LA BRISA DE LA BAHÍA (9). "San Borondón" (I)

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     “Conformar una isla es lo mismo que dar vida a una leyenda.

     Así que San Borondón es la isla idealizada que llevamos dentro y que iremos recordando, desde este nuevo rincón de palabras, con nuestra cultura y arquitectura, con la riqueza de los lugares que aún permanecen en las realidades isleñas y que mantienen, a pesar del deterioro ambiental, la imagen de un pasado mitológico y legendario. Porque San Borondón es la sinfonía perfecta de nuestros anhelos, la calle que pisamos todos los días y los barrancos de la infancia, que, tristemente, se han ido urbanizando. Por eso, porque hay cosas que ya no tienen remedio, vamos a construir un nuevo espacio donde recuperar el lenguaje ecológico que emana de nuestro virgen paisaje y donde el andar detenido vaya avanzando por veredas que nos lleven a caminos no hollados en los que la vegetación aún saluda de forma natural, sin especies invasoras.

     Al inicio del barranco que atraviesa San Borondón, y que divide la leyenda en dos, divisamos una casona aislada que llama la atención del viajero. Parece ser que allí pernoctó, ha mucho tiempo, Viera y Clavijo. Dijo que la isla era una ilusión óptica. Y, por esa misma razón, en estos tiempos asirocados, la empezamos a construir.

     Sirva esta primera imagen como ejemplo de que la isla anhelada camina a nuestro lado.”

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     “La parte alta de la isla, ya se sabe, la Cumbre, adquiere durante el invierno, que aquí sí lo es, el tono verde que se aprecia en la imagen.

     La humedad, la tarosada, y las plantas regadas en el rocío de la noche aportan su grano de arena en una isla que mira a las demás desde la lejanía. Ubicada San Borondón más allá del archipiélago, casi en el centro del Atlántico, y como vecinas más cercanas La Palma y El Hierro, vive su vida en soledad. Por eso desaparece por tiempos cada vez más prolongados mientras nosotros, aquí, derrochamos energías en destruir lo poco que nos queda: las islas grandes han alcanzado su nivel máximo de destrucción: la invasión del tráfico, las grandes infraestructuras y los hoteles que han acabado incluso con las laderas sureñas han alcanzado su punto de locura.

     Así que a San Borondón no le ha quedado más remedio que esconderse, incluso en la Biblioteca del Museo Canario, según ha dicho su experto bibliotecario.”

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     “Cuando la bruma se eleva y no regresa hasta la tarde, el verde recupera su espacio.

     Y yo, la isla ansiada, me encuentro más tranquila en mi soledad. Ojalá pudieran venir por aquí los canarios de al lado; pero será mejor que sigan en sus islas y encuentren el camino de la regeneración y del desarrollo sostenible, como se dice ahora. Yo, San Borondón, sobrevivo gracias a mi capacidad para escabullirme entre los pasajes de la historia y las ilusiones de las leyendas. Así es mejor. Aunque me gustaría tener más vida a mi lado. De momento no es posible. Todavía han de pasar algunos años hasta que el seísmo se produzca. Pero, claro, los canarios no lo saben: andan tan preocupados en minucias que la calima y el siroco les impide ver el conjunto. Solo hablan y hablan, pero las soluciones no llegan a materializarse, como dicen por allá.

     Yo, de momento, sigo aquí, tranquila, ofreciéndoles imágenes de una isla misteriosa y legendaria. Hasta mañana”.

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     “Me lo han dicho en otras ocasiones: desde la Cumbre de mi isla puedo ver, a veces, las otras, sobre todo las más altas.

     Pero, por mi corta mirada, mis preocupaciones están constantemente a nivel de playa o de barranco. Siempre estoy atenta y vigilando por si vienen los nuevos conquistadores. Y no vendrán en los viejos navíos de hace quinientos años. Los métodos, y los medios, han cambiado y ahora podrán arribar en silencio, sin aspavientos ni ruidos. Y no me gustaría engullir a nadie. Ni provocar catástrofe alguna. Primero, porque no es mi estilo. Y segundo, porque no quiero romper el mito en que me he convertido. Deseo ofrecerme en la esperanza más duradera y en el anhelo que se mueve en el interior de mis vecinos y paisanos.

     De momento solo muestro algunos paisajes de San Borondón.

     Sí, sé que son casi conocidos.

     Pero todavía no ha llegado el tiempo en que se den cuenta.”

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     “Mis rincones tengo, y este es uno de mis preferidos: entre el cielo azul y la tierra seca.

     Como siempre, en la Cumbre, el lugar ideal en el que la isla se aprecia en su esencial trascendencia. Y donde los rincones más insospechados reflejan bellezas diferentes y únicas y la humildad adquiere su valor verdadero. Y esto que hoy les propongo solo es una muestra pequeña que encierra un mito y un deseo, aunque muchos aún no se han dado cuenta. Pero todo llega. Y cuando yo, San Borondón, emerja en el mar, entre sombras y nubes rodeadas de Alisio, hablaremos de un tiempo mejor donde la Naturaleza prevalezca por encima de todo.

     Pero aún el terremoto está por venir

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