LA BRISA DE LA BAHÍA (4). “El mundo está pafuera”


     Mi tía Ana, Anita Gil, lo decía con frecuencia: “el mundo está pafuera”. Y ella, además de sentirlo con sinceridad extrema, lo repetía con cierta frecuencia cuando las noticias del extranjero llegaban a sus oídos y en su imaginación reinterpretaba de forma muy personal. No sabía leer ni escribir y, en la España franquista que le tocó vivir, llevó una vida tranquila y sin hijos. Claro que en aquella España todo iba bien, apenas pasaban cosas y “pafuera” los acontecimientos se convertían en horribles. Ya saben: censura.


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     Sin embargo, el paso del tiempo va creando nuevas versiones de la misma expresión: Salamanca y Florencia son ejemplos claros de que la Historia no solo existe sino que, además, permanece. Y se verifica desde sus calles, sus iglesias, sus pinturas y esculturas y desde sus propias y particulares arquitecturas: es la demostración palpable de las intenciones y costumbres de determinados períodos históricos. Resulta llamativo, y hasta cierto punto sorprendente, que podamos traspasar los libros de texto: que lo leído y aprendido en el viejo Bachillerato resulta que verdaderamente existe.

Aquella novedad pedagógica, que sustituía perfectamente a las pizarras negras, primero, y verdes, después, no solo suponía un adelanto para la época, sino que dejó marcado en nosotros imágenes que años después pudimos comprobar que sí eran reales y que sobrevivían para indicarnos que la Historia seguía su camino.

Los que nos hemos educado en los años finales del franquismo, sabemos valorar, aun hoy, las diapositivas que el hermano Antonio Calvo, en el Colegio de La Salle de Arucas, nos proyectaba para explicarnos Historia del Arte. Aquella novedad pedagógica, que sustituía perfectamente a las pizarras negras, primero, y verdes, después, no solo suponía un adelanto para la época, sino que dejó marcado en nosotros imágenes que años después pudimos comprobar que sí eran reales y que sobrevivían para indicarnos que la Historia seguía su camino. No sabemos si “el mundo está pafuera” o no. Pero sí somos muy conscientes de que pisar calles medievales, contemplar cuadros y admirar esculturas no solo supone una especie de suerte para la mirada detenida, sino que nos hace sentir que el ser humano no todo lo ha hecho mal; no todo han sido guerras, luchas y prebendas y olvidos intencionados hacia el pueblo llano. Bien es verdad que nos llegan los nombres de los poderosos nobles de entonces; sin embargo, la nómina de artistas también es muy relevante. Y, luego, lo que Unamuno llamó “intrahistoria”: el impresionante ejército de seres humanos anónimos que ha poblado las ciudades y los países. De lo que se infiere, además, que la vida es la misma en todos los lugares; cambian los lenguajes y las costumbres propias; lo demás es común y universal.

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     No sabemos, como ya dijimos antes, si “el mundo está pafuera” o no. Pero sí somos muy conscientes del valor del aquí y el ahora. Y también resulta muy agradable pisar las calles, catedrales y museos que otros, hace siglos, construyeron y pisaron; personajes anónimos que con su espíritu contribuyeron a asentar la conciencia colectiva. El hecho de poder disfrutar de las nuevas miradas confirma que la Historia continúa, que la Vida es una e imparable y que el Viajar es un libro permanentemente abierto en el que aprendemos, sin apenas esfuerzo, al hojear (y ojear) las nuevas páginas.

Viajar sirve para mantener la conciencia crítica, el pensamiento personal y el criterio que nunca hemos de perder. Más que nada porque la Libertad está formada de miradas diferentes y todas ellas, unidas en la diversidad, sirven para respetar al otro, al distinto, al que no piensa como nosotros.

Así, en cada viaje, expandimos la mirada y abrimos la mente a otras interpretaciones. Y eso nos libera de estrecheces locales. Y, sobre todo, olvidamos desprecios y prejuicios que nos encorsetan la mente y nos convierten en vulnerables y miedosos para que los de siempre se aprovechen de nuestro trabajo y de nuestra mirada. Viajar sirve para mantener la conciencia crítica, el pensamiento personal y el criterio que nunca hemos de perder. Más que nada porque la Libertad está formada de miradas diferentes y todas ellas, unidas en la diversidad, sirven para respetar al otro, al distinto, al que no piensa como nosotros. Sí, se trata de mantener un criterio propio, sin engaños y sin mentiras, donde los verdaderos argumentos se sustenten en bases sólidas. Solo así lograremos avanzar y haremos nuestro “ese mundo de páfuera” que mi tía Ana confundía con una experiencia a veces enriquecedora y siempre distante. Y distinta. Y, hasta cierto punto, extraña.

     Pero no crean que fue infeliz. Para nada. Ella miraba a su alrededor y se adaptaba, y lo que no le gustaba no formaba parte de su conversación. Si no se hablaba, no existía. Y fue feliz. O, al menos, a mí me gusta creer que así fue.

     Y no tengo motivos para pensar lo contrario.

Actualizado el Domingo, 17 Enero 2021 16:20 horas.

1 comentario

  • Marcelo Peña Martes, 12 Enero 2021 07:40 Enlace al Comentario

    ¡Bravo, sr.Ferrera! Aire o viento suave: eso es lo que significa, según la RAE, el término "brisa". Y su discurso, una vez más, está cargado de esa brisa que acaricia y enmudece el alma.La Historia, la "intrahistoria", la libertad, la conciencia, el pensamiento crítico, el respeto y "viajar": todos estos son valores que usted resalta con maestría y, ¡cómo no!, con sabor literario.Reflexión y arte.

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