LA BRISA DE LA BAHÍA (68). El recorrido


Al salir de mi casa, en la calle Reloj hoy (antes, 18 de Julio), el recorrido juvenil de aquel tiempo cumplía un objetivo básico: llegar a la Plaza, donde los amigos y las charlas se sustanciaban con la armonía propia de la edad, dispuesta ésta a elaborar continuos planes en los que la sonrisa ocupaba un señalado lugar: la diversión, por encima de todo. Era la Plaza, entonces, un espacio más de la casa, un rincón entrañable en el que la familia pasaba a un segundo plano y donde las amistades representaban casi todo.


R1

Por entonces, mi calle (bueno, es un decir) resultaba alejada del centro y durante algún tiempo sufrió frecuentísimos robos en los coches alquilados de los turistas, que dejaban sus pertenencias a la vista de los cacos. Pero vayamos al grano: si prestan atención a la primera foto, la casa del fondo ya no existe: ahora forma parte de la denominada Plaza Sureda. Pues bien: allí recaló, durante algunos años, el artista José Luis Marrero con su taller de escultura. Aquel peculiar “Club de Encuentro” fue un auténtico centro de charlas y, todo hay que decirlo, de tenderetes varios (ensalada, jareas y salchichón de “Cá Sindito”) donde las partidas de parchís se convirtieron en antológicas e, incluso, algunas iniciativas culturales sirvieron para alumbrar a otros artistas que comenzaban a proyectar una mirada diferente. La continua y refrescante entrada y salida de jóvenes, y no tan jóvenes, siempre José Luis Marrero ha sido un aglutinador nato, daba al lugar un carácter especial según las horas del día: el ambiente y su atmósfera se adaptaban a cada nueva situación. Recuerdo que cuando el intento de Golpe de Estado de Tejero, aquel malencarado bigotudo, en el aciago febrero de 1982, salimos a la Plaza a ver qué se sabía de la intentona. En el entorno del Ayuntamiento recalamos pero no vimos mucho, la verdad. Bueno, sí, un señor de La Cerera que, periódico en mano, exclamaba a voz en grito:

--- ¡Chacho, mira en qué puesto va Las Palmas Atlético!

Y poco más. Luego volvimos al taller y seguimos escuchando la radio entre asombros y sobresaltos. Lo demás, ya se sabe (bueno, es un decir): la noche de los transistores.

R2

En las siguientes imágenes, la calle de León y Castillo, por aquellos años arteria principal de la ciudad, desbordaba una actividad casi frenética de coches, negocios y gente; aunque las fotos que acompañan este comentario den la sensación de soledad, la realidad siempre fue muy distinta. Era la calle amena y bulliciosa con sus diferentes actividades comerciales y con un tráfico constante, que atravesaba la ciudad entera dejando tras de sí un reguero de saludos diarios a los conocidos. No sé por qué pero, al ver las fotos, parece que todo antes se agrandaba. Al llegar a la Plaza, con la fuente que sustituyera al Parque de los Gansos, terrible pérdida, la vida se expandía: por un lado, el Mercado Municipal, con su acostumbrado y constante trajín que revitalizaba siempre la zona; por otro, la ciudad oficial con su Ayuntamiento, siempre blanco de las críticas; y, por último, los comercios, los bares de la Plaza y los taxistas: todo ello ofrecía una algarabía constante de gentes, miradas, charlas distendidas y encuentros ocasionales; además de numerosísimas anécdotas que cada uno guarda en su memoria al socaire de personajes únicos. Siempre he creído que los aruquenses de entonces se identificaban más que ahora con el centro de la ciudad, que exhibían con orgullo, aunque vivieran en barrios a los que las autoridades, por cierto, no prestaban la atención debida (mejor, ninguna). Quizás todo ello se deba a la significativa presencia de los tres grandes cines, al paseo de los domingos por la tarde o a las batallas de flores en las fiestas patronales; sin olvidar las procesiones, que convertían también el mismo espacio en un terreno religioso acotado. El centro no solo se consideraba un punto recurrente de encuentro sino el lugar preciso en el que la vida tenía lugar a poco que uno se alongara. Bien es verdad que todo antes resultaba más pequeño y las costumbres eran las que eran. Por eso, estas imágenes que nos acompañan resultan tan entrañables: fueron las calles de nuestra adolescencia y primera juventud.

R3

La calle principal se abría a distintos negocios. Uno de ellos, la Librería DORAMAS, que celebra ahora su cuarenta aniversario, comenzaba entonces a caminar; y el hecho de que haya llegado hasta nuestros días constituye toda una hazaña en estos tiempos tan de redes sociales y realidades virtuales. En aquellos años setenta del siglo pasado sobresalían distintos comercios: la tienda de zapatos con su escaparate en el Parque Chino, el comercio renovado de Sindito (Autoservicio San Juan), donde un eficiente Cayetano ofrecía lo mejor de su sonrisa, la Dulcería Ferrera, frente al Cine Díaz, y la Farmacia de Codorniú, que ha ido cambiando de nombre pero siempre será Codorniú. Y perdonen que deje otros negocios sin nombrar, pero no es el momento de elaborar un inventario ahora (lo dejamos para el nuevo Cronista de la ciudad, que sabrá hacerlo mucho mejor).

R4

La última foto, la de la Plaza: auténtico cordón umbilical de encuentros y desencuentros. Allí, donde la Parada de Taxis, en el mismo lado del Parque Municipal, ofrecía no solo un excelente servicio sino que contribuía diariamente a la anécdota más alegre y al comentario más jocoso, cuando no al chascarrillo más original: una fuente inagotable de caracteres, creencias, pareceres y maneras de ver y sentir la vida. Estar en la Plaza, y mirar detenidamente a cualquier parte, servía para descubrir, acaso, una larga y entretenida serie de historias repletas de personajes variopintos y únicos en su diferencia.

Hoy todo queda diluido en la imagen borrosa del recuerdo.

Así que aquel recorrido diario, al que no prestábamos ninguna atención, ni llegábamos a valorar como lo hacemos ahora, contribuyó no solo a avivar las miradas furtivas de las personas mayores de entonces, a través de las distintas ventanas de sus casas en las que sentían pasar la vida, sino que, además, hoy, nos sirve de camino único e imborrable del recuerdo.

R5

Claro que Eliú Pérez, con sus valiosísimas imágenes, contribuye a asentar esta reflexión: todo un detalle.

(Nota muy importante: tenemos que dejar constancia clara: tres de las fotografías pertenecen a Eliú Pérez que, desde muy joven, dio sobradas muestras de su buen hacer con la cámara. No recuerdo cuándo las copié de internet. Y, ahora, me alegro de haberlo hecho porque así este artículo cuenta con su trabajo y aportación excepcionales. Las imágenes que firmó se han convertido en históricas. Por eso hemos recurrido a ellas con humildad y respeto. Una vez dejadas las cosas en su sitio, las magníficas fotografías han contribuido y mucho a la redacción de “este recorrido”.)

Juan FERRERA GIL


 

Actualizado el Domingo, 03 Abril 2022 12:13 horas.

1 comentario

  • Inmaculada Pérez Miércoles, 06 Abril 2022 00:24 Enlace al Comentario

    Precioso paseo literario por las calles de nuestro centro neurálgico, en días de paseos y despertares a la vida adulta.
    Además de la emoción particular por ver las fotos de mi querido Eliú, acompañando al texto.

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento