LA BRISA DE LA BAHÍA (1). El sueño de editar y publicar: Litteraria


El túnel del tiempo tiene, casi siempre, forma de caja de cartón: 14 años después de sellarla, y depositarla en la correspondiente estantería del garaje, la volvimos a abrir para reencontrarnos con la materialización de un sueño:

LITTERARIA,
Revista de Literatura y Opinión.

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El lunes, 12 de agosto de 2019, su contenido sobrevino transformado en experiencias y recuerdos de una agradable aventura. 15 números logramos editar en aquel entonces en la ciudad de Arucas: desde el otoño de 2002 hasta la primavera de 2007. Al final, quince mil ejemplares repartimos gratuitamente, junto con diversos marcapáginas, gracias a una red de distribuidores altruistas, alegres y voluntarios. Pero mejor es empezar por el principio.

15 números logramos editar en aquel entonces en la ciudad de Arucas: desde el otoño de 2002 hasta la primavera de 2007.

Desde antes de que acabara el siglo XX, la idea rondaba recurrentemente. Luego se precipitó su formalización, en mayo de 2002, como consecuencia del sobrevenido agobio laboral, estrés, desencanto, presión… La gota había colmado el vaso: optamos por diversificar las energías y apostar por aquella idea de finales de siglo: publicar una pequeña revista de Literatura y Opinión. Sin grandes pretensiones, la maquinaria se puso en marcha. En julio de 2002 comunicamos la idea a mis hermanos, Carmen y Pedro, que no solo la consideraron sino que también estaban dispuestos a financiarla, y a los amigos Fran Vega y Juan Carlos Falcón, que aportaron ideas, sugirieron inconvenientes y señalaron soluciones posibles para su posterior edición.

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El siguiente paso fue solicitar presupuesto en una primera imprenta. Mientras estudiábamos su oferta, Fran Vega nos pone en contacto con DISEÑO TIPOS, pequeña tipografía que comienza a dar sus primeros pasos en la zona de Cardones, y nos ofrece una valoración mucho más interesante. Nieves Santana y Paco Betancort nos abrieron las puertas de par en par. La diferencia fue notoria: Nieves Santana, diseñadora gráfica, una vez explicada la idea, se vuelca en el proyecto y lo fue ampliando y mejorando en cada número. Su mirada de diseñadora especializada y su estética y saber hacer consiguen crear un producto serio, claro y diferente, donde la estructura y la distribución de los textos, con el tiempo, se acompañarían de colores e ilustraciones. El gusto exquisito de Nieves Santana fue decisivo y único: la publicación adquirió personalidad. Y así el primer número sale a la calle, con una tirada de mil ejemplares, sin saber siquiera cómo íbamos a repartirlos. El proyecto se había convertido en realidad. Ahora había que distribuirlo. Y comienza la cadena de los amigos: la revista llega a La Aldea, Gáldar, Agaete, Tamaraceite, Las Palmas capital, Tafira Baja, Tenerife, Lanzarote y, como es lógico, Arucas. Todo fue surgiendo sobre la marcha: poco a poco, paso a paso.

Con la distribución de Litteraria descubrimos otros aspectos agradables y sorprendentes.

La primera sensación que recibimos fue de sorpresa al ir comunicando la intención de la revista: carácter gratuito, breve en su lectura y con la recomendación de que si no la guardaban, cederla a otras personas a las que también le gustara leer: así un mismo ejemplar sería visionado por varios lectores entusiastas. Muchos no entendían lo que le explicábamos pues pensaban que, al final, después de la perorata, les íbamos a pedir dinero; otros la acogieron con mucho agrado y prometieron colaborar; y otros no dijeron nada; bien es verdad que tampoco estaban obligados. Hubo quienes no entendían el porqué de la revista y miraban a ver quién la subvencionaba: si el Ayuntamiento, algún partido político, alguna organización, alguna concejalía… A la gente le costó entender una iniciativa exclusivamente particular y sin ánimo de lucro. Digamos que, previamente a todo esto, nos pasamos el verano buscando colaboradores para el primer número: insistimos, animamos y, sobre todo, esperamos

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Con la distribución de Litteraria descubrimos otros aspectos agradables y sorprendentes. Así, la chica que vendía café en el mercado escribía poemas y posteriormente los rompía; la empleada de la charcutería resultó ser una lectora empedernida y, en consecuencia, la relación entre cliente-dependiente adquiere una complicidad especial. Además, un profesor, que nos impartió Educación Física en nuestros años juveniles, coloca la revista en Internet, algo que ni siquiera imaginábamos: J.A. Giráldez. Y poco a poco los ejemplares se van repartiendo. En un mes distribuimos en mano 950: todo un éxito.

Y en diciembre de 2002 ve la luz el segundo número, gracias a la colaboración de varias empresas: Diseño Tipos, que aguantó todo el rato, Óptica Sarmiento y la tienda de artesanía Labrante. Y vuelve a surgir la sorpresa porque algunos no creían que ya un nuevo número estuviese en la calle. Y se vuelven a repetir los comentarios y los “no-comentarios”. Tras participar en una charla organizada por la Tertulia “Pedro Marcelino Quintana”, descubrimos la existencia de “otra Arucas”, que ni siquiera habíamos tenido presente. Y nos encontramos con personas muy interesadas en conseguir los futuros ejemplares. Y en marzo nos concedieron el “Premio Plátano 2003” por nuestra aportación a la cultura; hecho que siempre hemos agradecido y del que nos sentimos tremendamente orgullosos.

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Las colaboraciones fueron llegando y, sorprendentemente, una notificación de El Museo Canario que deseaba incluir la revista en su hemeroteca, que ya contaba, en aquel entonces, con 120 años de antigüedad. Todo un agradable detalle que nos animaba a seguir.

Sabíamos que estas aventuras editoriales eran costosas; sin embargo, tenemos hoy la sensación de que pusimos un grano de arena al empeñarnos en publicar en papel. Y con la idea de permanecer, y no tanto de crecer, vivimos un tiempo.

Siempre tuvimos muy claro qué era Litteraria y hasta dónde estábamos dispuestos a llegar: convertirnos en portavoz de creaciones literarias y de opiniones. Teníamos, y tenemos aun hoy, la sensación de que hay mucha gente que escribía y escribe. Y, modestamente, pretendíamos que esas personas sacaran de sus cajones los textos inventados y que nadie o muy pocos conocían. Por entonces sosteníamos que era bueno “airear los sentimientos”. Litteraria no era, ni fue, un espacio para la política; siempre tan efímera. Deseábamos encontrar un lugar donde poder leer y compartir. Y llegamos, en su trayectoria toda, a miles de personas con las que compartíamos un entusiasmo común.

Desde el primer momento, aun imaginando las dificultades que estaban por venir, intentamos permanecer el mayor tiempo posible. Y aguantamos todo lo que pudimos: 15 números editados, coincidiendo con cada estación del año. Hasta ahí llegamos. Fue una ilusión y una realidad mientras duró. Sabíamos que estas aventuras editoriales eran costosas; sin embargo, tenemos hoy la sensación de que pusimos un grano de arena al empeñarnos en publicar en papel. Y con la idea de permanecer, y no tanto de crecer, vivimos un tiempo.

Teníamos, entonces, muchos sueños. Buscamos con ahínco colaboradores (algunos quisieron mantener siempre el anonimato) que supieran reflejar en el papel sentimientos y emociones. Y los encontramos. En nuestro deseo de actuar sin caretas, sin estereotipos, pretendimos mantener la ilusión tan característica de los niños. Y lo logramos. Fuimos en busca de la llaneza en la expresión y dejamos atrás toda retórica hueca y vacía, y no nos tropezamos con falsos artificios. Y también lo alcanzamos: sencillez y calidad en el resultado final. Y apostamos por conseguir una de las mejores cualidades del ser humano: libertad de expresión y creación. Y deseamos alcanzar la imaginación por encima de todo buscando un camino que rompiera la monotonía y desechara las expresiones vulgares y agresivas. Y aguantamos. Intentamos mantener el valor de las Humanidades en un mundo simplista. Y, sobre todo, queríamos que nos leyeran.

LEER: todo un tesoro.

Y el nombre de la publicación no es más que un juego de palabras: “littera”, del latín, que significa “letra”, y el adjetivo “literaria”, con la que comparte raíz. Y en esa unión tratamos de llegar a la Literatura.

Y el nombre de la publicación no es más que un juego de palabras: “littera”, del latín, que significa “letra”, y el adjetivo “literaria”, con la que comparte raíz. Y en esa unión tratamos de llegar a la Literatura.

Casi cien personas colaboraron y distribuyeron la revista mientras vivió. A todos ellos les reiteramos las gracias y su impagable disponibilidad. Unos escribieron y otros la repartieron entre familiares, amigos y compañeros de trabajo. Y así conseguíamos entregar en mano mil ejemplares con cada número editado. Pero el botón de oro se estableció en Santiago de Chile. Sin saber cómo, al menos yo no lo recuerdo, enviábamos al país chileno unos 20 ejemplares. Un poeta-colaborador, que luego publicaría su primer libro en su país, nos regaló algunos de sus poemas que fueron publicados en distintos números. Salvador Pastore, su nombre de batalla, fue nuestro colaborador más lejano. Y, por supuesto, aunque no se entere de este artículo, también le damos las gracias más sinceras y cariñosas.

Y tampoco podemos dejar atrás a las distintas empresas que colaboraron en su publicación, a diversos colectivos y a lectores de Litteraria, que, desinteresadamente, aportaron los dineros en los quince números editados. El proyecto caminó derecho gracias a la implicación de mucha gente. Y eso fue más que un simple gesto: fue la muestra palpable de una manera de estar en el mundo.

Y los ilustradores, como Meli Guerra, nos reglaron desinteresadamente sus creaciones.

A todos: gracias, muchas!!!

Y hasta aquí la aventura y el sueño de publicar y editar. Al final la apuesta tuvo sentido, y mucho, mientras permaneció en el candelero.

Y, hoy, tiempo después, por fin, hemos contado su historia.

Actualizado el Jueves, 31 Diciembre 2020 02:29 horas.

4 comentarios

  • Marcelo Peña Domingo, 13 Diciembre 2020 11:08 Enlace al Comentario

    Cultivar el arte y difundir la cultura: de eso se trata. El amor por las letras es el motor que nos impulsa a muchos a realizar proyectos y a ilusionarnos por conocer esos otros mundos a los que nos conduce la literatura , siempre detrás los subterfugios de los que pretendemos escapar.Refugiarnos en la literatura es la mejor terapia para el alma y la mayor fuerza para el espíritu.
    Gracias.

  • Blanca Quesada Viernes, 11 Diciembre 2020 09:44 Enlace al Comentario

    Maravillas

  • Por razones obvias, viví muy de cerca el nacimiento de este sueño hecho realidad .Me alegro de haber contribuido, modestamente y de alguna manera, junto a tantas otras personas, a la materialización de este proyecto ¡Enhorabuena! Juan.

  • Natalia de Armas Jueves, 10 Diciembre 2020 16:28 Enlace al Comentario

    Qué bonita aventura.
    Felicidades.

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