La Real Cédula de 1783 y la dignificación del trabajo manual Zapateros y Plateros

REAL CEDULA DE SM 1783Era el siglo XVIII y en España existen trabajos que se llaman nobles y otros que se llaman viles. Muchos renunciaban a todo trabajo considerado deshonrosamente, aun disminuyendo abiertamente su nivel de vida; otros, consideran incompatible con su dignidad familiar o social el realizar ciertos trabajos que les permitirían elevar su nivel económico.

La idea del trabajo digno se fue ampliando históricamente hasta llegar en la actualidad a su plenitud. No será hasta finales del siglo XVIII cuando Carlos III decide poner una primera piedra al darse cuenta de que un porcentaje elevado de españoles son distinguidos y no producen lo suficiente. De hecho, su distinción no solamente es improductiva sino que lleva aneja la exención de tributos, con lo cual la desestimación social por lo económico se hace todavía más fuerte.

Sería el 18 de marzo de 1783 cuando el monarca realizó un serio esfuerzo por modificar esta concepción y dictó una cédula que declaraba los empleos manufactureros como los de zapatero, sastre o tejedor, junto con el resto de actividades, "honesto y honrado", añadiendo que la práctica del mismo "no envilece la familia ni la persona que los ejerce". Así lo declara textualmente el documento. Desde entonces, Carlos III permite el acceso de los nobles al mundo laboral con el fin de contribuir a la recuperación económica. Asimismo, los empleos concebidos como viles tenían vetada la posibilidad de acceso a la nobleza y privilegios nobiliarios, ni podían ejercer cargos públicos o empleos municipales.

EL ZAPATERO. PASCUALE CELOMMI. SIGLO XIXEn contra, la concepción social

El decreto del monarca supuso una auténtica revolución social al romper los moldes secularmente establecidos, pero no sería hasta cien años después cuando los conceptos de la Real Cédula de Carlos III deroga oficialmente la diferencia entre oficios viles y no viles y se declara todos los trabajos como nobles, honrados y dignos.

Cierto es, que esto sucedió desde el punto de vista de la legislación, pero no desde el punto de vista de la estimación social. Desde entonces hasta ahora hay un recorrido muy largo, en que el pueblo español ha ido sacudiéndose la idea del deshonor unido a los oficios serviles, pero no ha desaparecido totalmente y en algunos sectores del alma española late aún la misma idea.

El aprendizaje del oficio de zapatero

El aprendizaje solía durar unos 3 años y una vez transcurrido el período acordado y elaborada la pieza para el examen, el oficial iniciaba un peregrinaje de varios años para ahondar y ampliar sus conocimientos en otros talleres. Inicialmente esta especie de ‘posgrado’ duraba de seis a nueve años, en el siglo XVIII se reduce a año y medio. Al terminar la etapa de prácticas en otros talleres, el oficial confeccionaba su pieza de maestría, con la cual demostraba a los cuatro miembros más antiguos del gremio sus conocimientos y su habilidad. En un lapso de ocho días debía confeccionar cuatro pares de zapatos y de botas.

Zapatero trabajandoLos Veedores- Examinadores

La estructura gremial artesanal del Siglo XVIII estaba constituida por una estricta organización jerárquica a tres niveles fundamentales: los de aprendiz, oficial y maestro. Se accedía al aprendizaje del oficio mediante libre contratación con un maestro. Los oficiales trabajaban a las órdenes de un maestro examinado y no podían tener ni tienda ni aprendices. A maestro, grado superior de esta jerarquía, se llegaba pasando un riguroso examen.

Dentro de los distintos gremios se nombraban uno o dos veedores para cada año y después de ser nombrados debían ser confirmados en este cargo por el ayuntamiento- Cabildo de la isla; aunque a veces eran nombrados directamente por el ayuntamiento de entre los maestros de los oficios. Los veedores-examinadores realizaban funciones de inspección y examinaban a los aprendices.

Otra figura que aparece junto a los veedores-examinadores era la del acompañado, nombrado por el teniente de corregidor o el corregidor, cuando alguno de los examinadores faltaba a la realización del examen, estuviera enfermo o bien eran nombrados para ayudar en los exámenes a los examinadores.

Examen del Oficio de zapatero en Gran Canaria Siglo XVIII

En la Ciudad de Canaria a 24 de abril de 1778 ante mí el Escribano Público y testigos infrascritos parecieron presentes José Betancor, y Andrés de Medina Maestros Alcaldes Veedores y examinadores del Oficio de zapatería por nombramiento de los Señores Justicia y Regimiento de esta isla a los que doy fe y conozco, y dijeron que tales Alcaldes tienen visto, reconocido y examinado a Francisco Gomes Delgado Natural de la isla de Tenerife y residente en esta ciudad. Hombre de buena estatura, pelo castaño oscuro, boca larga, ojos pardos y color blanco. Su edad la de 22 años de los cuales han hecho todas las preguntas y respuestas necesarias a que respondió bien y adecuadamente. No estante, haberles visto obrar con mucha perfección y acierto para lo cual le hallan muy capaz, hábil y suficiente para usar y ejercer dicho oficio públicamente con oficiales y aprendices y Juraron a Dios y la Cruz que hicieron en forma de Derecho de haber hecho este examen bien y fielmente a su leal saber, y entender sin que les haya movido amor, premio ni pasión alguna más que solo el cumplimento de su obligación y piden y suplican al Señor Regidor y Capitán a Guerra de esta isla, y señores Diputados de este presente mes se sirvan aprobar dicho examen, y darle su carta para que pueda usar de dicho oficio públicamente con oficiales y aprendices así en Gran Canaria y en las demás islas como en todos los Reinos, Señoríos de Su Majestad (Dios le Guarde) y así lo dicen. Rubrica testigo. Andrés de Medina y Carlos Vázquez de Figueroa. Escribano.

trabajo de platería 2

Examen de Oficio de Platero en Gran Canaria

En el nombre de Dios todo Poderoso Amen: En la ciudad Real de Las Palmas Isla de Gran Canaria a 22 de febrero de 1776 años ante su merced el Señor Don Ignacio Joaquín de Montalvo Corregidor y Capitán a Guerra de esta Isla y de los señores Don Juan de la Barrera y, Don José Hipólito Verdugo Regidores Perpetuos, y Diputados de este presente mes, y por ante mi el Escribano Público y Mayor del Cabildo, y testigos infrascritos parecieron presentes Agustín Padilla y Antonio Padilla Alcaldes Veedores y examinadores del Oficio de Platero nombrados por los señores Justicia y de Regimiento a los cuales yo el Escribano doy fe conozco y dijeron que han examinado de dicho oficio a Carlos Romero natural y vecino de esta dicha ciudad hombre de mediana estatura, ojos y cejas negras, cerrado de barba, la boca grande y le han hecho muchas preguntas, y repreguntas en razón del expresado oficio a que respondió y satisfecho bien y adecuadamente a demás de lo que le han visto hacer obras de sus manos con martillo y lo ha hecho con mucha pericia y declararon por hábil y suficiente para usar y ejecutar el enunciado oficio de platero con todo lo a el anexo y perteneciente sin recesión de cosa alguna con tienda pública, obreros y aprendices; y piden suplican sus mercedes el señor Corregidor y Diputados se sirvan aprobar el examen, y Juraron a Dios y una Cruz en forma de Derecho de examen dijeron que lo aprobaban y aprobaron y le dieron licencia al susodicho para que use y ejerza dicho oficio de Platero, y todo lo a el anexo, y perteneciendo tener tienda pública con obrero y aprendices libremente así en esta isla como en las demás Villas y Lugares de estas islas y de todos los Reinos y Señoríos de Su Majestad.

trabajo de platería 3

El número de plateros disminuyó considerablemente durante el primer tercio del siglo XIX. El proceso de crisis se había iniciado ya en el siglo XVIII, pero el aumento de las actividades fabriles y la decadencia de los gremios influyeron en la progresiva mengua de este sector de la sociedad. Un punto de inflexión en la desaparición de los gremios fue el momento en que las Cortes Gaditanas decretaron, en 1814, la libertad de asociación de los trabajadores. En 1814 fueron restablecidos con ciertas limitaciones y durante el Trienio Liberal se les dio un duro golpe cuando se permitieron las iniciativas económicas sin respetar las normas gremiales. Aunque la abolición definitiva de los gremios no se produciría hasta 1834, estas corporaciones se habían ya ido extinguiendo, de hecho, a lo largo del reinado de Fernando VII. En el siglo XIX, aunque tímidamente, se advierte una industrialización del Gremio así como una comercialización del mismo, apareciendo las novedades de oficios, hasta entonces desconocidos, como son los de "Diamantistas" y "Relojeros”.

Para terminar, como curiosidad, les cuento que antiguamente, los talleres de los plateros solían estar al aire libre, por la necesidad de la luz natural que tenía el artesano para trabajar el detalle. Solían tener un mostrador en el que se trabajaba y se atendía a la clientela.

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