Pequeña historia industrial del chocolate en Gran Canaria. La Isleña y Chocolates Tomás Gómez Bosch

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Introducción

El siglo XIX o siglo de la Revolución Industrial. Probablemente la época que marcó un antes y un después en la producción a gran escala. Fue el periodo más importante en la historia del chocolate en España. La máquina de vapor ayudó, y mucho, pero también otros grandes cambios laborales ayudaron a los trabajadores. El chocolate  dejó de ser un producto elitista solo al alcance de las clases más pudientes.

Con el Siglo XX comenzó el declive del chocolate en España debido, en parte al periodo oscuro que nuestra Historia tiene a causa de la Guerra Civil y sus años posteriores de dictadura, circunstancias que provocaron una bajada en la calidad del chocolate por la sustitución de la pasta de cacao por otros ingredientes como la harina de trigo o la aparición de sucedáneos como el chocolate de Algarroba.

En marzo de 1942 la Dirección General de Abastecimientos y Transportes endurecía las normas de elaboración del chocolate.

En una serie de artículos de obligado cumplimiento, el Gobierno marcaba las directrices a tener en cuenta.

Motor de la Fábrica de Tomás Gómez

Normativa:

En el primer artículo se decretaba la obligatoriedad de consignar las cantidades que cada fabricante disponía. Es decir, cacao, azúcar y harina en la fecha, tanto como de las materias primas que recibirían a partir de esa fecha.

La fórmula fija a seguir en la elaboración de chocolate tenía unas cifras asignadas. En primer lugar; 50% de azúcar, 36% de cacao tostado y limpio de cascarilla y en segundo lugar, un 14% de harina del tipo que fuese.

Además se prohibía la fabricación y distribución de cualquier chocolate elaborado bajo otra fórmula.

El tercer párrafo refería que la distribución del chocolate quedaba marcada por la Comisaría de Recursos de la zona donde estuviera ubicada la fábrica.

En el resto de artículos se indicaba el precio de venta del chocolate. Además la permisión del uso de los moldes que en el momento de la circular se poseyeran aunque respetando el precio fijado por kilo al igual las envolturas siempre que se adaptaran a las normas ya comentadas. Finalmente se fijaba la merma que podía sufrir el cacao crudo por tueste o manipulación hasta un 20%.

Era tal el control que ejercía la Comisaría de Recursos, que cada tres meses los fabricantes tenían que hacer una declaración jurada. En ella se declaraba la cantidad de materias primas que poseían y la cantidad de chocolate elaborado. No obstante en caso de error o falsedad eran castigados con la retirada de las materias primas.

El Comité Sindical era el órgano encargado de asignar tanto el cacao como el azúcar a cada fabricante, siempre según las órdenes dictadas por el Gobierno.

Además de ello, otros productos como el café y el té comenzaron a ganar adeptos debido, entre otros factores, a la aparición de las llamadas "cafeterías" dejando a las chocolaterías como lugar de encuentro de trasnochadores, madrugadores o disfrutones de una clásica merendola a la española.

Los primeros años del nuevo siglo trajeron novedades culinarias como las onzas de chocolate, los cigarrillos y monedas de chocolate, las mousses o el chocolate como ingrediente de tartas.

GABRIEL MEGÍAS SANTANA. FUNDADOR DE LA ISLEÑAFábrica de Chocolates “La Isleña” en Arucas

Comenzó en 1870 siendo un humilde molino para la molienda de granos de harina, gofio y cacao para la fabricación de chocolates con el nombre de “Chocolates Megías” no siendo hasta el año 1902 que el fundador don Gabriel Megías Santana (1847-1923) decide ponerle el nombre conocido hasta hoy en día como “La Isleña”. El molino era movido por “fuerza animal”. No fue hasta 1915 en que don Gabriel dota a la fábrica de un motor de gas de 24 caballos que a la vez suministraba a la fábrica de electricidad para todas sus instalaciones. El cuatro de diciembre de 1901 la Reina María Cristina le concedió a esta industria aruquense el Título de Proveedor de la Real Casa, y el uso del Escudo y de Armas Reales, en las facturas y etiquetas de la fábrica.

De 1920 a 1930 la fábrica, ahora de la mano de don Gabriel Megías Fernández, decidió producir no sólo chocolate sino también la elaboración de pastas modernizando toda la planta industrial con nueva maquinaria para suministrar la suficiente fuerza motriz al molino de cacao y a la de pastas.

El hijo de don Gabriel, don Andrés Megías Mendoza, adquiriría al fallecer su padre las partes correspondientes a sus hermanos y en 1971 convierte “La Isleña” en un consorcio familiar bajo el nombre de “Andrés Megías Mendoza Sociedad Anónima”. A la muerte de don Andrés le sucede su hijo Gabriel Megías Pombo que sigue incorporando nueva maquinaria para la elaboración de espaguetis sin tener que envidiar para nada a la pasta italiana. Uno de sus productos estrella y que llega hasta nuestros días fue el producto conocido por todos como “Islacao”.

Fallecería don Gabriel el mismo año que su padre en 1986 siendo su sucesor su hermano don Andrés Megías Pombo que pronto emprendería la modernización de la fábrica y productos “La Isleña” contando hasta el año 2000 con cuarenta y ocho tipos de formato derivados de la pasta y quince en la gama de chocolates.

TOMÁS GÓMEZ BOSCHChocolates Tomás Gómez Bosch

En 1906 y aconsejado por la familia Fabre, propietarios de Chocolates “El Escudo”, Castor Gómez Navarro, padre de Tomás Gómez Bosch, adquirió la fábrica que con el tiempo pasó a llamarse “Chocolates Gómez Bosch”. Encomendó a su hijo Tomás la responsabilidad de dirigirla y la vida de Tomás sufrió el primero de sus grandes cambios: pasó de ser artista a ser industrial.

En el año 1910, estableció el señor don Tomás Gómez Bosch en la Calle de “Canalejas” de Las Palmas de Gran Canaria, una instalación industrial destinada a la fabricación de chocolates. Para mover las diferentes máquinas que la industria requería, utilizaba motores eléctricos, que consumía fluido de la “Sociedad de Electricidad de Las Palmas, poniendo en movimiento las máquinas.

El desarrollo que la industria instalada por Gómez Bosch fue tomando en los años que transcurrió desde su fundación y la competencia grandísima iniciada entre un gran número de fábricas de productos semejantes, hicieron ver la necesidad de conseguir la fabricación de chocolate a un precio mínimo. En poblaciones de mayor importancia en las que el precio de la energía eléctrica, gracias a la existencia de varias fábricas productoras, era muy pequeña, sobre todo si la instalación tiene gran importancia que siendo grande la cantidad de fuerza necesaria, permita al proveedor hacer una rebaja proporcional al número de kilovatios, horas consumidas, no se hubiera pensado en aquel momento en conseguir una parte de la economía en la fabricación indicada por el empleo de otra fuerza motriz que no fuera la eléctrica.

Tomás Bosch decidió para su fábrica emplear un motor OTTO-DEUTZ Diésel, cuatro tiempos y un solo cilindro. Este motor era capaz de desarrollar trabajando con aceites pesados, con una potencia máxima de 14 caballos de fuerza, siendo su potencial normal constante de 12 caballos girando a 280 revoluciones por minuto.

Dicho motor procedía de la importante casa LANGEN Y COMPAÑÍA anteriormente denominada GASMOTOREN FABRIK DEUTZ, de Colonia (Alemania) dándole el industrial gran importancia por su procedencia y garantía de su perfecta construcción.

Chocolates Gómez Bosch participaron en la I Exposición de Industrias del País, celebrada en 1934 en el Círculo Mercantil de Las Palmas, claro indicativo de una preocupación práctica por el desarrollo y modernización de estas fábricas.

Conclusión

La industria del chocolate en Gran Canaria durante más de un siglo ha sido responsable del crecimiento y desarrollo de nuevas formas de industrialización que han marcado temporalmente el conjunto de la economía local. El número de centros de producción, la incorporación de nuevas tecnologías a partir de la adquisición de maquinaria, y su paulatina inserción en los circuitos comerciales nacionales, permiten por primera vez integrar la ciudad al proceso de desarrollo capitalista, que supone la superación de métodos productivos artesanales.

El cambio hacia nuevas formas de organización productiva y comercial, supuso la desaparición de numerosas unidades productivas, al mismo tiempo que intentando superar estas nuevas pautas de comportamiento mercantil, se impone la concentración productiva a partir de la creación de empresas familiares que introducen sistemas organizativos flexibles como es el caso de “La Isleña” que ha conseguido superar los 151 años endulzando la vida en Canarias.

Actualizado el Lunes, 01 Marzo 2021 18:55 horas.

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