LA BRISA DE LA BAHÍA (17). La orilla de mi casa


     La orilla de mi casa se encuentra en el cuarto de la azotea, donde escribo. Y sé que es la orilla porque los libros están cerca, porque me regalan un mundo desconocido y porque, a través de ellos, siento que cuando leo realizo algo distinto y especial; aunque no sea consciente del todo.


OrillaLibros

     Y ese sencillo acto me pone en contacto con los lejanos antepasados que, en las tardes de marzo, por ejemplo, llenaban sus horas con la lectura. Y con los actuales también, a los que, por supuesto, desconozco. Así que entro en un mundo extraordinario: largo en la estrechez del cuarto, en el que el silencio casi es permanente y la imaginación parece que se abre, que se expande y llega hasta la montaña de Lomo Jurgón, que diviso a través de la ventana. A veces oigo las palabras de mis vecinos, como susurros lejanos de conversaciones privadas. Pero no las escucho. Y pienso que la vida, a mi lado, transcurre de otro modo. Y, sí, he descubierto la orilla de mi casa: en ocasiones es un mar adverso, como el Tirreno; en cambio, en otros momentos, la arena rubia y mojada habla de libertades y aventuras en los confines del Sur. Todo depende del libro, donde el dedo índice también lee. Algunos se han puesto viejitos, pero aún sus páginas resisten el paso del tiempo. Sí, de eso se trata: de resistir para ampliar la mirada y poder descubrir, después, con pachorra isleña, los caminos aún no hollados.

     Resistir para vivir.

     Nunca habría imaginado que la orilla de mi casa estuviera tan cerca. Bueno, en realidad, ni siquiera lo había pensado. Por eso, si miran con detenimiento la imagen, podrán descubrir lo que les digo: que los libros siguen siendo uno de los mejores inventos de la historia. Por comodidad, por sencillez y por su capacidad de llevarnos de paseo por los lugares más insospechados, porque son ventanas permanentemente abiertas. Y, ahora, en pleno siglo XXI, los libros de páginas aguantan la batalla tecnológica: otro sufrimiento. Sin embargo, como lo importante es leer para poder alcanzar la orilla, da igual el formato. Porque el valor es la lectura, la imaginación, el alfabeto, el escritor, la perspectiva… Y todos los elementos y factores que ustedes les quieran añadir. Yo, de momento, con la estantería, la ventana, el flexo y el libro, creo que puedo acceder a la playa sin problemas: es como llevar el bañador, la toalla, el protector, la sombrilla…

     Y, por supuesto, la imaginación, para que nadie me la sirva ya elaborada, como si de una película se tratase. Prefiero imaginarla, disfrutarla y dirigirla personalmente, que, como les dije antes, es una manera de resistir.

     Y sentir que las páginas me devuelven las mejores palabras y me zarandean en un mundo al que accedemos poco a poco y en silencio.

      Solo los ojos hablan.

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