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Microrrelato. "Viento"

Josefa Molina2A los niños víctimas de la guerra,
de cualquier guerra.
Cada mente encierra sus propios infiernos.

Tal vez fue el viento. No lo sé aún. Y creo que nunca lo sabré. La vida tiene estas cosas. Estas idas y venidas, este acontecer sin escrúpulos, esta ruleta egoísta que rueda y rueda y te aplasta en su camino, estos caprichosos vaivenes del viento que un día te permiten estar y ser, y otros días, sin más, te convierten en invisibles.

Tal vez fue el viento. Todavía no tengo explicación y, sinceramente, tampoco creo que sea necesaria. De pronto, llegó una ráfaga de aire, azotó con fuerza mi cuaderno de geografía y lo tiró al suelo quedando sus hojas esparcidas por el salón. Y entonces, todo explotó.

No logro recordarlo muy bien. Y no consigo que me lo expliquen. Ni yo misma sé por qué cayeron los lápices de colores, por qué se rompieron los cristales de las ventanas, por qué mi muñeca preferida acabó hecha pedazos ni por qué, en algún sitio lejano, un llanto infantil se ahogó, naufrago, en la noche.

No recuerdo apagar las luces. No recuerdo haber dormido ni haber utilizado el baño. No recuerdo decir adiós a la abuela ni dar las buenas noches a mi padre. No recuerdo que amaneciera...

Es extraño. Es como si hubieran borrado mis recuerdos más pequeños y con ellos, mis sensaciones, mis sentidos, mis olores, mis sueños de ser una niña cualquiera en un país cualquiera.

Cuando abrí los ojos, estaba sola en medio de aquel caos. Todo era cristales rotos, muebles aplastados, cuerpos apresados bajo los trozos de muros que antes habían sido mi casa. Solo pude reconocer la foto de mamá feliz y confundida el día de su boda. Era muy joven, casi una niña, como yo.

Aún conservo esa foto. La guardo siempre conmigo, pegada a mi latido. Es lo único que reconozco como mío, lo único que insiste en que todavía esté con vida si es que a ésto se le puede llamar vida...

Después ya no vi nada más. Cerré los ojos y todo quedó sumido en un profundo silencio. No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que sentí cómo unas manos tiraban de mi cuerpo y me sacaban de entre aquel amasijo de hierros.

Tal vez fue el viento. Uno fuerte, uno cruel, uno con forma de frío acero, que cayó del cielo y destruyó mi calle, mi barrio, mi ciudad, mi vida.

Desde ese día duermo bajo tiendas de plástico, muy lejos de casa, sobre frías tierras de nadie. Somos cientos, miles. Familias enteras que también sintieron cómo el viento un día les cayó encima. Caminamos de un lado para otro buscando no sé muy bien el qué. Nadie pregunta por mis padres, nadie pregunta por mis hermanas, nadie pregunta por qué viajo sola en este incomprensible éxodo.

Algunas noches consigo dormir. Pero, otras, me despierto gritando; abro los ojos y escucho un terrible llanto ahogado; es mi llanto, el mismo que escuché aquella lejana noche.

Tal vez fue el viento. No lo sé; quizás algún día lo descubra pero eso ya no me preocupa ni me da miedo. Lo que de verdad me preocupa, lo que de verdad me angustia, es no poder encontrar jamás, nunca, el camino de vuelta a casa.

4 comentarios

  • Juan
    Juan Lunes, 02 Abril 2018 08:12 Enlace al Comentario

    Sí, sí: el viento de la sinrazón. Enhorabuena!!

  • Josefa Molina
    Josefa Molina Domingo, 01 Abril 2018 17:01 Enlace al Comentario

    Mil gracias, Teresa Vera, por la lectura y dejar comentario. Saludos.

  • Josefa Molina
    Josefa Molina Martes, 27 Marzo 2018 10:11 Enlace al Comentario

    Mil gracias, como siempre, a Infonortedigital por dar un espacio a la creatividad literaria.

  • Teresa Vera
    Teresa Vera Lunes, 26 Marzo 2018 20:12 Enlace al Comentario

    Sobrecogedor. Gracias, Josefa.

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