(101). LA BRISA DE LA BAHÍA. “Retrato de una mujer moderna", de Manuel Vicent

101. MVicent

Que Manuel Vicent a sus 86 años nos despache, como un regalo caído del cielo, una novela sobre Concha Piquer, Retrato de una mujer moderna, Alfaguara, Barcelona, 2022, no solo es una proeza sino que, además, sirve para demostrar que su cabeza, su imaginación, su manera de escribir, mantiene el tono de siempre: el que lo ha caracterizado desde el principio, y donde la luz valenciana queda reflejada en las desaparecidas huertas que rodeaban la ciudad.

Con Manuel Vicent hemos sentido de nuevo la presencia de Concha, (junto con la de Lorca) que brilla por encima de todos; hemos redescubierto las viejas canciones y la radio ha vuelto a sonar desde su limpio origen. Es esta novela, con el tamaño preciso de sus doscientas páginas, un relato aparentemente ligero; sin embargo, la presencia de Concha Piquer, con toda su trascendencia, que ha servido para mirarla de otra manera, habla de pasión y de carácter fuerte; de mujer luchadora que sabe abrirse paso por sí misma y tremendamente moderna: de lo que se infiere que no hay nada nuevo bajo el sol: ya hubo personas que marcaron una época, y mostraron una valentía que se alzaba por encima de las injusticias, machistas, sobre todo, y confirmaron un modo de estar que ya quisieran para sí algunas personas de hoy.

Este libro habla de un mundo de canciones, a veces, interpretadas desde el mismo sufrimiento, que los soldados, durante la guerra civil, hicieron suyas en los dos bandos: en aquellos instantes en que los disparos ni las bombas sonaban, la música de Concha Piquer o Miguel de Molina, entre otras tantas, recordaban tiempos donde la tranquilidad y la paz brillaban en el cielo de España. Por eso leer esta novela es como encender la radio, la vieja radio de incandescentes lámparas, que nos acercaba a un mundo imaginario donde poder volar, y, por momentos, poder esquivar el hambre de la triste posguerra: mientras se cantaba no se comía.

Y Manuel Vicent refleja, desde su experta escritura, lo que quiere decir: ni más ni menos. Y ese ejercicio de concisión no solo indica una clara disposición de contar, sino que deja las florituras, si es que las hay, para otros momentos. Es una novela directa, muy trabajada donde la sencillez aflora en el lector de manera dialogada: el escritor valenciano parece hablar directamente al desconocido lector, y lo tiene muy en cuenta: sabe de su natural inteligencia. Ha ficcionado parte de la realidad y, como esta es la misma siempre, se producen coincidencias en que la mujer siempre, o casi, es la víctima propiciatoria.

Al conocer Concha Piquer su primer embarazo, dice: “Qué voy a hacer yo ahora. Qué va a ser de mí” (página 73). Y cuando Luis y Agustín Millares Cubas escriben en el relato titulado “Candelaria”, en el que su protagonista, violada, queda embarazada, exclama: “Madrita mía del Carmen, ¿qué va a ser de mí?” (página 60) (Antología de cuentos de la tierra canaria, Biblioteca Básica Canaria, Islas Canarias, 1990), no solo dicen lo mismo los distintos personajes sino que esta feliz coincidencia es solo eso: una coincidencia de escritores expertos, capaces de reflejar la cotidianidad en su justa medida y con palabras parecidas en tiempos distintos y espacios lejanos. Y, además, cómo el comportamiento de los personajes, a pesar de esa distancia temporal y geográfica, se verifica en palabras universales y coincidentes; de lo que se infiere que las palabras no son caprichosas y que, por momentos, la creatividad resulte circular. Tal vez siempre nos movamos las mismas personas por las distintas épocas, con motivaciones apenas diferentes, donde solo podamos atrapar nuevos y pequeños matices.

En cualquier caso, Manuel Vicent sabe de lo que habla y lo que dice. Que haya re-creado una vida como la que tal vez pudo tener Concha Piquer no solo es devolvernos una realidad siempre mediatizada, sino que su visión, creemos sinceramente, es la más acertada. Al final, las grandes figuras, los grandes personajes, responden más a un carácter fuerte que la vida les ha puesto delante y es bueno que esa manera con la que actuaron en su momento de vida se sepa; así la imagen que teníamos de dichas personas no solo recuperan su exacto lugar sino que, además, nos abren los ojos de que la existencia fue de otra forma.

La novela de Manuel Vicent, que se lee como si fuera uno de sus artículos de prensa, es todo un regalo de un escritor maduro, hecho desde hace mucho tiempo, y que mantiene su frescura literaria en estos tiempos de ahora: que haya roto con la visión estereotipada que teníamos de la tonadillera es una victoria del escritor valenciano sobre la realidad reciente, que se manifiesta con palabras certeras y con episodios fundamentales en la vida única de Concha Piquer.

Ciertamente, este “retrato” lo es.

(enseñARTE, 62)
Juan FERRERA GIL

 

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