LA BRISA DE LA BAHÍA (2). Escribir un prólogo

Prólogo sencillo

El escribir un prólogo no es tarea sencilla; al menos, para los que no solemos movernos en estos menesteres. Cuando un compañero entrañable, y sin embargo amigo, me pidió que escribiera un prólogo para un libro de Pepa Aurora, la extraordinaria escritora de cuentos y poemas infantiles, ¡casi nada!, no solo demudé el semblante, sino que el asiento del coche se me hizo más estrecho que nunca: de repente no cabía en él, como si sufriera una repentina gordura. En la Isla Baja tinerfeña, en un verano de nubes, surgió la propuesta. Ante la cara de asombro que puse, mi amigo apuntó inmediatamente como para tranquilizarme:

--- Pero un prólogo sencillo.

Yo, que ni siquiera había escrito uno, también desconocía que los prólogos obedecieran a una supuesta clasificación nunca anunciada: complicados, sencillos, normales, regulares, medio pensionistas…

--- Bueno, lo voy a intentar, pero si no te gusta me lo dices y ya está--- creo que le contesté mientras me pasaba los maravillosos textos que se agrandaron posteriormente en el libro coloreado con hermosísimas ilustraciones. Al disfrutar el resultado final, las palabras que había estudiado en folios alcanzaron su verdadera dimensión. Recuerdo que aquel agosto, ya en Arucas, me puse manos a la obra. Anoté, leí con pachorra isleña, volví a mirar, releer otra vez en medio de las nubes norteñas, y el prólogo, o lo que fuera, fue tomando forma, como si se tratara de un juego de palabras que intentaba acercarse al espíritu de la autora. Una vez terminado lo envié:

--- Se lo paso a Pepa a ver qué dice.

Y en esas estuve un tiempo, elucubrando por dónde iba a salir aquella especie de aventura verbal. Cuando mi amigo, que se llama Ernesto, me comunicó que a la escritora le había gustado muchísimo, no pude más que extrañarme de que aquellas palabras, mis palabras, hubiesen podido llegar a su corazón. Luego, meses después, en la presentación del libro “Olas y más Olas”, en Telde, pude comprobar que Pepa Aurora hablaba con total sinceridad. Y sus textos volvieron a nacer cuando con su hermosa voz regaló a la audiencia los poemas. No cabe duda de que al recitar los poemas se agrandan, alcanzan otra dimensión que llega a los profundos recovecos de la imaginación de quien escucha. Es un hermoso viaje que nos eleva, como si dentro de un globo estuviéramos, y nos deposita de nuevo en el suelo con suavidad extrema y con la espera ansiada del siguiente poema, donde volveremos a elevarnos con la mirada detenida y los versos convertidos en susurros que arrullan como delicadas nubes. Claro que esas palabras, cuando son creadas por la experta mano de Pepa Aurora, parecen sencillas y cotidianas. Y tal vez lo sean, pero el milagro de su escritura se encuentra en relacionarlas y emparejarlas para que el mensaje final perdure en el tiempo. De ahí su valor: hay que saber combinar porque al final nos espera la belleza. Y no todos disponemos de las habilidades literarias precisas. Menos mal que los escritores son imprescindibles. Más que nada para poder seguir experimentando vivencias, sensaciones, emociones y situaciones que nos enderecen la vereda por la que caminamos. Y para que la aventura del viaje también sea amena y auténtica. Así que escribir un prólogo es, sobre todo, un compromiso serio y arduo. Aunque, como dijo Ernesto Rodríguez Abad, sea un “prólogo sencillo”.

PRÓLOGO SENCILLO” (**)

Un amigo me lo propuso de sopetón, sin mediar introducción alguna: ¿por qué no haces un “prólogo sencillo” de un nuevo poemario de Pepa Aurora?

Esas fueron las palabras y desde ese mismo instante me pregunté, y aún me sigo interrogando, qué será eso de un “prólogo sencillo”. Cuando sientan deseos, estimados lectores, de dejar bloqueado o fuera de combate a un “amigo escritor” solo tienen que proponérselo: ¿por qué no haces un “prólogo sencillo”? Entonces una nube blanca, sin palabras y sin signos de puntuación, quedará instalada en la mente del escritor “amigo”.

Como el libro lleva el sugerente título de “Olas y más olas”, ¿será este “prólogo” un grano de arena de la dulce playa? ¿O acaso un islotecito de la orilla que va y viene? ¿O tal vez se parezca a San Borondón? No nos quedaba más remedio: manos a la obra. Leí el poemario de Pepa Aurora (*Alto ahí: poemario = poema + rio (o río) (río, que fluye; río, de risa, alegría) el día que más calor hizo y entre “Olas y más olas” invadí un terreno marino lleno de sencillez trabajada seriamente, y entre el ir y venir de las olas el tiempo se fue atemperando, como el agua fresca del bernegal, que logró apartar

el aire caliente,
sofocante,
ardiente,
¡ente!
¡ente!
Buff!!!

(** Otro alto, por favor: por cierto: ¿por qué nadie ha escrito un poema dedicado AL AIRE CALIENTE, cada vez más frecuente,

¡ente!
¡ente!
entre la gente?)

Así viene a suceder que la mirada de la escritora en la mañana calurosa de agosto nos descubre los detalles que no somos capaces de ver:

la orilla, donde lo inerte se llena de vida y significado,
la pareja que forman el Cielo y el Mar,
la marea que canta el verano del ayer,
la Luna, que también canta, y el Sol, que borra las huellas sobres las aguas…

Claro es que en este libro en torno al mar no podían faltar dos elementos importantes para el que escribe este “sencillo prólogo”, que se nos antojan sumamente interesantes.

Por un lado, la indefectible luz, con sus distintas tonalidades:

Mar azul
Peces de colores
Perlas azules
Conchitas de plata
Suelo de colores
Noches claras
Mar bardino

Todos esos matices, y otros más que en el libro se presentan, conforman en nuestro interior una paleta de colores contrastados, sumamente agradables: no es más que la luz que estamos acostumbrados a sentir y ver pero que somos incapaces de apreciar en todo su esplendor natural; por eso la autora nos la recuerda y nos la enseña. Es la luz de la estación más luminosa la que nos presenta Pepa Aurora.

Por otro lado, tratándose de “Olas y más olas” el sonido se hace necesario, imprescindible, para que el mar sea nuestro:

Escuchaban dulces nanas,
La mar en calma,
La brisa,
Sonoras mareas,
Escuchar el mar,
Risas, susurros,

Silencios y onomatopeyas varias que imitan el sonido de la máquina potabilizadora:

chas… chass
Crac… cataplón… plín
Chiss… chiss…

Ambos aspectos, junto a otras imágenes literarias, sirven a la escritora para presentarnos su mar, su visión particular, donde ningún detalle ha quedado al margen. Está lo que le ha interesado. Lo que dice no solo se entiende, sino también lo que queda sugerido. Y, en ocasiones, la sencilla descripción se convierte en crítica sobre la que la autora pasa ligeramente, pero señalándola, porque desea llegar a lo más importante: al ser humano, que en el poemario adquiere diversas formas:

Bravo capitán,
el mariscador,
El pescador,
Marineros,
Cielo y Mar, personificados,
Don Mar, Doña Mar…
Tú: “Sigue tú”, un poema encadenado.

Y el olor a mar al pasar las hojas, y los ojos…

Olas y más olas” es una gran avenida donde pasear: solo hay que pisarla con ganas pues una vez en ella el libro te acogerá en sus sueños, que, como debe ser, ignoran siempre el tiempo.

**Prólogo del libro de Pepa Aurora, Olas y más olas (Poemas), Diego Pun Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2014.

Actualizado el Domingo, 17 Enero 2021 16:20 horas.

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