LA BRISA DE LA BAHÍA (95). “Orilla es-con-di-te”, de Pedro M. García


Orilla es-con-di-te”, desde su mismo título, anuncia el ritmo narrativo: “orilla” bien pudiera ser la 1ª Persona Verbal, donde el valor de la intimidad se acentúa, y “es-con-di-te”, que viene a representar a la 3ª Persona Verbal, donde el contar se lentifica y presenta las pausas silabeadas de la narración. Pero, claro, de todo esto, si es verdad, nos hemos percatado al final de la lectura.

“Orilla es-con-di-te”: propuesta novedosa surgida del empeño de un escritor que quiere serlo por encima de todo. Pedro M. García desea dejar sentado, con un lenguaje claro y preciso, que la imaginación es más que una manera de ser y sentir. Presenta esta obra un modo tan peculiar de mirar la realidad que el lector, lejos de ser un lector pasivo, ha de esmerarse en encontrar lo que el autor nos quiere decir. Y no basta solo con leer.


95. PMG2

Indudablemente, Pedro M. García no quiere pasividad en la mirada ni condescendencia sobrevenida. Esta novela (¿o es un conjunto de relatos?), en palabras del autor, se puede leer como toda una historia, o bien, los capítulos que llevan título pueden ser abordados desde la misma individualidad. En cualquier caso, el escritor, sabedor de lo que se trae entre manos, ha pulido un relato único y, tal vez, sorprendente, donde la imaginación infantil, en algunos de los capítulos, se materializa en diferentes juguetes-muñecos que acompañan al niño.

El juego combinado de la 1ª y 3ª personas verbales no solo sirve para situarnos, que también, sino que, además, encaja perfectamente en la estructura de todo el conjunto: se debe tener muy en cuenta determinadas palabras que surgen a lo largo de la obra pues, en otros momentos, parecen aumentar su valor, como si fuera, acaso, otra manera de vivir en la que hay que estar muy despierto: una realidad nueva: Orilla es-con-di-te.

Y, luego, acciones paralelas que dispuestas gráficamente amplían el relato del que recordamos, una vez más, que el lector ha de estar atento y con ojo avizor, porque si no el escritor ganará la partida. Bueno, ya sé que es una forma de hablar; en este caso, de escribir. Este juego de dominó, del que yo apenas entiendo, constituye un apasionado conjunto de historias que conforman unos personajes y unos espacios relevantes que agrandan el resultado final: un relato vertiginoso, ameno, donde el diálogo, ágil, se ofrece en su justa medida y en el que las diversas situaciones, cotidianas unas y sorprendentes otras, universales resultan y, sobre todo, definen a los distintos personajes en sus referencias vitales. 

Pedro M. García es capaz de re-crear el desasosiego en situaciones nuevas y únicas, y donde la extensión está tan medida que surge lo justo, lo preciso, lo imprescindible: no hay nada fuera de su sitio. Este hábil relato dice mucho de su autor. El hecho de que haya sido premiado es solo un paso más en la aventura, escondida o no, que Pedro M. García desea y acaba de emprender. Y, así, surge la inevitable pregunta: ¿para cuándo el segundo libro? Bueno, no nos precipitemos: todo llegará en su momento. Como siempre sucede.

Esta “embestida de brisa fresca” que es “Orilla es-con-di-te” ha sabido captar toda nuestra atención de lector empedernido y, en consecuencia, hemos descubierto a un nuevo escritor que nace y que, estamos convencidos, dará mucho que hablar “en los tiempos venideros”. Por todos es conocido que la “realidad literaria” es otra cosa, quizás un punto de vista o tal vez un compromiso, y, por esa misma razón, hemos de estar atentos a las escogidas palabras de Pedro M. García. Palabras que han venido para quedarse y, en un futuro, expandirse.

Sí, sí: lo de “los tiempos venideros” no solo es una afirmación, que también, sino toda una proeza inteligente de nuestro escritor que seguirá sorprendiéndonos en su momento.

Al tiempo.

Solo nos queda felicitar a Pedro M. García, al Instituto Canario de Desarrollo Cultural que ha elegido esta obra como ganadora del certamen Nuevas Escrituras Canarias 2021, y, por supuesto, a los lectores que son y serán, porque sin ellos esta aventura no sería posible.

Ya se sabe: “cosas veredes, amigo Sancho”, dijo Don Quijote.

Pues eso: quedamos a la espera. 

POR ÚLTIMO, quisiera hacer notar la importancia de este momento que un día recordaremos, seguramente, con alegría y, tal vez, con nostalgia (¡la felicidad era esto y no nos habíamos dado cuenta!). A los que vaticinaron la muerte del libro físico y encuadernado, habría que recordarles que aquí estamos, aquí seguimos, que este acto de presentación de un libro es un hecho tan universal que perdurará aún mucho tiempo y que se enmarca en perfecta sintonía, y simetría, con otros actos similares que ahora mismo se celebran en cualquier otro lugar del mundo; que somos un ejército de lectores que seguimos en esta batalla incruenta, donde el papel reciclado y la tinta indeleble se convierten en un homenaje permanente a todos los lectores que son y han sido: los que leían en voz alta, cuando los libros se escuchaban, y los lectores silenciosos, en los que los vertiginosos ojos conformaban la historia.

Por eso este acto de presentación del primer libro de Pedro M. García resulta tan significativo y tan lleno de música; música atrapada en el papel escrito.

(Texto leído en la presentación del libro)

Juan FERRERA GIL


 

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