 de octubre de aquel año, se fijasen carteles en los pueblos de Guía, Arucas y Telde, ofreciendo la gratificación de un doblón a cada oficial que presentase a este Real Cuerpo un sombrero de razonable calidad, de buen negro y buena figura, señalando por plazo el día 11 de noviembre siguiente. En la junta del 18 del mismo mes se presentaron y examinaron varios sombreros de las fábricas de Guía y Arucas, todos numerados, y con los nombres de los oficiales sombrereros en lista secreta: y habiéndose conocido, que tenían muchas ventajas a cuantos se habían fabricado hasta entonces, se adjudicaron los ofrecidos premios, y los señores socios compraron algunos para su propio uso.

El fabricante de Guía José Batista presentó el 27 de enero de 1783 nueve sombreros de su fábrica, que fueron elogiados, y la sociedad le animó al proyecto que proponía, de convenir con un francés, residente en la isla de Tenerife, para que le enseñase el modo de engomar y planchar los sombreros, reflejando que aquel extranjero tomaba los de Santa María de Guía por dos, o tres de plata, sin teñir y luego los hermoseaba, y dejaba tan buenos que los volvía a vender a seis.

En 9 de septiembre del mismo año se recibieron cartas en la Real Sociedad de los celadores de Guía y Arucas exponiendo, que durante la última guerra con Inglaterra, habían tenido los sombreros de las fábricas de Gran Canaria un considerable consumo en la isla de Tenerife, a precios muy aventajados, pero que acordada la paz, había disminuido la venta por causa de los sombreros bastos que introducían los mercaderes cuando Gran Canaria podía surtir de ellos a todas las islas, pues solo de los obradores de Guía acababan de salir en aquellos días dos barcos para Santa Cruz; el uno con quinientos y el otro con doscientos sombreros, por lo cual nada podría aventurar el país si se prohibiese la entrada de sombreros bastos del extranjero. En Arucas había unos treinta oficiales de este género en los años pasados pero que por la circunstancia ya se contaban más de ochenta, no habiendo todavía más, porque estos se negaban a enseñar a otros, temiéndose que la multitud podría rebajar las ventajas presentes.

BERNARDO COLOGAN FALLONLo cierto es que en marzo de 1784 escribiría el señor don Bernardo Cólogan Fallon, que muy bien se echaba de ver el aumento de nuestras fábricas, pues habiendo recibido en julio del año anterior cien docenas de sombreros bastos de Inglaterra, no había podido darles salida, cuando en otro tiempo solía vender hasta trescientas docenas en menos meses.

La fabricación de sombreros bastos llegó hasta cierto punto de perfección en 1785. El señor don Pedro Russell participó a la Sociedad Económica el 14 de febrero, hallarse en Las Palmas un artífice francés en disposición de dar la correspondiente instrucción a los sombrereros de Guía, quienes con efecto, a instancias de este cuerpo patriótico tomaron algunas lecciones en la manera de engomarlos, plancharlos, sacarles el pelo, formarles bien la copa, hacer la tinta, etc., lo que se comprobaba con dos sombreros que se vieron y admiraron en junta de 28 del mismo mes. En la siguiente de 5 de marzo, se presentó José Batista, fabricante de Guía, otros tres sombreros que había hecho según las instrucciones del artista francés, y que parecieron superiores a los primeros: por lo cual se trató seriamente de que el dicho Bautista se estableciese en Las Palmas, donde la sociedad le ayudaría con lo que fuese necesario, invirtiendo en fomento de tan útil manufactura de los maravedís librados por el señor comisario general de cruzada a este Real Cuerpo. Al francés, por el descubrimiento del secreto y los utensilios, se habían dado doscientas pesetas, de las cuales puso gratuitamente ciento el señor don Pedro Russell, por un efecto de su celo patriótico.

En 27 de junio de 1785, se nombraron los señores don José de la Rocha, don Francisco de León, don Andrés Russell y don Esteban Icaza, por comisionados para la dirección de esta acreditada fábrica de sombreros en nuestra capital, y en la mejor forma posible por cuenta de la Real Sociedad haciendo antes el asiento correspondiente con el fabricante José Bautista y por descontado se pidieron desde luego treinta quintales de lana a Fuerteventura.

PEDRO ALCANTARA DÉNIZEl inicio de la industria sombrerera en Arucas

A finales del siglo XVIII se dio cuenta a la sociedad económica de que el sombrerero Bautista se retiraba al lugar de Guía, consumido de tisis, por lo que dieron providencias para recoger las obras, materiales y utensilios de fábrica. Esta interesante industria se concentró por fin en la villa de Arucas fabricando este adorno de abrigo y ornato con las lanas del país, prefiriendo las de Fuerteventura como las mejores, y añadiendo algún pelo de conejo para sacar los más finos.

Algunas personas de Arucas saldrían después por varios pueblos de las demás islas, a donde llevan sus sombreros simplemente forjados, para su más fácil y barata conducción, armarlos allí, y cuando confirman la venta, regresan a su pueblo con las ganancias de su útil maquinaria. Esta ambulante industria hizo que algunos de estos artesanos se hayan establecido con su oficio en varios puntos de la provincia, sin que por eso hayan arrebatado hasta ahora a la villa de Arucas la supremacía en este ramo fabril. Don Pedro Alcántara Déniz, un buen patricio celoso e infatigable, que miró siempre a este pueblo con afecto singular, meditando el modo de perfeccionar esta industria, se empeñó en que fijase la atención sobre ella una persona notable, que en 1823 pasó en aquel pueblo una deliciosa temporada, consiguiendo de este mismo la promesa de que si devuelto a Europa llegaba a establecerse en una población fabril, en donde hubiese buenas fábricas de sombreros le prestase su cooperación a fin de poder realizar su propósito de enviar a un lugar de esos un oficial de los más inteligentes y honrados, para que aprendiese mejor su oficio y lo perfeccionase en su país, designando desde luego como más aparente para ello al maestro don Manuel de la Torre. No trascurrieron muchos años sin que este caballero, que no tardó en regresar a Europa, fijase su residencia en Marsella escribiendo inmediatamente a Gran Canaria para que se le mandase al maestro Torre. Pedro Alcántara Déniz, que había tomado como el mayor empeño esta patriótica empresa, reunió algunos fondos, entre los cuales figura un pequeño donativo de la Real Sociedad Económica. Consiguió poder embarcar el maestro Torres en 1827, con las correspondientes cartas de recomendación para quien ahí le esperaba y que a su llegada logró colocar el interesado en una de las primeras fábricas de aquella famosa ciudad. A los diez meses regresó el maestro Torres a su pueblo. A poco empezó sus ensayos en la misma villa de Arucas. La persona protectora le hizo venir de Marsella útiles y materiales adelantando gratuitamente el dinero para ello. El maestro de la Torre enseñó a sus hijos, y su primogénito, sacando buena aptitud para ello, perfeccionó la fábrica en términos que ya por los años de 1837 había casi dado superar en dominio con la importación de sombreros del extranjero casi en toda la provincia. A principios del Siglo XIX la fábrica de Torres se hallaba establecida en Las Palmas con todo lucimiento y utilidad del país, gracias al generoso patriotismo de don Pedro Alcántara Déniz, Administrador del Mayorazgo de Arucas y de su amigo Manuel Marliani, Apoderado General del mismo Mayorazgo.


NOTAS:

1.- García del Rosario, Cristóbal. Historia de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas (1776-1900). Las Palmas de Gran Canaria: Mancomunidad de Cabildos, 1981.

2.- Calderón España, María Consolación. Presencia de la mujer en las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País (1775-1808). Foro de Educación, número 12, 2010. Universidad de Sevilla.

3.- Déniz Grek, Domingo. Resumen histórico descriptivo de las Islas Canarias. Pág.452.

4.- Viera y Clavijo, José de. Extracto de las actas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas (1777-1790). Pág. 103-105.


 

Actualizado el Martes, 15 Diciembre 2020 09:08 horas.

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