LA BRISA DE LA BAHÍA (65). El otro lado

65. El otro lado

Nunca imaginamos “el otro lado”.

Si no fuera porque un amigo se compró una casa cercana, esta foto nunca la habríamos tomado. Más que nada porque ni siquiera se nos habría ocurrido pensar tan lejos. Otro lado misterioso, implícito, escondido, como agazapado en el lugar; lugar que representa otros tantos sitios donde la existencia, siempre tan efímera, se va conformando con diferentes actitudes y visiones. Una cosa es lo que nosotros creemos y otra, muy distinta, la imagen que proyectamos en los demás, manifestada siempre de manera muy particular; incluso más objetiva que la que intentamos representar y difundir. Ya se sabe: el otro punto de vista que no llegamos a conocer del todo: la otra parte de la isla.

Y en esa mirada se nos ha ocurrido relacionar “el otro lado” con la lectura y los libros, siempre tan variados y tan únicos que capaces son no solo de cumplir su papel sino de soportar todas las visiones que, desde el lado del lector empedernido, se producen. Así que ya tenemos los dos extremos: el de quien escribe y el de quien lee: la propuesta del primero se agranda ante las distintas miradas. Si tenemos la suerte y oportunidad de pertenecer a un Club de Lectura, lo podremos verificar: la visión casi total enriquece el conjunto.

Así que “el otro lado” es más frecuente de lo que imaginábamos. Igual que aquellos que vuelan más que caminan y nos saludan casi corriendo, siempre con prisas innecesarias de jubilados permanentes, con el fin de evitar, acaso, el presente en el que se encuentran. Tal vez solo sea el deseo de estar solidariamente junto a los demás: los que trabajan y se mueven más por necesidad que por querencia. No sabemos si tanta prisa “voladora” arribará a buen puerto, donde la neblinosa luz de la tarde habla de aguas acogedoras. Y, ya puestos, miren y lean a Tomás Morales y a Domingo Rivero.

Bien es verdad que “el otro lado” que muestra la fotografía resulta más estropeado, más descuidado, que la cara que siempre se nos presenta. Es una cualidad que no solo pertenece al ser humano, sino que en las cosas y en las arquitecturas varias también se origina. Por eso nos ha cautivado tanto la foto que hoy les mostramos: el lado oculto muestra un moho pegajoso, casi inherente a la piedra, bidones viejos que no sabemos si aún cumplen su función, una colección de macetas viejas, vacías, pero alineadas en perfecto orden, y unos muros que piden ser encalados desde ya hace algunos años. Sin embargo, el conjunto no resulta ni repulsivo ni desagradable. Allí, “el otro lado” se enfrenta al edificio verde que indica no solo el paso del tiempo sino que, además, es casi su permanente contraste. 

Estimado lector, hay truco: la realidad no es tal como muestra la imagen: un edificio no está enfrentado directamente al otro. Sin embargo, la visión óptica de la fotografía habla de las tantas vanidades que en el ser humano tienen lugar: los dos lados de la existencia son indivisibles, como las orillas de los caminos, barrancos y ríos. Orillas que se enfrentan y se complementan. Bien es cierto que nunca llegan a encontrarse, pero se complementan en el acontecer diario.

Por eso “el otro lado” resulta tan relevante. Y mucho.

Juan FERRERA GIL


 

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