Microrrelatos. Disipe su ira sin violencia (a terceros)

GQB2015Enhorabuena.

Si usted tiene este manual entre las manos es porque sabe de las bondades de la violencia, de su poder catártico, de la sensación de poder que emana de quien la emplea… pero tiene el autocontrol suficiente como para no querer ejercerla sobre terceras personas.

Seguramente usted ha sufrido la violencia en sus carnes. Si transitó por la infancia y la adolescencia entre las décadas de los 70, 80 e incluso a principios de los 90, es muy probable que más de un maestro de escuela aplicara sobre usted el aforismo de que «la letra con sangre entra»; que alguno de sus progenitores le diera «una hostia a tiempo» para que no «se saliera del plato»; o que, sencillamente, se enfrascara en alguna pelea con sus iguales. Sabe, por tanto, que ser destinatariode la violencia no es nada agradable. Por norma, suele ser muy doloroso. Y a nivel psicológico, traumático. Y usted no quiere traumatizar a nadie.

Eso le honra.

Pero, ¿qué hacemos con toda su rabia? Sea usted alguien a quien atormentan las grandes tragedias de nuestro tiempo, sea alguien a quien solo le afectan las cuestiones del día a día, usted necesita desahogarse. Todos lo necesitamos. Y no sabemos: vivimos anestesiados por una oferta de ocio infinita, por la distracción constante de las redes sociales, las aplicaciones móviles y las relaciones humanas de usar y tirar. Mientras nuestro mundo promueve, alimenta y glorifica la rabia (hacia los demás y hacia uno mismo), censura su manifestación, o solo se nos permite exteriorizarla mediante publicaciones en Facebook, Twitter e Instagram. Según los últimos estudios, esta situación, a largo plazo, genera un malestar físico y emocional que desemboca en todo tipo de enfermedades, sobre todo mentales. En dichas circunstancias, se vuelve más necesario que nunca canalizar nuestra rabia para llevar una vida saludable, digna.

Una vida que merezca ser vivida.

«Anger is a gift», proclama el cuarteto norteamericano Rage Against The Machine en su canción Freedom, y desde MalaLeche S.L. creemos que tienen razón. La ira es un don. La ira, bien gestionada, es liberación.

No queremos pecar de ingenuos puesto que usted tampoco lo es. Aquí no encontrará guías de meditación, frases inspiradoras ni referencias bibliográficas a Paulo Coelho o Jorge Bucay. No. Desde MalaLeche S.L. sabemos que la mejor forma de dar salida a la rabia es mediante la violencia, preferiblemente física, aunque también verbal. Y aunque esto nos sitúa a priori ante un dilema de difícil solución (porque, como ya hemos dicho, no deseamos ejercer la violencia sobre otras personas, mucho menos sobre aquellas a las que amamos/respetamos/tememos), la solución es bien simple:

Deberá ejercer la violencia sobre sí mismo.

No se preocupe. Siguiendo las instrucciones de este manual usted conseguirá aplicar la cantidad justa de violencia sin hacerse más daño del necesario (naturalmente, nuestros métodos no permiten salir ileso), obteniendo todos los beneficios que la violencia proporciona a quienes hacen uso de ella. ¿Increíble? Siga leyendo…

CONTINUARÁ.

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