LA BRISA DE LA BAHÍA (46). Las cosas, en su sitio



     De eso se trata: de reforzar la cotidianidad y mantener las cosas verdaderas en su sitio. Y, sobre todo, no transformarlas en mensajes de texto o en imágenes que corren por las redes sociales a velocidades vertiginosas buscando el “me gusta” de turno que, además, dé tranquilidad y seguridad; solo aparente, claro.



CosaSitio

     Si queremos mantener las cosas en su estado original, debemos mandar a tomar por saco el teléfono móvil: verdadero depredador que nos roba el tiempo libre y nos obliga continuamente a tenerlo entre las manos, como si fuera una prolongación natural del ser humano. Y no es así. Nunca es así. Ese artilugio digital, fruto del capitalismo más feroz e intensamente devastador, ha venido para quedarse; ya lo sé. Sin embargo, tenemos que ponerlo en su sitio y no renunciar a los hechos, gestos, acciones y circunstancias que definen a las personas. Y que nos distinguen. Las costumbres de siempre siguen siendo válidas y auténticas: el mirar a los ojos a nuestro interlocutor, leer en el parque, hablar con los amigos y conocidos en las calles, saludar, conversar… ¡Todo eso, y más, no puede desaparecer porque unas grandes empresas tecnológicas nos hayan robado hasta el alma! ¡Y encima no pagan debidamente los impuestos que deben!

     Mientras escribo este artículo, un domingo por la tarde, el móvil no deja de sonar con mensajes nuevos. Es verdad que es un gran adelanto e imprescindible resulta en la sociedad de hoy. Pero tengo para mí que lo hemos endiosado más de lo necesario. Y hasta sustituimos las bellas palabras por emoticonos porque ni paciencia tenemos ya para elegirlas serenamente. Por eso las estanterías, tan sencillas y humildes, representan valores universales: las cosas deben colocarse en su lugar y, desde allí, expandirse según las necesidades. Así que no nos queda otra que ubicar al dichoso teléfono aunque sea en una balda improvisada: una especie de prisión con su horario y presencia marcados. Tal vez así recuperemos paz, tranquilidad, sosiego y, sobre todo, reflexión para poder pensar en qué momento de nuestras vidas nos encontramos. Convencido estoy de que cuando ponemos en marcha nuestras aficiones, algunas otras logramos alcanzar: detener el tiempo y disfrutarlo tal vez sea lo primero; lo segundo: mirar a nuestro alrededor y observar a los que en nuestro camino se cruzan. Y tal vez el hecho de contemplar lo que nos rodea sirva de luz en este sendero de la existencia. (Quizás los Clubes de Pensionistas, por ejemplo, deberían abrir ya).

     En estos momentos de la epidemia es imprescindible reanudar el contacto de la charla, de las risas, de los recuerdos y regresar a la mirada del otro. La presencia física debe recuperar su sitio. Más que nada para que la vida encuentre su razón de ser.

     Y así un día y otro y otro…

Juan FERRERA GIL


 

Actualizado el Jueves, 28 Octubre 2021 14:36 horas.

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