Jesús Quintana Miranda: el gran escritor olvidado

DON JESÚS QUINTANA MIRANDAEn 1906, año emblemático en que el Rey Alfonso XIII hizo viaje a Gran Canaria y estuvo en diferentes lugares de la isla, no pudiendo realizar la programada visita a la Ciudad de Arucas, con el consiguiente desengaño del vecindario, que había levantado arcos y engalanado calles, había nacido en Arucas nuestro protagonista de hoy don Jesús Quintana Miranda.

Fueron sus padres don Sebastián Quintana Domínguez y doña Remedios Miranda Arencibia, vecinos de la Villa de Teror.

Don Sebastián había venido con su esposa desde dicha villa para ocupar la plaza de sochantre y al mismo tiempo Sacristán Mayor en la Parroquia de San Juan Bautista de Arucas. Fijaron su residencia en la populosa calle conocida como “El Terrero” más tarde calle “Juan de Dios Martín”.

Dicho matrimonio procreó doce hijos. En 1890 don Sebastián y doña Remedios fijarían su domicilio en la vieja calle “San Juan”.

Su etapa estudiantil la vivió primeramente en el colegio La Salle, de su ciudad natal, inaugurado en 1908 y del que llegaría a ser director espiritual su hermano, el tan recordado erudito don Pedro Marcelino Quintana Miranda, primer Cronista Oficial de Arucas.

Al cumplir los 17 años ya sabía que su vocación era el magisterio cursando la carrera de Magisterio en la Escuela Normal de Las Palmas de Gran Canaria y una vez concluida, con excelentes notas y a los 24 años, comenzó su magisterio en el colegio de su infancia el Colegio de La Salle de su querida Arucas durante cinco años. Luego, en el pueblo aruquense de Bañaderos durante ocho años y ya hasta su jubilación, por motivos de salud, en el barrio de San Nicolás de Las Palmas de Gran Canaria durante nada menos que treinta y tres años. Casi cuatro generaciones de vecinos del Barrio de San Nicolás conocieron las enseñanzas de don Jesús Quintana.

Don Cleto Marcelino Miranda Suárez. Fondo. Ayuntamiento de TerorSu pensamiento sobre la enseñanza era que “la enseñanza es difícil, pero su dificultad se suaviza con la vocación”; “tenemos que enseñar, educar a los niños con mucho amor, paciencia y dedicación plena a la enseñanza”; “El niño inteligente nace, ahora bien, en aquellos que no lo son, la constancia produce efectos con frecuencia insospechados”.

Alumno suyo en Arucas fue don Juan Henríquez González el cual siempre reconoció que tuvo en don Jesús Quintana Miranda un gran pedagogo. Don Juan Henríquez González fue uno de los fundadores de la revista “Arucas”, junto a don José Almeida Falcón y don Juan Zamora Sánchez, llegando años más tarde a ostentar la Presidencia de la Federación de Centros Españoles en Venezuela y por esta razón los Reyes de España le confirió en 1978 la Encomienda de Isabel la Católica.

Nuestro don Jesús en 1962 sería nombrado vicepresidente de la Junta Provincial de la Mutualidad Nacional de Enseñanza Primaria y por el Ministerio de Educación, Maestro Distinguido.

Don Jesús jamás estuvo inactivo. La ociosidad no se hermanaba con su manera de ser, con su enorme inquietud intelectual. Las horas de descanso y los días de vacaciones lo dedicaba a la música (tocaba el violín), a las investigaciones históricas y a la pintura.

VIRGEN DEL PINOEstaba casado con doña Lucía Reyes González, también Maestra Nacional. Era hija de vecinos muy queridos en el barrio aruquense de Santidad don Manuel Reyes Calimano y doña Otilia González Vega.

Don Jesús Quintana y doña Lucía Reyes formaron una gran familia donde todas eran chicas: Remedios, María Rosa, Teresa y Lucía.

Uno de sus dibujos, relativo al hallazgo de la imagen de la virgen en el frondoso pino de Teror, ilustra la cubierta de un libro del abogado e historiador José Miguel Alzola sobre el tema y que reprodujo dicho autor como homenaje a su amigo don Jesús Quintana.

La labor realizada durante años por Quintana Miranda dentro del ámbito de la historia insular es extensa y altamente meritoria.

Veinte volúmenes manuscritos recogen el fruto de su callado quehacer, de su búsqueda constante en archivos y hemerotecas. Cualquier noticia que hallara y que hiciera referencia a alguna de las parcelas por las que sentía preferencia la incorporaba, con excelente caligrafía, a las páginas del volumen correspondiente. Así, a la “Pintura en Canarias” dedica dos tomos; a la “Escultura y arquitectura”, seis; uno al escultor Fernando Estévez; tres, a José Luján Pérez; a la recopilación de “efemérides canarias, siglos XIX y XX”, cinco volúmenes; a los extractos de “Actas capitulares” y “protocolos notariales”, sendos tomos; otro, a las “constituciones sinodales del obispado de canarias; etc.

Tema al que prestó especial atención y del que recopiló multitud de noticias es el de los orígenes y vicisitudes del culto a la Virgen del Pino. Diría en diversas ocasiones que sus predilecciones por la patrona de la diócesis habían arraigado en él como consecuencia de una tradición familiar. Dos parientes suyos por la rama materna, los Miranda: Don Cleto Marcelino Miranda Suárez, antiguo coadjutor de la parroquia de Teror, y don José Miranda Naranjo, Maestro Nacional, fueron diligentes investigadores de la advocación del Pino. El primero, trabajó en los legajos del archivo parroquial, y el segundo, Miranda Naranjo, apoyándose en la documentación hallada por el sacerdote don Cleto, publicó el primer libro consagrado al gran suceso de Teror, y cuyo título es: “Historia de la muy milagrosa y de antiguo venerada imagen de la Virgen del Pino, que existe en la Villa de Teror” (Canarias), impreso en Las Palmas en 1927.

También quiso don Jesús Quintana, como lo hicieran sus parientes, acrecentar el caudal bibliográfico sobre la Patrona con una aportación suya; pero deseaba que ésta no fuera de carácter erudito, sino el canto encendido de un juglar a la señora de la isla.

Don Jesús escribió mucho y publicó muy poco, sólo algún que otro artículo en la Prensa y que firmaba con sus iniciales J.F. de V.Q: la “J” de Jesús, “F” de “V”, iniciales de su segundo nombre, Félix de Valois, el santo francés, fundador de la orden de los Trinitarios; y la “Q” de Quintana.

El 14 de abril de 1983 fallecía el Maestro, el historiador, el escritor, el padre, el amigo siendo muy llorado por sus antiguos alumnos.

La mayor parte de su vida profesional, como ya hemos comentado, la desarrolló en el barrio capitalino de San Nicolás. En él volcó el caudal de su vocación. Son muchas las personas, hoy padres y abuelos que se enorgullecen de haber sido alumnos de don Jesús, de haber dejado a la puerta de su escuela el pesado fardo del analfabetismo, tan frecuente entonces entre obreros y artesanos. En el barrio fue don Jesús no solo maestro, sino también consejero y guía de varias promociones de escolares que le recuerdan con cariño y gratitud.

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