LA BRISA DE LA BAHÍA (72). Crónica del tiempo (I)



“Cuando el Rey renunció a la Monarquía, ya hacía cinco años que la familia, hasta entonces Real, había comprado un suntuoso chalé en las afueras de la capital, donde viviría con añorada tranquilidad y sin los sobresaltos de los últimos tiempos políticos: la pandemia, la crisis económica y los independentistas-republicanos".



72. Crónica1

El Monarca optó por no arrastrar a su familia a un tormento continuo, como si una tortura medieval fuese, y, desde luego, no estaba dispuesto a aguantar el constante deterioro de su imagen que, en las nefastas redes sociales, anidaban con ánimo de revancha. No quiso que sus hijos tuvieran que soportar el desprecio sin sentido y la continua desfachatez de algunos que, en su eterna juventud, creían que vivían momentos históricos, a pesar de los ridículos escaños conseguidos, suficientes, eso sí, para inclinar la balanza en un sentido o en otro. Ya había sufrido mucho el efímero Rey con su padre y no estaba dispuesto a aguantar otro chaparrón de años y años y de insinuaciones sin contrastar y de martirizar a su sufrida madre. Y quería preservar la tranquilidad futura de sus hijos. Siempre creyó que la vida era otra cosa. Y la vida normal, un objetivo inalcanzable. Así que puso manos a la obra y comenzó el desmantelamiento. Con su decisión no solo cogió de sorpresa a la mediocre y enfrentada clase-casta-política, sino que su esposa vio los cielos abiertos al poder regresar a la abogacía de turno y liberarse, por fin, de las ataduras inexorables del cargo.

Corría el año 2024 y, por fin, la pandemia remitía en el mundo después de haberse llevado por delante a un buen número de personas, principalmente ancianos, que, en opinión de algunos economistas globales, ya habían vivido demasiado. Las mascarillas se mantenían en las viejas fotos que, a modo de recordatorio, inundaban aun más las redes sociales, donde el anonimato y la injuria tenían su asiento. España, tras las últimas elecciones, había dado un vuelco: las nuevas normas impuestas desde Bruselas acabaron con la soberanía nacional y no solo empezaron a desaparecer las lenguas vernáculas, sino que el castellano se vio muy sorprendido al exigir la Comunidad Europea que “todos deberíamos hablar inglés”. La economía no terminaba de arrancar y los brotes verdes del año 2023 se convirtieron permanentemente en otoñales, donde las hojas caían inevitablemente en un campo seco y desierto, que pocas veces se mojaba: “la pertinaz sequía”. Y el cambio climático, donde las cuatro gotas convivían junto a la calima casi constante, pasó a ser una realidad que todos veían menos los dirigentes, preocupados en mantener que “estamos trabajando en ello, pero no hacemos nada”; viejo lema que se impuso cuando aquella candidata mujer convirtiose en presidente con mayoría absoluta.

Pero volvamos al Monarca. Harto de desprecios continuos y viendo que la sociedad cambiaba, su mirada, antes tan leal, y comprobando que su estrella se apagaba, dio el último coletazo para sorpresa de todos. La visión de Estado se convirtió en una frase en desuso. Cada terruño, un nuevo estado. Y dentro de él, numerosos terruñitos nacieron al socaire de encontrar una identidad perdida en la olvidada Historia Local. Así, el barrio aruquense de Visvique se transfiguró en República Independiente, a sabiendas de que solo eran sonoras palabras huecas pronunciadas desde la azotea de un bar. Por el resto del país, que nunca llegó a nación, las 17 autonomías derivaron en 34 después de que los confinamientos pasaran a mejor vida. El mar aumentaba su nivel y la Playa de Las Canteras emprendía el camino de su desaparición: la vieja barra natural, incomprensiblemente, cada vez estaba más cerca de la orilla: nadie entendía el fenómeno: por el otro extremo, en la sempiterna olvidada Playa de La Laja, los plásticos se amontonaban al tiempo que la vieja Ciudad de Mar devenía en Ciudad de Plástico.

“Antes que Rey, está la vida de las personas que quiero” dicen que dijo el Monarca el día en que salió del Palacio con destino verdadero a su primera casa, que estaba dispuesto a disfrutar en entrañable armonía familiar desde los cincuenta y pocos años recién cumplidos. Mientras, el país se debatía, otra vez, en suprimir el Senado y reducir los diputados autonómicos. Y al tiempo que las querellas y los tacticismos partidistas fueron moneda frecuente, el Monarca hizo mutis por el foro para no regresar a saludar.

Hoy, seis meses después de su renuncia, diciembre de 2024, este “cronista del tiempo”, cargo que ocupo por designación personal de mi misma persona y con carácter vitalicio, como no podía ser de otro modo, comunica a su distinguida audiencia que las distintas cadenas de televisión han anunciado un “remake de los discursos del Rey”, en competencia por ver quién se lleva el gato al agua en este Juego de Tronos perverso. Asimismo, grandes cadenas ya hablan de una mini-serie que retrate su vida de manera fiel, sin dejar atrás ningún aspecto real y Real.

En fin, no sé si yo…”

Juan FERRERA GIL


 

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