LA BRISA DE LA BAHÍA (80). Lo que he visto

80. Romería3

Dos años de pandemia.

De cómo aprender que la Romería y el Día Grande de San Juan dicen muchas más cosas de las que logramos disfrutar a simple vista. Lo que siempre había sido normal, y hasta tedioso, se ha convertido en un hecho extraordinario que debemos valorar en su justa medida. Otra cosa es que lo logremos. Dentro de un tiempo nos olvidaremos y todo volverá a ser y a sentirse como antes. Ya saben: cuando dejemos de hablar de la normalidad.

DE LA ROMERÍA SANJUANERA:

Hemos percibido la alegría desbordada, las ganas de participar y la Canariedad, interpretada con distintas versiones y visiones, a través de Isas y Folías. Los bailes isleños, con sus trajes volanderos, han traído de vuelta el esfuerzo de hacerlo bien y, a pesar del cansancio y la lentitud característica de toda romería, ha valido la pena poder bailar para los otros. Así que el público, la calle, la plaza, el folklore, las casas abiertas y las fachadas decoradas con motivos canarios han traído de la mano los tenderetes y asaderos en los que las chuletas y el chorizo de Teror han sembrado de aromas distintos el ambiente festivo. Las calles, hoy, han recuperado a los vecinos y se han vuelto amables y protectoras, donde unos participaban y otros, contagiándose también, contemplaban la alegría de los primeros. Y creemos haber sentido y captado la verdadera realidad: un pueblo con personalidad definida y con ganas sobradas de convertir la alegría en lo contrario de la pandemia.

Adiós, tristeza.

Esencia y ritmo.

80. sjb

DEL DÍA DE SAN JUAN: 

Creemos haber vislumbrado la renovada fe en el reencuentro: bien con el santo patrón, bien con familiares y amigos. Plantado de nuevo en el lugar de siempre esperando que la Procesión comenzara, hemos podido adivinar las sonrisas y los efusivos saludos al ritmo de la Banda de Música que no solo engrandece el lugar sino que abre los corazones de quienes la escuchan. Han regresado las autoridades y los invitados, los voladores mezclados con las continuas miradas vertiginosas que no cesan y los globos que miran al cielo al sabor de los turrones de La Moyera. El protocolo, hasta cierto punto, ha servido para que las costumbres permanezcan en su sitio y se abran a todos. Sentimos que la sinceridad nos ha visitado y también ha procesionado como si fuera un familiar más.

Por eso, este 2022, hemos cargado de imágenes la cámara para ofrecerles las miradas sin mascarilla, las sonrisas abiertas y los alegres ojos en busca de aquellos familiares y amigos que se han quedado en el camino.

Todo ello ha servido para redescubrir de nuevo la ciudad de nuestra infancia, los parques llenos de juegos y la adolescencia que buscaba ansiosamente el lugar donde poder ubicarnos hasta que alcanzamos la vertiginosa juventud, que se esfumó antes de lo que pensábamos, que dio paso a los hijos que nos condujeron de nuevo al parque, donde iniciamos el regreso: volver a empezar. 

Tenemos la sensación de que este año, más que nunca, es de todos.

¡¡De todos!!

Y, a buen entendedor, pocas palabras bastan.

Lo cotidiano ha mutado en extraordinario. Otro milagro.

Juan FERRERA GIL

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