La sucesión en el Mayorazgo de Arucas entre italianos y españoles

N193La propiedad y titularidad del Mayorazgo de Arucas durante la primera mitad de la Modernidad ya ha sido establecida en otros trabajos, así como los conflictos en la sucesión de tal destacado bien en la isla, aunque con relativo peso específico dentro de las rentas percibidas por los propietarios de fines del siglo XVIII y en la siguiente centuria. El Mayorazgo recayó en la segunda mitad del siglo XVIII en Gerolamo Giuseppe Talenti Fiorenza, sexto Marqués de Conturbia, tercer Marqués de la Fuente, señor de Olengo y grande de España, el cual falleció en 1778. Su hijo, Gerolamo Luigi Talenti di Fiorenza será su sucesor, pero éste muere en 1796 a la edad de 39 años y sin descendencia. Su hermana, María Lelia Carolina Talenti Fiorenza (1758-1813) será la nueva propietaria del Mayorazgo de Arucas.

Lelia casó con Francisco Castelli (1739-1777), Marqués de Parabiago, señor de Canegrate y di Vittadone, (1739-1777), ya viudo de la noble Claudia Visconti (1750-1770) y con una hija, María Luisa Castelli, nacida en julio de 1769 y fallecida el 30 de noviembre de 1840 en Milán. En 1784, con 15 años, María se casó con Giuseppe Visconti Pirovano, Marqués de Vimodrone, el cual falleció en 1802 a la edad de 33 años sin lograr descendencia. El fallecimiento de su esposo, el de su padre y su madrastra, llevó a María a convertirse entre 1813 y 1840 en la propietaria del Mayorazgo de Arucas. En su testamento legaba sus bienes al Conde Giacomo Benedetto Mellerio, Consejero del emperador de Austria, y un gran benefactor de los pobres milaneses. Éste era el pariente más cercano a la difunta, al estar casado con Elisabetta Castelbarco Visconti Simonetta, hija de Carlo Ercole Castelbarco Visconti Simonetta y María Litta Visconti Arese. Durante su usufructo, su administrador en Gran Canaria, Miguel Déniz, autorizado por don Tomás Giubbilei, administrador general en España, traspasó en nombre del Conde Giacomo Mellerio a favor del doctor Vicente Clavijo una vivienda de dos plantas en la calle de Santa Clara de la ciudad de Las Palmas, lindante por ambos lados con cercado del don José de Castillo Olivares, por valor de 9.206 pesos, 9 reales de vellón y 8 maravedís, siendo de esta cantidad 8.940 pesos, 9 reales de vellón y 8 maravedís entregada al vendedor por la Marquesa De la Fuente para pagar parte del crédito que tenía contra la testamentaria de Pedro de Alcántara Déniz.

BRUNO GONZÁLEZ CASTELLANOMellerio como heredero universal de la citada Marquesa, también Condesa de Benazuza, quedando en poder del comprador 4.548 pesos, 9 reales y 20 maravedís como principales de cinco censos impuestos sobre el bien. A la primera propiedad sumaba un cercado de tierra labradía con seis horas de agua para su riego del Heredamiento de Triana, con su casilla y muros. La segunda propiedad se situaba junto a la vivienda enajenada, además de tener a su poniente el paseo del risco de San Nicolás y al Norte la huerta del convento de San Francisco y por el sur el mencionado cercado de Olivares. El valor de esta segunda propiedad se situaba en los 1.807 pesos, 3 reales de vellón y 12 maravedís, aunque contaba con una carga de cuatro censos que dieron como resultado dejar líquido solo 343 pesos, 5 reales y 30 maravedís, es decir, sólo el 18,9% del valor total. Dos años después, Clavijo traspasaba a Miguel Déniz el cercado por la misma cantidad.

Además de los traspasos y arriendos, Miguel Déniz, como representante del Conde Mellerio, realizó otra serie de actividades en nombre del Mayorazgo. Una de ellas la hizo junto a don Miguel Massieu y Tello y don Manuel de Lugo, los dos últimos miembros de la Junta Municipal de Beneficencia de Las Palmas, cuando firmaban la cesión de 45.000 reales de vellón adeudados por don Juan Antonio Sall, ya fallecido en esos momentos, el cual por testamento de 13 de mayo de 1824 reconocía la deuda contraída con la Marquesa De La Fuente. Mellerio los cedía al hospital de san Martín de Las Palmas, manteniendo su generosidad altruista reconocida desde antaño entre los pobres y hospitalizados de la ciudad italiana de Milán y su circunscripción. La cantidad la había entregado el anterior administrador del mayorazgo Pedro Alcántara Déniz al citado Sall por orden expedida durante la guerra contra Napoleón para que los bienes de los españoles asentados en países bajo dominio francés, se reputasen como tocantes a la corona española. Posteriormente, cuando se dispuso se reintegraran a sus dueños no logró tomarse la expresada cantidad, además de Sall no haberla cargado en sus cuentas de la Real Hacienda. Mellerio entregaba a la junta ese derecho de tomar rentas o bienes del acreedor para que lo percibieran judicial o extrajudicialmente.

PALACIO DE RIANZUELA. JEREZ DE LOS CABALLEROSPese a dejar una hija, Giannina Mellerio, tras su muerte, acontecida en Milán el 16 de diciembre de 1847, el Mayorazgo se vio envuelto en una nueva polémica pues en su testamento dictado el 13 de octubre del citado año pedía se constituyera una masa con los bienes de la Península y Canarias con el fin de pasarlos al Abogado y Diputado doctor Pedro Carlos Villa, siendo éste el único legatario de los bienes recibidos de la Marquesa Castelli. Mellerio dejaba todos sus bienes en Italia a su sobrino-nieto Giacomo Cavazzi de Somaglia.

El Conde Mellerio dejaba en manos del citado Abogado todos los bienes españoles de la Marquesa Castelli, pues ésta pretendía se dieran legítimos sucesores tras la muerte de su heredero. Villa confirmó su recepción y manifestar encontrarse la propiedad como ya en tiempos de Castelli sometida a las leyes de desvinculación aprobadas el 27 de septiembre de 1820 por las Cortes, y ejecutada por Real Orden de 15 de mayo del siguiente año, siendo restablecida la Orden, tras la etapa absolutista, por Real Orden de 31 de agosto de 1831. Por lo tanto, era usufructuario de la mitad del Mayorazgo, como ya había reconocido previamente Mellerio, mientras la otra mitad de bienes reservables se vio involucrada en litigios entre don Antonio Requejo, como descendiente de doña Catalina Tavera, relacionada con los Cerón. A éste se opuso don Luis de Solís y Manso, Marqués de Rianzuela, vecino de Jerez de los Caballeros, quien alegaba tener vía directa por la preferencia del varón sobre la hembra. El Conde Mellerio reconoció el derecho del Marqués de Rianzuela, aunque el litigio continuó con Requejo, llegándose a una conciliación favorable a don Luis de Solís.

Tras la muerte de Mellerio, su sucesor, el Abogado Villa fue reconocido como propietario de la mitad de los bienes por la Audiencia de Sevilla el 10 de junio de 1850, mientras el Marqués de Rianzuela lo fue de la otra mitad el 29 de octubre de 1853 por sentencia de la citada institución sevillana. La liquidación del Mayorazgo se realizó el 14 de septiembre de 1858 entre Villa y Solís, quedando ratificada por sentencia judicial el 31 de marzo de 1859. En todo este proceso, hay una gran incertidumbre sobre el futuro de la administración del Mayorazgo, así como, las variadas decisiones a tomar según el candidato surgido del litigio entre los Solís y del Marqués con Requejo. Finalmente, Villa vendió a don Alfonso Gourié Álvarez su parte, mientras el Marqués de Rianzuela hizo lo mismo con don Bruno González Castellano, una de las fortunas emergentes en la Arucas de mediados del siglo XIX.

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