Microrrelato. "La niña que perseguía el arco iris"

Erasmo Juan Delgado DomínguezEl placer de Ioana era salir al campo y cortar las flores más delicadas para regalarlas a su madre.

Lo hacía algunas veces por la tarde, cada vez que se acercaba al florero y veía que se estaban estropeando.

Disfrutaba recorriendo los senderos de la campiña y hurtando a la naturaleza los vivos colores que las flores le obsequiaban justo cuando el esplendor de la primavera estaba a punto de romper.

Recogía margaritas, violetas, lavandas y muchas más a las que unía algunas hojas de helecho.

Ya, en casa, retiraba las viejas flores del jarrón y ponía las nuevas. Luego iba a casa de alguna amiga, unas veces a jugar y otras a hacer los deberes escolares.

Trataba de que el ramo fuera de lo más hermoso y , cuando encontraba alguna flor extraña, sí, de esas menos frecuentes, la unía a las demás. Una vez se topó una adormidera preciosa, la cortó para su ramo y, a medida que iba recogiendo otras flores, la adormidera se fue deshaciendo de sus delicados pétalos. Cuando Ioana se dio cuenta sitió una profunda tristeza y comprendió que hay flores muy delicadas que están hechas para disfrutar de ellas estando en su propia planta. Se prometió a sí misma no cortar una una flor más como la adormidera o como la amapola porque están hechas para venir al campo y deleitarse con ellas allí, donde han nacido.

Pero su empeño era siempre el sorprender a su madre con la flor más rara, más original.

Una de las tardes primaverales, la llovizna le hizo desistir de su paseo. Se acercó al jarrón y vio que había que cambiar el ramo. Las flores ya estaban mustias.

Nada, me iré a casa de Pili. Ella tampoco puede salir con la lluvia.- Pensó

Pero al salir la lluvia se había disipado y un hermoso arco iris se presentó ante sus ojos.

-Pues hoy no traeré flores. Voy a sorprender a mi madre con un regalo que no espera.

Había decidido cortar un trozo de arco iris para ponerlo en el jarrón.

Y era tarea fácil estaba muy cercano. Uno de sus extremos se apoyaba en una vaguada cercana.

Con inquietud y con miedo se dirigió al lugar. Y digo con miedo porque le había contado muchas leyendas. Le había dicho que quien orina el arco iris cambia de sexo. Le habían dicho también que cuando alguien va por el campo y cruza el arco iris, si es un niño se hace mayor y si ya es mayor se vuelve niño.

Pero todo eso son historias y, aunque fuera cierto, ¡cuánto daría por poner en el jarrón de la cómoda de su madre un pedazo minúsculo de los siete colores!

Allí en la vaguada lo veía al alcance de su mano y no iba a desaprovechar la oportunidad. Y, cuando llegó al lugar, el arco iris se había trasladado a una suave ladera.

Aún puedo cortarlo. No voy a desistir.

Y subió por la pendiente.

-¿Pero por qué te alejas cuando yo te sigo? ¿Por qué no esperas a que yo llegue? – Le dijo cuando lo vio en la cúspide de la colina

Iona se sentó en la hierba. Cansada. Miraba como el arco se iba diluyendo poco a poco invadido por unos negros nubarrones.

La niña desistió de su empeño; volvió a casa. Sin arco iris, sin flores, sin visitar a Pili y con las sandalias llenas de barro.

Deja un comentario

Esta es la opinión de los lectores, en ningún caso la de infonortedigital.com. No se permitirán comentarios ofensivos o contrarios a las leyes españolas. Tampoco se permitirán mensajes no relacionados con el tema de la noticia.
El envío de comentarios supone la aceptación de las condiciones de uso.

volver arriba

Noticias

Municipios

Suplemento