Microrrelato. "Memorias del futuro"

fernandotoscanobenitez1 de enero de 2025

Tan sólo hace ocho meses que el colapso del glaciar antártico se consumó. Tal y como vaticinaron los científicos, el nivel del mar subió, y ya va por dos metros. Se espera que a lo largo del año suba uno más.

Los primeros meses ya empezaron a anegarse vías deprimidas, como el acceso a la calle Pérez Muñoz en La Isleta, la entrada al Parque San Telmo, los túneles de Julio Luengo...

Las autoridades hacían lo que podían, con bombas se trataba de achicar el agua, mientras sólo eran unos centímetros, pero a los tres meses del desastre arrojaron la toalla y dieron la batalla de las comunicaciones viarias por perdida. No en vano había que afrontar otra mayor.

Desde hace dos meses, las labores de estiba y desestiba de barcos de provisiones, sólo se pueden hacer con marea baja, y con gran dificultad porque la salitre empieza a hacer mella en la maquinaria de las gruas, que además se ve afectada por los cortes de luz cada vez más constantes.

El desequilibrio energético debido a la inundación de la central térmica de Jinamar no sólo provoca cortes de luz, sino que además tampoco hay agua potable para abastecer a la ciudad, aunque sin gasoil que entre por el puerto tampoco se puede hacer mucho con la otra central de Juan Grande.

El agua de mar ya llega a 20 centímetros por toda la Calle Albareda, y se necesitan botas de agua para caminar por la calle y entrar a las casas.

Quizás todo esto sea lo de menos, pues desde que se consumó el desastre empezó la locura. El desabastecimiento llevó casi de inmediato al pillaje, y aunque la maras sólo actuaban al amparo de la noche, la falta de vigilancia por una policía y un ejército desbordados, lleva a que también de día se produzcan episodios de violencia.

La primera violencia fue más silenciosa. Sólo la sufrían los enfermos dependientes. Las máquinas de diálisis, de quimioterapia, las incubadoras, etc. dejaron de funcionar y poco a poco los más debiles se fueron quedando por el camino.

Esta semana han advertido que ya no queda Sintrom en las farmacias.

Lo primero que hace todo el mundo cuando una casa queda abandonada es rapiñarlo todo en absoluto, aunque lo único con valor en esta situación es la madera de la carpintería, para hacer fuego durante la noche. Si de paso alguien caza algo que se mueva, igual hasta come caliente.

También hace tiempo que no hay recogida de basura. El hedor al principio, mezcla de mierda de las cloacas que rebufaba con la marea, y la basura que nadie recogía. se hacía insoportable, pero ya me he acostumbrado.

Ya nadie recuerda que tan sólo hace muy poco tiempo esto era "el paraiso" y que hasta 4 millones de personas venían al año a esta isla a pasar sus vacaciones.

El aeropuerto, sin luz y anegado de agua en sus pistas no funciona ni cuando hay marea baja.

Pienso que quizás sería mejor irme a la medianía, a buscar refugio en algún lugar pero no acabo de decidirme.

Igual la mejoría va a peor luego...

PD: Cualquier parecido con la realidad futura que nos espera será pura coincidencia.

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