LA BRISA DE LA BAHÍA (78). Labrante y Doramas

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Cuando el escultor José Luis Marrero Cabrera dejó plasmada para la posteridad la figura del “Labrante de Arucas” no solo fue la confirmación de una idea y de una realidad, sino, además, vino a verificar el sincero homenaje de quien aprendió con ellos antes de convertirse en escultor extraordinario; con capacidades sobradas a la hora de plasmar debidamente la fisonomía de los retratados.

Siempre José Luis Marrero ha llevado por montera, en todos los lugares donde ha sido necesario, la labor de estos artesanos de la piedra cuya manifestación mayor acaso sea la iglesia de Arucas, verdadero monumento que, a pesar del tiempo, se mantiene con los diversos achaques propios de la edad, que nunca perdona.

78. Doramas

En cualquier caso, estimados lectores, sepan ustedes que José Luis Marrero ha sabido mantenerse siempre en una forma particular de ser y sentir, donde el respeto y la consideración a los demás ha sido su natural manera de entender la vida. Por eso su pasión por los labrantes es toda una muestra de afecto y respeto que ha quedado reflejada en el conjunto escultórico del Homenaje que luce en una de las rotondas aruquenses. Además, en la otra esquina de la ciudad, en la carretera del Lomo, la escultura de Doramas es otra visión con la que reflejar la historia canaria, que ha conformado lo que ahora somos.

Ambas obras, Labrante y Doramas, son una fuerza de la Naturaleza que traspasa los tiempos, los barrancos y las orillas en las que las flores del camino marcan la siguiente página de la penúltima lectura. 

Labrante

Así que, sin apenas pretenderlo, este escultor de la piedra, aunque también ha empleado otros materiales menos duros, ocupa unos espacios muy significativos de la ciudad y ello viene a indicar que su importancia tiene. Da igual que pasemos delante de sus esculturas y ni siquiera nos demos cuenta de quién la esculpió. Eso pasa y pasará siempre: característica consustancial del ser humano. Aunque ahora los tiempos estén con la mirada en otros sitios, siempre convendría pararse y mirar con detenimiento lo que tenemos alrededor. Entonces descubriremos, entre otros detalles, que lo cercano sigue siendo tan universal como lo ha sido siempre. Y está bien poder traspasar las fronteras locales, el terruño, el barrio, la calle, la ciudad toda. Y, para ello, los artistas nos ayudan mucho: sus miradas son tan excepcionales que trascienden, en primer lugar, la cercanía y la transforman, después, en claros momentos definitorios de la posteridad.

Y José Luis Marrero es tan cercano como universal.

Y eso no todo el mundo lo consigue.

Juan FERRERA GIL


 

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