Apuntes históricos del convento de los agustinos de Las Palmas de Gran Canaria


En Vegueta, subiendo por la calle de los Balcones, y torciendo por la de San Agustín, al fondo de esta misma, se hallaban, en pleno siglo XVIII, las ruinas de una vieja ermita llamada “de la Vera Cruz”, y que los empobrecidos monjes del Convento que pertenecía, intentaban reconstruir.


Parroquia de San AgustínEsta primitiva ermita, erigida por el Cabildo de Gran Canaria el año 1524, es decir, 41 años después de conquistada la isla, se edificó gracias al cumplimiento de una promesa realizada a fin de aplacar las terribles epidemias de peste que asolaron la ciudad de las Palmas en el primer tercio del siglo XVI.

El nombre de esta primera construcción se debía a que su interior cobijaba una imagen llamada “Cristo de la Vera Cruz”, el cual era motivo de gran devoción. Hoy destruida, y de autor desconocido, se sabe que “era de cartón, bien modelada y con la cabeza cubierta con cabello natural, cuyos bucles, cayendo sobre el cuello, al moverlos el aire producían respetuoso temor”. Así nos lo relata un cronista de finales del siglo XIX, principios del XX, Hernández Millares, en su “iglesia y Convento de San Agustín de Las Palmas publicada por el Museo Canario en el año 1935 (nº5).

Por desgracia, el tiempo y los insectos la deterioraron de tal modo que, en sus últimos años, se le daba culto cubierta con un velo. Los frailes determinaron por fin sustituirla por el Crucifijo que hoy se venera en una pequeña capilla de la nave central. Nota curiosa a destacar es que, desde el momento de la sustitución, cesaron totalmente las promesas y limosnas.

La Orden de los Ermitaños de San Agustín adquirió en poco tiempo un gran florecimiento hasta el punto de formar en Canarias una nueva provincia religiosa con el título de Santa Clara de Montefalco, contando ya en la isla de Tenerife con un convento, y producto de lo cual fue el de los Agustinos de Las Palmas.

El Cabildo acordó que la fundación de tal convento se llevara a cabo en el lugar donde estaba situada la ermita antes mencionada. Para ello se destruyó esta antigua edificación el 31 de julio de 1785, levantándose en su lugar una pequeña iglesia de tres naves. Mientras tanto, la imagen del Cristo de la Vera Cruz fue trasladada a una de las dos salas con que contaba la portería del convento, a la espera de ser devuelta a su lugar. Es tradición que en aquellas salas existió una mancebía pública y que, en desagravio, los frailes, de acuerdo con el Cabildo, las habían dedicado al culto y consagrado al señor de la Vera Cruz.

Cristo de la Vera Cruz. Luján PérezLa fundación de la nueva iglesia se llevó a cabo, según viera y Clavijo, el 27 de mayo de 1664, con licencia del Obispo Fray Juan de Toledo. Aun así, en el Archivo Histórico Nacional hay un relato anónimo acerca de la fundación de este convento, escrito por uno de los propios frailes donde rectifica la fecha de fundación de Viera y Clavijo y del Padre Sosa, adelantándose dos días, es decir, al 25 de mayo.

La colocación de la primera piedra fue el 6 de junio de 1786, poniéndosele en su interior algunas monedas y un papel de su descripción, estando tal honor en manos de dos maestros de “pedrero” (cantero), con la asistencia del señor “racionero” (arquitecto), Don Diego Nicolás Eduardo, director de la obra de la catedral y de este convento.

Contenía un bello claustro, cuadrado, de columnas lisas y bello, pero pequeño capitel compuesto. Una galería superior a la que se ascendía por una hermosa escalera de peldaños de cantería y pasamanos de caoba. Dicha galería, al convertirse el centro en Colegio de Abogados, fue cerrada con paneles. Incluía a una comunidad de cuarenta frailes con cátedras de filosofía y teología, y al citado crucifijo, al cual se encomendaban los navegantes por estar el convento a la orilla del mar. Hoy en día se aprecia aún la bella torre de sillería, levantada al mismo tiempo que el convento, de planta cuadrada y con cinco cuerpos superpuestos, estando el penúltimo abierto con una balconada que guarda el campanario. El cuerpo último que la corona está constituido por una pirámide, también de sillería, en cuya punta se esculpió curiosamente un nido.

Presenta también la torre, en su cuerpo medio, un escudo de la casa señorial que contribuyó a su alzado. Debido a la anterior cercanía del mar el escudo se ha visto seriamente dañado por la humedad. Por suerte, una iniciativa del siglo pasado lo reconstruyó en el lado contiguo del cuadrado.

Años más tarde, y al ser dejado el convento por los frailes, se instaló en su iglesia la Parroquia Matriz de Las Palmas, estableciéndose en el convento propiamente dicho el Colegio de San Agustín, a cuyo primer rector, don Antonio López Botas, sucedió don Diego Mesa de León. Entre sus muros ocurrieron sucesos de carácter histórico, y lo que es más importante, en este colegio se iniciaron en el campo de la cultura muchos de los que fueron admirados en su época por ser glorias legítimas de Gran Canaria.

Virgen del Carmen. Luján PérezPosteriormente se estableció allí el Colegio de Abogados, y en 1959 fue destruido para edificar la Audiencia de Canarias.

Lo que si siguió en pie fue la iglesia. En nuestros días presenta, al exterior, una puerta adintelada, enmarcada en dos pilastras retranqueadas y adornadas con estrías, al mismo tiempo que rematan en sendos pináculos, siempre en sillería tallada. La fachada se exterioriza en una estructura de tres naves; la central más alta que las laterales, mientras que hacia el interior, a la misma vez que las tres naves se convierten en una sola a igual altura, se estructuran en planta de cruz latina con cubierta también adintelada, pero de baquetones.

Su único interés actual radica en las diversas obras escultóricas, de diferentes siglos que guarda, en su mayoría, en el brazo derecho de la cruz latina, y que es hoy una capilla. En gran parte son del escultor canario Luján Pérez, del cual citamos:

1º.- Virgen del Carmen, bonita talla encargada a su autor por el presbítero don Mariano Rodríguez, Padre Rector del convento agustino. Según Santiago Tejera, autor de su biografía, es sencilla y elegante, destacando el arreglo de sus vestidos. El niño Jesús, hoy cambiado, y también de Luján, era tan bello como el rostro de la madre, que hoy se ha visto afeado por posteriores retoques y pintadas. Los detalles últimos de esta virgen, puesto que fue hecha en los últimos años de su vida, los acabó un tal Morenito, realizando sobre todo, la nube sobre la que va la imagen y la parte de atrás del manto.

2º.- Santa Mónica, hecha en 1802 y que recuerda a la virgen de los dolores que se conserva en la Catedral de las Palmas y que es obra del mismo autor.

3º.- San José.

4º.- San Agustín, encargada por la hermandad de su orden bajo la presidencia del padre rector fray Antonio de los reyes. Representa a un santo obispo con las facciones marcadas de rostro africano.

5º.- Cristo crucificado. Fue esta imagen la que sustituyó al Cristo de la Vera Cruz, y en el que Luján casi consigue la depuración de líneas del rostro, manos y pies, perfección en formas y proporciones del desnudo. Poseía una superior práctica para desbastar los grandes bloques, siendo sus terminados perfectos, muy de notar en las extremidades de sus estatuas, en tal manera acabadas, que nunca usó empastes ni aditamentos para ello. Es un Cristo escuálido, sangrante y destrozado en las extremidades. Es una bella efigie, desde la inclinación de la cabeza hasta las bellas líneas del torso que caen sobre los pies clavados y cruzados. El respeto y la pureza de líneas, el realismo en la reproducción de la forma humana caracterizan sus obras.


Notas:
Alzola, José miguel. Historia del Colegio de Abogados.
Hernández Millares. Iglesia y convento de San Agustín de las Palmas.
Hernández Perera. Orfebrería Canaria. Tenerife.
Navarro, Domingo José. Recuerdos de un noventón.
Rumeu de armas. Piratería y ataques navales contra las islas.
Tejera, Santiago. Biografía de Luján Pérez.
Viera y Clavijo. Historia de Canarias. Goya. Edit. Tenerife.
Schlueter, Rosa. El Museo Canario.
Actualizado el Martes, 19 Enero 2021 09:37 horas.

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