Historias de ladrones y bandoleros en la Arucas del Siglo XX


Hablar de bandolerismo evoca, en primer término, imágenes que lo asocian al robo en camino. No por casualidad, el término “bandolero” se empleaba y define como sinónimo de “salteador de caminos” ya en el propio Diccionario de autoridades. Esta vinculación histórica al camino se mantuvo en España durante el período que contemplamos. Las razones estaban claras. El incremento significativo de la riqueza y del flujo de dinero y mercancías se tradujo en el aumento de las oportunidades para los bandoleros. Los caminos les ofrecían posibilidades de botín a todas horas, especialmente los principales, donde el tráfico de personas y bienes era abundante y creciente.

Uno de esos “puntos negros” de nuestra geografía era el camino de Arucas a Montaña de Cardones por el barranco de los Guirres, y la de Arucas a Las Palmas de Gran Canaria a la altura del Castillo de Mata.


Francisco Cárdenes HerreraAsalto en la casa del cura de Arucas, Francisco Cárdenes

Don Francisco Cárdenes Herrera de setenta años, cura párroco de la Ciudad de Arucas y con domicilio en la calle de los Canónigos (después de la Guerra Civil C/. 18 de julio y hoy en día C/. Reloj) por aquel entonces solitaria y desprovista de viviendas cercanas, cosa que favorecía los asaltos, se encontraba en una habitación del piso bajo de dicha casa donde se venía reuniendo, desde hacía tiempo, una tertulia donde asistían conocidas personas de la ciudad además del señor coadjutor don Francisco Navarro.

Pues bien, casualmente a las nueve y media de la noche del 20 de mayo de 1935 sufría el sacerdote un asalto. Se encontraban en la casa sólo los dos sacerdotes cuando, de pronto, escucharon un fuerte ruido de cristales. Dos sujetos habían penetrado por la ventana. Éstos iban, según testimonios posteriores, con las caras pintadas con carbón.

Parece ser que uno se quedó en la puerta para impedir la salida a los sacerdotes y el otro se dirigió hacia los dos curas, apuntándoles con una pistola y exigiéndoles, bajo amenaza de matarlos, la entrega de quinientas pesetas.

El cura párroco intentó disuadir a los atracadores con caritativas palabras, interviniendo en ese preciso momento el señor Navarro, que les dijo con voz potente: “Parece mentira que vengan a exigirnos dinero a nosotros, que no tenemos ni un duro”.

Al ver el descaro del coadjutor, uno de los pistoleros le expresó que se callara o le pegaba un tiro, e insistía en su petición de que se le entregara el dinero.

Ante la enérgica resistencia de los sacerdotes a entregar nada de lo exigido hizo que unos de los asaltantes, colérico, pegara un tiro al aire.

La detonación fue oída por las hermanas del señor Cárdenes Herrera, que comenzaron a gritar, alarmando a los vecinos que acudieron en el acto para saber que ocurría.

Los salteadores, al verse perdidos, emprendieron la huída sin que los vecinos pudieran seguirles ya que éstos corrían como galgos.

El coadjutor, lleno de hombría, salió en persecución de los que huían.

Los malogrados asaltantes, al notar que eran perseguidos, se volvieron e hicieron un nuevo disparo, que tampoco hizo blanco en la persona del señor Navarro.

Los pistoleros seguían corriendo calle abajo siguiendo la dirección de la carretera que une Arucas con la Villa de Teror, desapareciendo en la oscuridad de la noche.

La noticia se corrió como la pólvora en la Ciudad de Arucas congregándose gran cantidad de público en los alrededores del lugar del hecho muy indignados.

Terminando así una anécdota más en la vida de unos de los sacerdotes más carismáticos que han vivido en Arucas.

Barranco de los Guirres

Bandoleros en el Barranco de los Guirres

Antiguo baluarte de Guirres que anidaban en sus paredes, conserva oquedades, grutas interesantes, un precioso palmeral y colonia de gramíneas. La vista que se divisa desde lo alto de la carretera del Lomo de Arucas es espectacular y justo en su fondo, donde existen unos murallones rocosos como si fueran paredes de un castillo, ocurrió el hecho que a continuación relataré y que, para mí, muestra ese rasgo especial de nuestros antepasados.

Don Andrés Marrero y Ponce era un labrador acomodado del Montaña Cardones de 1911.

A eso de las 12 de la noche iba don Andrés montado en su caballo de Arucas a Cardones. Al bajar el barranco de los “Guirres” hay un mal camino de piedras. Marrero creyó prudente apearse y seguir a pie hasta los estanques de la “Hoya de Aríñez”.

Cuando llegó a este sitio, antes de montarse de nuevo, encendió un cigarro.

Antes de hacer esta operación, receloso de una sombra que vio moverse junto al estanque, y por lo que pudiera suceder, desenvainó y preparó su cuchillo.

Al instante sintió unas manos que sujetaron vigorosamente las riendas que él llevaba. Marrero, inmediatamente puso su cuchillo al pecho del atracador. Éste le pidió cinco pesetas, Andrés se las negó. Al tiempo que esto sucedía sintió una pedrada tirada de un alto cercano. Comprendió Marrero que se las había con más de uno y de un impulso, logró tomar los estribos, montar, picar espuelas y correr.

Cuesta arriba fue bajo una lluvia de piedras, que, por fortuna, no le hicieron el menor daño. Los bandoleros iban tapados en unas bufandas, no pudiendo reconocerlos.

Después del susto el cardonense Andrés Marrero y Ponce dio parte a la Guardia Civil.

Este relato es un eco del pasado en un intento de recuperar la historia de un siglo olvidado y que forma parte de las memorias de Arucas.

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