LA BRISA DE LA BAHÍA (77). El hombre que se hizo de palabras

77. Palabras2

El hombre que se había hecho de palabras, casi desde la niñez, en aquellos lejanos días de redacciones escolares y dictados literarios, en los que don Manuel, el maestro, parecía adentrarse en el camino de la Literatura, optaría, en plena adolescencia, por el Periodismo: podría ser un buen oficio. Y nunca llegó a temer por su vida. Creía que su profesión enarbolaba, como si una bandera de la libertad fuera, toda una causa general común que los lectores protegerían siempre. Y, así, durante un tiempo, se sintió arropado.

Pero una noche fría, el dolor mezclado con la tristeza acecha siempre en la oscuridad, en la que el terror anida, soterrado, forzado fue a cruzar la frontera: todo un relámpago en el que las palabras enmudecieron como nubes pasajeras. Tres días después apareció su maniatado cuerpo envuelto en una gran bolsa de basura, donde la reseca sangre había adquirido el color negro de la desesperación: su vida duró el tiempo que tardaron sus secuestradores en llegar a un descampado, en una de las orillas contaminadas de la gran ciudad: en apenas hora y media había cruzado los límites de la existencia.

El hombre que se había hecho de palabras ya no las pudo emplear más. Había vivido el mismo final que se había llevado por delante a otros compañeros; compañeros del alma que, al igual que él, habían escrito y contado las verdades duras y silenciosas de la violencia desatada y narcótica. Su gran pecado: escribir sobre la vida. Siempre fue consciente de que sus probables ejecutores no solo lo acechaban, sino que, además, tenían como misión aniquilar las palabras que los periodistas plasmaban en sus crónicas. Crónicas que hablaban, desde el alma con sabor a tinta, de otras alegrías y tristezas. Cuando se convirtió en apenas unas líneas de periódico, ni siquiera llegó a ocupar el espacio de una esquela.

Lentamente, iniciada años atrás, poco a poco y a cuentagotas, la estrategia del caracol iba dando cumplida cuenta de la sistemática desaparición de los dueños de las palabras, al tiempo que la incultura y la violencia se habían convertido en sinónimas.

El periodista había mutado en una desaparecida palabra que solo se pronunciaba en voz baja, como un delicado susurro que se abría a paisajes desconocidos y a miradas infinitas.

Juan FERRERA GIL


 

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento