LA BRISA DE LA BAHÍA (75). Los Sabandeños: el mito sonoro


Hay hechos que un día sucedieron y, con el paso del tiempo, no solo han arraigado en la sociedad que les vio nacer, sino que, además, han ido evolucionando hasta convertirse en mitos. Claro que para llegar a la meta, el proceso ha sido largo y arduo, con sinsabores y piedras en el camino: cualquier cosa, menos fácil.


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Hablamos de Los Sabandeños: hace más de cincuenta años revolucionaron el panorama musical y folklórico de las Islas Canarias. Con su buen hacer, medido debidamente, han sabido proyectar una peculiar manera de ver y sentir los aires de la tierra. Y, también, se atrevieron tempranamente con la música sudamericana, que enraizó con fuerza en el archipiélago, inspirando, a la vez, el paisaje musical canario. Con ellos se produjo la dignificación de la música tradicional y, al mismo tiempo, lograron romper las barreras estrechas del encorsetamiento oficial y franquista del folklore. Además, traspasaron las fronteras isleñas y, en la travesía del Atlántico mar, arribaron a orillas distintas y distantes. Con la manta al hombro, como símbolo identitario de una personalidad común, esparcieron el nombre de Canarias por medio mundo; se alongaron a otras armonías, a otras tendencias rítmicas, donde el histórico grupo ha sabido encontrar la ansiada seriedad y significación en las notas musicales. Y, por supuesto, además de sus extraordinarias voces, mostradas en cada etapa del grupo a lo largo de todos estos años, la creatividad ha surgido como si una fuente inagotable fuera: acaso el mismo Garoé.

Los Sabandeños han conseguido que, a través de otros tantos grupos nacidos al socaire de su peculiar estructura, la gente baile y cante los aires de la tierra con evidente entusiasmo, cariño, amor y respeto. Y, sobre todo, han sido capaces de regalarnos, con todo la deferencia del mundo, una idea del folklore: una nueva vuelta de tuerca que se ha ido materializando, y aclarando, en un recorrido que supera ya el medio siglo. Así que los componentes actuales, mucho mejor preparados, como debe suceder en toda evolución grupal, son los continuadores de los anteriores y, sobre todo, de aquellos primeros Sabandeños que se atrevieron a grabar sentires canarios en el Ateneo lagunero: estos herederos que hoy ocupan los escenarios de los pueblos isleños saben perfectamente que su labor viene avalada por toda una trayectoria y por un arraigo que abarca cada rincón del archipiélago.

Porque Los Sabandeños son de todas las islas y de todos los sitios. Y hablar de tiempo transcurrido en este tipo de grupos musicales no solo es una auténtica odisea, sino una continuidad que, al mezclarse con la música tradicional, alcanza a nuestra Historia y a nuestra Literatura. Y eso, en los tiempos que corren, constituye una hazaña que no todos los pueblos se pueden permitir y, mucho menos, presumir y disfrutar.

Por eso Los Sabandeños son lo que son: frescura y calidad continuamente renovadas que contagian el espíritu de alegría e infunden en nuestros corazones las verdades sencillas y las maneras de sentir y vivir lo cotidiano: una mirada única. Tengo para mí que todos los que han pertenecido al grupo, en sus distintas etapas, han superado y sobrepasado el tiempo: las voces actuales se mezclan con las de aquellos que fueron y todas juntas se dibujan en un futuro claro y despejado. Y, en esta historia circular, creemos que podrán durar otros cincuenta años. Solo se necesitan ganas y respeto por las cosas bien hechas. Que no es poco.

Ya lo dijo Julio Fajardo en uno de los libros que hablan de su historia: “el hecho extraordinario es la irrupción de unas nuevas formas culturales que vienen a cambiar radicalmente lo establecido como genérico hasta el momento”. (*) 

Así que a los actuales integrantes les deben temblar las piernas, en el buen sentido de la expresión, cada vez que suben al escenario: la responsabilidad acumulada en sus manos y en sus voces entronca directamente con la Historia más reciente de nuestras islas y, a partir de ella, Los Sabandeños han atracado, felizmente, en el muelle tranquilo del mito sonoro.

Y eso pesa muchísimo.

Agradablemente, eso sí.

(*) Francisco García Yanes y Gonzalo Hernández, Los Sabandeños, Las otras voces del mito, Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife, 2013.

Juan FERRERA GIL

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