LA BRISA DE LA BAHÍA (55). Tiempos chicos

55. Tiempos chicos

De cómo los tiempos chicos se han diluido como un azucarillo en el café de la tarde.

Allí, entre su negrura aromática y la imagen de unos niños que ya no lo son, al lado del ordenador en el que escribo, se encuentra la enmarcada foto; foto que se ha ubicado en su lugar y, al observarla detenidamente, descubrimos con asombro que la felicidad ya pasó.

Es la felicidad apenas un instante: nunca somos conscientes de que a nuestro lado está: obsesionados con el transcurrir diario no llegamos a percatarnos de su cercana presencia. Siempre pasa lo mismo. No hay manera de aprender. Quizás sea el sino de los humanos: buscar y buscar la felicidad y, cuando ya la hemos encontrado, ni siquiera somos capaces de percibirla y, menos aún, de disfrutarla. Continuamente miramos para el lado equivocado: si Agarfa no quiere mirar, no hay nada que hacer.

¿Hay tiempos chicos y tiempos grandes? Solo llegamos a suponer que, con el ritmo vital de estos años asirocados, se nos ha escapado por las alcantarillas no solo el espacio de nuestra infancia, y el de ellos también, sino que, además, se ha desvanecido ese instante mágico que ha quedado desleído en el café vespertino junto al pan bizcochado, que, agarrado al sabor negro y caliente, adquiere la sensación de una existencia que, aunque la deseemos, no volverá. Así debe ser: de lo contrario seríamos unas caricaturas, desposeídas de toda personalidad, incapaces de materializarnos.

No llegamos a averiguar si la lectura lenta y detenida del penúltimo libro contribuye a la fortuna espiritual; desconocemos si la Literatura tiene algún sentido más allá de “matar el tiempo” (perdonen la expresión: a mí tampoco me gusta); ignoramos si vale la pena seguir mirando los escaparates buscando el libro que aún no hemos escrito. ¿Para qué tanto alboroto y enfado puntual?

Al final, el sencillo y cotidiano gesto de mirar una fotografía, que se ha convertido en exclusividad momentánea, viene a colocar las cosas en su sitio y se instala en la imaginación del que mira: reducto casi virginal y oculto a los otros.

Son las fotografías en papel la visión exacta y precisa de nuestra historia familiar.

Y de un tiempo que se ha atenuado en el mar, donde las olas imitan la vida entera.

1 comentario

  • Natalia de Armas Lunes, 03 Enero 2022 13:36 Enlace al Comentario

    Agradecida de comenzar los primeros días de este anhelado año 2022, con la caricia de tus letras Don Juam Ferrera Gil, Maestro de la palabra.
    Con amistad, cariño y admiración:

    Natalia de Armas H.

    FELIZ AÑO NUEVO.

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