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Microrrelato. "Salcaiando con Pepe Monagas"

TeresaVera Mastro Manuel el guirre, que tenía la uña del dedo chico más larga que un silbío, ustedes lo tienen que conocé. ¡Que sí hombre, vecino de Pancho el Lambío! Se levantó ende el alba porque la mujer lo mandó al mercadillo de Arguineguín a comprarle dos pichones a Juanito el Palomero.

-¡Que te los mate allí mismo y tu los veas para que no te vaya a meter tórtolas!

En resulta que, el hijo llevaba unos días tullío y como no levantaba cabeza los mandó a comprar pa ver si con un caldo pichón se recomponía un poco, el pobre chiquillo.

-¡Tira pallá y ni desayunes! ¡Allí cuando llegues te echas un cortaíto en el bar Kruger, querío! ¡Y no te estés!

Fue tieso nuestro hombre a la pará, a esperar a la sombrita del nogalito que está en el Puerto de Mogán pa ser el primero en subí y arregostarse a la punta alante con el chófe y Domingo el cobrador. Por ir alegando un pizco, porque todos los viajeros de ahí patrás serían extranjeros.

Llega Pepito, el chófe:

-Buenos días mastro Manuel ¡Quiere un cigarrito?.

-No gracias, fumo Kruge.

Nuestro hombre, se quedó en el suelo fumándose el cigarro mientras Pepito el chófe y Domingo habilitaban lo suyo. Y en esta que, por la cuestilla pabajo vio aparecer una jurria de extranjeros con prisa pa coger también el cochedihora.

-¡Jesús Maríasantísima! Si esta jurria va pa la playa nos salvemos pero como cojan la guagua no llegamos hoy a Arguineguín.

Pues en resulta, que al corre-corre pegaron a subirse al coche sin más cuidao.

-¡Eh! ¿Pi esto que es? ¿Pa qué madrugué yo?

-¿Arguéneguen? ¿Arguéneguen? ¿Marquet Arguéneguen?

-¡Siiiii! ¡Pero la cola, de aquí patrá!-dijo el guirre señalando con el pulgar su espalda-.

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En esta que, ya mastro Manuel subió y se arregostó en la butaca que hay detrás del chofe; porque queda a la sombrita, que sabía bien que por ahí pallá hasta llegar a Arguineguín el sol pega con fundamento por el lado de la marea. Luego, detrás de él, ya empezaron a subir aquellos extranjeros coloraos del sol, con esas greñas, buscando las monedas del bolso que estaban debajo de la pelota de la playa, la pala, el rastrillo, la untura del sol y la toballa, por ese orden, pa pagar el tique.

-¡Ay mi madre mi alma! ¿Tanta prisa pa esto? Siempre se dijo que entre más prisa más detenencia, cristiano.

Y arranca esa guagua.

-¡¿Eh, chófe?! Hoy tenemos calima, chófe.

-Si, sí, hoy vamos a pasar caló.

Y venga parriba esa guagua. Cuando iba pasando por la Puntilla de Mogán, detrás de Domingo el cobrador iba uno que entre el mareo por la altura y las tres botellas de ron de Arucas que se jincó -porque se le veía desde la lejetú la jumacera que traía- pega aquel hombre a mecerse palante y patrás en aquel sillón de escay de color calabaza, rembalándose y con aquella revoltura parriba y pabajo, pabajo y parriba. ¡Que sé yo! Descolorío estaba aquel pobre.

-Domingo, mi niño, quítese de ahí -le dijo Manuel al cobrador- arrejálese pacá porque este va a echa tó parriba y le va a enchumbá la camisa bañándole desde el pescuezo, ¡Ay mi madre mi alma! Este viene to tarosao.

-Mastro Manué -dijo el chófe- haga el favó y dele el balde que nos va a dejar esto hecho un desastre.

A la altura de Medio Almud, tuvo Pepito que arrimar la guagua pa que aquel endevio vaciara el balde. Allí dentro, por el caló y el olor tan finito que se le colaba por las narices hasta al de la punta atrás, o al que más o al que menos, todos ya sabían por qué había parao la guagua.

Con el pizco de agua que le dio Pepito pa que se refrescara los besos y ondiara el balde aquel hombre parece que cogió resuello.

-¡Cristiano, arranque ya, que se me acaban los pichones! Con este caló me los voy a encontrar sancochaos. ¡Arrejunda pallá, hombre!

Pasando por Tauro, Pepito, le tocó la pita a aquellos hombres que con aquel levante alistaban esos camellones ¡Vemaría, derechiiiitos! En la punta del surco ahí estaba Regorio el murgo echándole el buche al porrón. Aquel porrón fresquito forrao con tela sacopapa ¡Mojaiiíto! ¡Fuerte gloria bendita!

Ya en llegando a Puerto Rico se veía desde el mismo cruce aquel gentío esperando desesperaos para ir al mercadillo; como si se les fuera a ir del sitio ¡Mistejeso!

- ¡Jesús Maríasantísima! ¡¿To eso lo va a meter usté aquí, Pepito?!

-Ahí la vamos rejuntando.

Y venga Domingo a cobrá a toda aquella gente engrasá como pollos preparaos pa jincarlos en un horno, tos caldiaos.

-¡Venga Pepiiito que se me acaban los pichones!

- Espere un pizco, que entoavía cabe uno más

Y arraaaanca ese hombre de Puerto Rico pallá, aquel motooor que no daba pa más ¡Runn! ¡Runn! ¡Runn!. ¡Una agoniiiía! deseando ya llegar al túnel de Agua la Perra pa coger un pizco sombrita.

- Pepito, aquí no se puede viví. Haga el favó y abra la puerta pa que entre el fresquito que el caló y el totufo a queso duro va acabar con nosotros.

-¡Si, hombre! ¡Claro que sí!

Abre aquel hombre la puerta y aquel revuelo que se formó, no de aire sino de alegría ¡Ditoseadió! Eso no es pago con dinero, caballeros y caballeras.

Entoavía sin llegar a la bajá de Balito entró una corriente de aire que daba hasta sentimiento. De repente se alongó al chófe un extranjero diciéndole:

-¡Closdedó, plis! ¡Closdedó,plis!

- ¡Que somos muuuchos! ¡Ya vamos a llegaaaaa! ¡Fai mini!- le contestó el chófe-.

Ya en Arguineguín, en la parada del Bar Kruger pega la guagua a descargar toda aquella maná que iba tiesa al mercadillo ¡Ño! ¡Nos quedamos solos, compañero!

Mastro Manué- dijo Domingo el cobrador- vamos a echarnos un buche café que entoavía a nosotros nos queda un buen cacho pa llegá al Hoyo.

¡Noooo, gracias, que con tanta gente pal mercadillo hoy vuelan los pichones!

Un saludo a los dos protagonistas reales -Pepito y Domingo- de una historia ficticia; o no.

Foto de Román Valladares

1 comentario

  • Juan Dávila-García
    Juan Dávila-García Lunes, 11 Junio 2018 08:21 Enlace al Comentario

    Simpatico relato, conocí personalmente a Pepe Monagas, y a pesar de sus cosas era un hombre muy serio. Recuerdo verlo en el Suizo en el Puente Palos, junto a otros actores de la época, el humorista también, Rafael Quevedo al rapsoda, Antonio Martín, el tenor, Chano Ramirez, músicos, poetas, escritores, etcétera. El Suizo era el refugio de la mayoría de los intelectuales de Las Palmas, Victor Doreste, algún miembro de la familia, Millares, músicos de la talla de, Agustin Conch, Luis Prieto, Rafael Jaimez, Manolo Moreno, Ignacio Ossorio, el chansonier internacional, Rafael Cordero, y muchos más, eran tiempos de bonanza en las artes canarias.

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