LA BRISA DE LA BAHÍA (70). Escribir a ninguna parte

Escribir

Les confieso, improbables lectores, que escribo mucho más de lo que se publica en este medio. Lo que ocurre es que, en bastantes ocasiones, lo plasmado en un papel (en estos tiempos, eso es un decir) “no va a llegar a ninguna parte”.

Tengo para mí que con los “deshechos” de los escritores se podría abrir una Biblioteca entera. Y lo de poner Biblioteca en mayúscula no es una cuestión baladí: creo que su presencia en la vida de las ciudades, villas y pueblos es tan necesaria como “el aire que respiramos trece veces por minuto”, en palabras del recordado poeta.

Pero lo que yo escribo sí tengo claro que no arribará a ningún puerto. Y no crean que me produce tristeza o desasosiego. ¡Para nada! Como es algo que tengo asumido desde tiempo ha, ni siquiera le dedico la atención debida. La necesidad de escribir es diaria y, gracias a Infonortedigital, mi vanidad creo tenerla a buen recaudo. En ocasiones suelo publicar escritos concebidos hace varios meses o, incluso, años. Dichos textos los he ido reservando para un posible libro que nunca llega: publicar en papel es casi un milagro. Y van caminando los textos de carpeta en carpeta hasta que salen a la luz en esta página norteña y virtual. Por eso, en contadas ocasiones, los escritos hablan de primavera en invierno y de verano en otoño; sin embargo, como cuento con la complicidad de lectores avezados, que saben leer entre líneas, no suelo cambiar nada o casi nada; en cualquier caso, disculpen los posibles errores sintácticos puesto que, a pesar de leer una y otra vez en la pantalla del portátil, no logro ver y corregir debidamente. Los que estamos acostumbrados al papel ya no nos lo podemos quitar de encima. Así que no me queda otro camino que imprimir el artículo y, bolígrafo en mano (tachar, añadir, quitar, cambiar) corregir y corregir hasta lograr dar con el posible y ansiado estilo. Pero viene a suceder que, en alguna ocasión que otra, me salto este paso y sucede lo que no me gusta. Sí, soy una persona del siglo XX. 

Lo que sí suelo realizar con bastante frecuencia es leer el texto escrito en voz alta para descubrir no solo su sonoridad, sino también si dispone del ritmo adecuado, como si de una canción se tratara. Aunque esto último no sé explicarlo muy bien, sí creo descubrir su movimiento al elegir unas determinadas palabras y no otras. En cualquier caso, este texto que en sus manos está, inteligente lector, “no llegará a ninguna parte”.

Y vamos a dejarlo aquí porque me parece que me estoy repitiendo.

Salud!!

Juan FERRERA GIL


 

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