Oficios que fueron. Los Barberos Sangradores en las Canarias del siglo XVIII y XIX


El presente documento es un título legal de Barbero Sangrador que presenta en la Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria el vecino Antonio Jardín Quintero en 1799, después de haber superado las distintas pruebas que le facultaban para el ejercicio de su oficio en cualquier territorio de la Corona. El ejercicio de barberos y sangradores era controlado por el Protomedicato, institución que regulaba las funciones de médicos y cirujanos, pero cuyas competencias se extendían a otros oficios como curanderos, boticarios, especieros o herbolarios.


TITULO DE SANGRADOR

Se trataba de un oficio situado a medio camino entre los profesionales de la medicina titulados, los citados médicos y cirujanos, conocidos como latinos por su formación universitaria (había un tipo de cirujano denominado romancista que no pasaba por la universidad sino que obtenía su licencia acreditando cinco años de experiencia pero no podía recetar) y los curanderos, sanadores y ensalmadores (curadores de llagas), que normalmente causaban más mal que bien. Es decir, el de los barberos sangradores consistía en un colectivo integrado por personas con una preparación menor pero capaces de solventar problemas sanitarios no complejos.

Expediente de examen de sangrador a Antonio Jardín Quintero

Digo yo el abajo firmante Cirujano que soy aprobado por el Real Protomedicato, que Antonio Jardín Quintero habiendo sido nombrado de Sangrador por la Junta de este Hospital de San Martín, del cual soy también cirujano estuvo cumpliendo con su ministerio de Sangrador cerca de siete años, que se mantuvo en dicho Hospital con aceptación mía y de todos, asistiendo siempre a las operaciones, y curaciones de cirugía que se ofrecían para los enfermos de dicha casa con aplicación que lo que tuve la confianza de poner a su cuidado en varias ocasiones la asistencia de algunos enfermos, en mi ausencia tanto para la aplicación de medicamento como para su curación y demás que se ofrecía, lo que desempeñó siempre con el mejor acierto. En Gran Canaria a 15 de septiembre de 1799. Rubrica. Agustín Collado. Cirujano.

SANGRADORES JPGDeclaración: Antonio Jardín Quintero, vecino de esta ciudad; ante usted como más haya lugar digo: Que se me ha hecho saber un decreto de usted para que presente el Título de Sangrador, en los años que en este Tribunal se siguen entre el Sangrador Sebastián de Quintana con don Luis Vernetta sobre varios particulares; y debo hacer presente a usted que hace 27 años que estoy ejerciendo este oficio con notoria aceptación por ser hijo de Sangrador y en este intermedio tiempo fui nombrado por la Junta del Hospital de San Martín de Gran Canaria por Sangrador de los pobres enfermos en él; cuyo empleo he desempeñado el tiempo de cerca de siete años practicando en el mismo Hospital en todas las materias de Cirugía que allí se ofrecían y entre ellas la de aplicación de medicamento que es propia, y peculiar de la misma cirugía, sin conexión alguna con el oficio de Sangrador, según todo lo objeta el cirujano titular de esta Ciudad Don Agustín Collado, quien lo es también del mismo Hospital en la Certificación que se presentó con el juramento necesario. El mismo cirujano asegura, haberme confiado en sus ausencias, muchas curaciones que desempeñé a su satisfacción con efecto circunstancial, me hacen distinguir de los simples sangradores que no han practicado la cirugía en todos estos ramos que le son desconocidos, aunque en efecto se hayan examinado de sangradores y tengan sus títulos; bien que yo no me he examinado aún porque sobre ser inteligente por notoriedad a vista ciencia y consentimiento de todos los facultativos sin contradicción, esperaba proporcionarme para examinarme en la cirugía; pero sin embargo estoy pronto y llano a sufrir con desesperación ese examen de Sangrador del modo que usted lo ordenare: Por tanto.

Suplico a usted se sirva haciendo por presentada la certificación dar la providencia que sea de su Superior agrado a cuyo fin hago la representación más útil, juro en lo necesario ésta. Rubrica. Antonio Quintero y Jardín. Canaria, 23 de septiembre de 1799.

Juramento:

El Cirujano titular Don Agustín Collado precedido el juramento necesario examiné a esta parte en el Arte de Sangrador, y hecho lo declaré en debida forma ante el presente Escribano. Dijo el Señor Regente de la Real Audiencia de estas Islas Juez Subdelegado del Real Protomedicato que firmo y doy fe. Mier y Terán. Escribano. Juan Reyes de Cabrera.

En Gran Canaria a 28 de septiembre de 1799 yo, el firmante Escribano de Cámara, hice saber a Don Agustín Collado, Cirujano titular de esta Ciudad de Las Palmas, el Decreto que antecede quien en su virtud lo aceptó y juró por Dios y la Cruz que hizo en forma de practicar bien y fielmente el examen para que ha sido nombrado según su saber y entender sin fraude ni complicidad y lo firmo de que doy fe. Firma. Agustín Collado. Cirujano y Juan Reyes de Cabrera. Escribano de Cámara.

Día del examen:

En dicho día compareció ante el dicho Don Agustín Collado y de mí, el firmante Escribano de Cámara Comisionado Don Antonio Quintero y Jardín, vecino de esta Ciudad de Las Palmas alto de cuerpo, color blanco, pelo crespo, muy cicatrizado de viruelas, ojos pardos, boca funda y nariz algo tacha a quien a mi presencia el citado Don Agustín Collado le examinó en teórica para ejercer el arte de Sangrador, sacar muelas, echar ventosas y aplicar sanguijuelas y demás anexo al dicho arte a todo lo que respondió con acierto y prontitud en cuya virtud expresó hallarlo capaz hábil y suficiente para poder libremente ejercer dicho arte de la flebotomía, cuyo examen ha hecho bien y fielmente según su saber y entender y allí lo dijo, y firmo, doy fe. Firma. Agustín Collado, Cirujano; y Juan Reyes Cabrera, Escribano.

MÉDICOS

Auto de la Real Audiencia de Canarias:

En Canaria, a 30 de septiembre de 1799 por el Señor Don Manuel de Mier y Terán del Comisario de Su Majestad Regente de la Real Audiencia de estas islas y Subdelegado del Real Protomedicato en ellas: en virtud del examen que antecede, dijo que lo aprobaba y aprobó dicho examen y en su consecuencia concedía y concedió licencia a Antonio Quintero y Jardín para que libremente pueda usar y ejercer el oficio de Sangrador y demás funciones anexas a dicho arte, sin que por ello incurra en pena alguna, ni que se le pueda poner impedimento alguno que ninguna justa al libre uso de dicho arte, y se le dé el competente título: así lo mando y firmo, doy fe. Rubrica. Mier y Terán.

Para ser recibido a examen era preciso haber practicado el arte de Sangrador flebotomiano durante al menos cuatro años bajo la tutoría de un maestro examinado, circunstancia que había de acreditar la justicia local. El examen constaba de una parte teórica y una práctica. En la primera, el aspirante debía exponer sus conocimientos sobre la anatomía vascular y los procedimientos más rutinarios del arte: del conocimiento de las venas, cuáles y cuántas son y en qué lugares se reparten, y de los nombres de ellas y del modo de sangrar, sajar, echar ventosas, sanguijuelas, sacar dientes y muelas; mientras que en la segunda, realizada en un hospital, debía demostrar su habilidad práctica en las técnicas de las que había sido examinado.

Los derechos de examen se fijaban en “media annata”, que era el equivalente a la mitad del salario que podía producir el empleo en un año de ejercicio. Era un tributo real ordenado por el Rey Felipe IV a través de un decreto del año 1631. Consistía en el pago a la Hacienda Real de la mitad de los ingresos obtenidos en el primer año de todos los cargos y oficios, de ahí que fuera “media annata”, aunque pudo haber casos de “annata completa”. La recaudación dependía de la Superintendencia General de la Hacienda. Su responsable directo era el Subdelegado General de lanzas y medias annatas, que tenía su oficina, la Contaduría, en Madrid, lugar donde se expedían los principales títulos y nombramientos, dada su condición de Corte. También intervenía la Contaduría de Valores. En las provincias los Intendentes, Corregidores y Subdelegados se encargaban del cobro y administración del tributo de los cargos existentes en sus lugares de jurisdicción. En 1754 se aplicaron unas medias annatas especiales sobre los beneficios eclesiásticos iguales o superiores a los 300 ducados, así como a todas las pensiones de igual renta. Este tributo era administrado por el colector de Expolios y Vacantes.

Otra de sus obligaciones era la asistencia gratuita a los pobres de solemnidad que no podían pagar los honorarios de un Sangrador.

MATERIAL MÉDICO

La Sangría

La Sangría sirvió para librar al cuerpo de las impurezas y los malos espíritus o, como en tiempo de Hipócrates, simplemente para devolver el cuerpo a un estado equilibrado. En el siglo XIX los médicos sangraban a sus pacientes por cualquier cosa: Fiebre, neumonía, reumatismo, dolor de cabeza o depresión; por enfermedades del hígado o del bazo; por hipertensión, apoplejía, huesos rotos; para detener hemorragias de otras heridas. Las sangrías, se realizaban por medio de lancetas (cuchillos finos), escarificadores y sanguijuelas. Para practicar la sangría sumergían el brazo del paciente en agua caliente y le hacían un torniquete, entonces, buscaban entre las venas hinchadas la más propicia y extraían la sangre realizando una incisión en la misma. La cantidad de sangre extraída, era de cuatro tazas o un plato de sopa.

El símbolo del Barbero - Sangrador

Los Barberos Sangradores, establecieron en esa época su símbolo, que hoy persiste, en sus tiendas para sajar, que abrían quienes estaban autorizados, como ya hemos dicho, para sacar dientes y extraer muelas, practicar sangrías, poner ventosas incididas y aplicar las sanguijuelas.

Los Barberos Sangradores se anunciaban colocando junto a la puerta de sus locales para sajar, un cilindro con bandas blancas, azules y rojas intercaladas, colores que todavía se utilizan para identificar a una barbería y que fueron pensados originalmente para reflejar con el color rojo, la sangre extraída mediante la sangría de las venas del paciente; con el azul, la sangre arterial; y con el color blanco, representar las servilletas que utilizaban los barberos sangradores, para limpiar el derramamiento de la sangre sobre la piel del enfermo.

Conclusión

A lo largo del siglo XVIII y en los comienzos del XIX, la mayoría de la población española estaba atendida por barberos y sangradores, cuyo protagonismo en la medicina rural de los siglos anteriores fue muy destacado.

Hasta bien entrado el siglo XIX, Barberos, Sangradores y Cirujanos eran conscientes de que no podían luchar contra el dolor y las infecciones, lo que dificultaba enormemente su progreso. El medio más poderoso y eficaz para no producir dolor era tener una mano diestra y ligera, y unos instrumentos bien cortantes y acerados. La cirugía es en esta época la tragedia más grande que le puede ocurrir al ser humano.

Las cosas habrían de cambiar radicalmente con el descubrimiento de la narcosis por éter de Horace Wells y William Morton, en 1846. La extirpación quirúrgica sin dolor de un tumor en el cuello llevada a cabo en octubre de 1846 en el Hospital General de Massachusetts y los posteriores trabajos del cirujano británico de Joseph Lister sobre la desinfección necesaria en estas intervenciones, garantizarían la supervivencia de los enfermos y la aparición de una cirugía con rasgos de modernidad.

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento