LA BRISA DE LA BAHÍA (34). El río

El ríoA

1.

     “Me acerqué a la orilla del río, el primero que veía en mi vida, y contemplé una especie de espejo en blanco y negro donde el matiz de lo grises no solo me fascinaba sino que, además, avivaba mis dedos ante el teclado mientras que la imaginación se disparaba, hasta que tropezaba con el Lomo Jurgón, donde ya solo quedaba como último recurso mirar al cielo, por cierto, también gris como el que muestra la imagen.”

2.

      “La conclusión es sencilla: el gris es universal y en su desnudez brilla con intensidad propia del que ha llegado a la vida para abrazarla. Es lo que tiene la imaginación: que las palabras, en ocasiones, surgen al ritmo de una nube o de un cielo encapotado que se extiende sobre toda la ciudad. Es lo que disfrutaremos los próximos meses. Aunque conociendo el lugar, no es de extrañar que algún día se convierta en azul permanente, como para saludar o engañar la mirada que se interpreta triste en el horizonte cercado.”

3.

      “Allí, en aquel río, la perdí. Yo la sentía lejos, retirada en un mundo abisal sin luz y sin vida. Cuando contemplé su mirada, que había cambiado al compás de los ritmos no bailados, comprendí que una nueva etapa se abría paso. El principio del fin se adivinaba en unos ojos tristes, donde el color se iba difuminando en aquellas aguas tranquilas y monocromas que bajaban al mar con asombrosa lentitud.”

4.

      “Hasta entonces solo había visto los ríos en los libros de texto. Era la primera vez que mi vida avanzaba o casi se deslizaba, como si en la nieve estuviese, por un camino que se estrechaba. Poco después se convirtió en vereda delgada para desembocar no en un mar abierto sino en otro sendero que, al lado del barranco, rodeado estaba de cañas que ya nadie cortaba. Por eso ahora escribo mirando al Lomo Riquiánez, que resulta más abierto y ligero.”

5.

     “Pero los ríos tienen puentes: caminos que van y vienen como las olas de espumas blancas del incansable mar. Ese camino de ida y vuelta abrió la esperanza y le dio forma de ligera sonrisa al comprender que no todo estaba perdido. Y me agarré a una de las orillas fuertemente para poder continuar por aquel sendero, que antes había sido vereda y, al principio, camino abierto y alegre. Por él logré avanzar en una lucha constante de testarudez y pachorra isleña en un país enorme y hermoso. Y solo la Historia que rodeaba el lugar me ayudó a equilibrar la existencia. Sí, la cultura había logrado sembrar debidamente el terreno y comenzaba.

     Sí, sí: la esperanza.”


 

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