Microrrelatos: "Mi particular máquina del tiempo"

TeresaVera Programé el temporizador. Dentro de ocho horas estaría de vuelta.

Me llamó la atención la oscuridad absoluta; bueno, no tan absoluta. Al mirar al cielo lo divisé lleno de estrellas. Millones de ellas, con una nitidez que ni el mejor objetivo pueda capturar. Un cielo limpio, como limpio respiré el aire del mar que reconocía mi membrana pituitaria como un olor ancestral, que ya casi no se percibe. He de decir, que la paz que sentía al oír, a lo lejos, las olas muertas que amasaban con espumosa suavidad la arena de la orilla, fue roto, de pronto, por una buena bandada de pardelas. Ese bendito ruido de la naturaleza que ha ido desapareciendo de nuestras playas, se me antojó un canto de sirenas; para desgracia de aquellos que seguramente estarían oyéndolo desde el mar.

A lo lejos, en el horizonte y bajo la débil luz que ofrecía las estrellas, o sea, nada, observé una silueta, como un espectro. Mis ojos ya adaptados a la negrura de la noche confirmaron que no solo era una sombra, sino varias. Una nave nodriza, enorme, anclada a lo lejos y varios de sus satélites se acercaban de manera sigilosa hacia la costa.

A mi espalda oí un pequeño revuelo, como un aire. Algo ligero. No sentí miedo porque sabía exactamente lo que iba a ocurrir pero me sentí maravillada porque no ofrecían a mis oídos sonido alguno; solo ese ligero movimiento del aire, sí, ese, en el que sientes que algo se mueve a tu alrededor; pues hasta ahí.

Me voy hasta el acantilado que, mirando hacia el mar, está situado a mi izquierda. Me ofrecerá una vista, dentro de lo que cabe, de primera mano. La playa está desierta pero sé que hay mucha gente escondida entre los matorrales. Sin duda, lo que hoy llamamos el Golfo de Santa Águeda es un lugar estratégico para una defensa que a todas luces promete victoriosa.

fototeresavera

Desde mi posición observo varios frentes. Justo encima mío, en lo alto del acantilado, una tropa bastante numerosa. Al lado de cada guerrero estan dispuestas una serie de montañas de piedras. Cada uno tiene colgado en su cintura un zurrón, que no debe pesarles mucho pero por su volumen abultado debe contener varias armas arrojadizas. Quizás pequeños guijarros tallados que usan con la lanzadera que llevan también colgada ¡quién sabe? Al otro lado de la cintura, algunos, no todos, portan una caracola. El sonido que de ella saldría sería el comienzo de la guerra. ¡Hostia! ¡YA!

Mientras observo la posición de aquellos canariis no me percato de que los botes de Jean Béthencourt arriban con sigilo en la playa. Sin embargo, "mis compadres" lo tenían todo meticulosamente orquestado y hasta que no recaló el último bote y los invasores dejaron atrás la arena para introducirse en la explanada de tierra, (que por lo que calculo yo, debía ser por la altura del restaurante que hoy en día, poco mas o menos se sitúa allí, El Boya) no empezaron el ataque.

Desde lo alto del acantilado volaban piedras con una velocidad y una energía que en mi vida había visto. El silbido de aquellos proyectiles me erizaba la piel. Y el oído; todo hay que decirlo. ¿Has oído alguna vez silbar una piedra justo al lado de tu oreja? Si nunca lo has experimentado no te lo recomiendo, so pena que te alcance.

Los golpes sucedían unos tras otro, las banods volaban y arremetían contra todo extranjero, pero la tropa invasora aguantaba estoicamente dirigiéndose hacia la llanura con la intención de alejarse del acantilado. Ahí fue donde comenzó una batalla campal. Mientras que el enemigo trataba de penetrar a la isla por medio del barranco de Arguineguín, el Artemi Semidán reemplazaba sabiamente a los guerreros de la primera línea haciendo bajar ahora a los que estaban apostados sobre el acantilado. ¡Nunca en mi vida había visto tal presteza bajando unos riscos y a esa velocidad! ¡Madre mía! ¡Y yo que pensaba que los canarios que hoy en día corren la Acebuche trail bajando hacia el barranco de Arguineguín desde la orilla de las Camellitas eran unos bestias! ¡Para bestias estos aborígenes! ¡Me quito el sombrero ante ellos! ¡Chapó!

Una preciosa emboscada me gocé desde el punto en donde me encontraba. Estos, o sea, mis compatriotas llegaron a la playa y ahora la tropa enemiga recibía palos, lanzas, golpes mortales con aquellos magados pesados junto a una lluvia de piedras, tanto por el frente como por la retaguardia. Los cabritos esos, digo, quiero decir, el enemigo invasor, no eran mancos. ¡A ver, que todo hay que decirlo! Eran bastante fuertes y en la lucha cuerpo a cuerpo se les veía muy bien preparados. Podría decir sin temor a equivocarme que mejor que los de mi equipo ¡qué conste!

Veo muchas bajas de los aborígenes pero la lucha sigue. Los exhaustos se retiran hacia el acantilado en cuanto pueden, dando paso a los que les relevan con enérgica y descansada fuerza. Esto debilita a las tropas del enemigo y anuncian la retirada o...¡pues no! ¡no, espera! no lo anuncian; mis queridos canariis los estan haciendo retroceder.¡Pero con qué limpieza, señores!

Esta victoria estaba cantada. Debía ser ganada porque si se llegan a meter barranco arriba... ¡pobrecillos! ¡del Sao, a la altura de Los Peñones, ni pasan! ¡Ríete tú del desfiladero de las Termópilas! ¡Los tendrían sentenciados en cuanto los divisaran desde la Montaña de Tauro! ¡Mejor fue así!

Los enemigos, como pueden, vuelven a sus botes, recibiendo pedradas desde lo alto del acantilado por aquellos guerreros que fueron relevados previamente de la primera línea de fuego. Lo del fuego es un decir ¡claro!

Una caracola suena de la boca de alguno de mis compatriotas. Un sonido muy fuerte y seguido. Luego se une otra y otra más y otra. Debía oírse el eco de la victoria desde gran parte de la isla, sin duda. Me pareció un sonido hermoso. Una preciosa armonía que anunciaba la victoria de la batalla de Arguineguín.

De pronto, todos se callan. Silencio ¡Qué pasará? Ahora el sonido del bucio es diferente. Comienza algo así como una sinfonía de lamentos. Me parece desgarrador. Una pena me invade el alma, al oirlo, sin poderla controlar. La sucesión de sonidos se escucha ahora de forma pausada. Me acerco, en la medida en la que puedo moverme, porque la imagen que ofrece la playa de los derribados es dantesca. Cerebros destrozados por las pedradas, de un bando, y del otro bando cuerpos atravesados por lanzas. No me puedo acercar más.

Todos los allí presentes, todos los aborígenes rodean al grande. El Artemi Semidán ha caído.

El silencio sepulcral, que en forma de respeto le dedican los canariis a su jefe, es quebrado por el sonido de las pardelas. Da la impresión de que ellas también lloran su caída, sumándose al duelo.

A lo lejos, el tronar de una tormenta se acerca a la vez que, la nave nodriza recoge a los suyos. Cuando el barco leva por fin el ancla se oyó decir en el momento que un relámpago iluminó todo lo que alcanzaba a la vista:

¡Es grande esta Canaria!

¡GRAN CANARIA!

¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipipipipiii...!

-¡Dios, qué pereza! ¿Marcharme?¿Ya?

¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipipipipiii...!

-Vale, vale. ¡Yaaa voooy!

¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipipipipiii...! ¡Pipipi...!

Estiro la mano y apago el despertador.

Dicen y lo he corroborado con este viaje, que Jean de Béthencourt fue quien le dio el nombre de Gran a la isla Canaria.

¡Y con razones! - me digo a mi misma-.


Banods: vara de madera a modo de lanza, endurecida a fuego y afilada, que tenía un contrapeso en el cuerpo para mejorar su estabilidad cuando era arrojada.

Magados: garrote de madera con una gran protuberancia en uno de sus extremos. El arma más utilizada por los antiguos canarios.

Foto de Víctor Suárez


 

Actualizado el Lunes, 17 Diciembre 2018 10:46 horas.

2 comentarios

  • Teresa Vera Lunes, 17 Diciembre 2018 13:28 Enlace al Comentario

    Gracias a Infonorte por publicar, ésta, Mi máquina del tiempo...
    Gracias a mi hermano por tan bello y original elogio.


    :-*

  • Pedro Juan Vera Lunes, 17 Diciembre 2018 11:47 Enlace al Comentario

    Isolina Carrillo compuso "Dos Gardenias" Dos Gardenias una cubana y otra mi hermana con el mismo nombre y apellido, en China es el símbolo de la gracia femenina, la sutileza y del mérito artístico, ¡¡ERES GENIAL!!

    PD.
    Hoy es para recordar a la compositora de los temas "Veinte años", " Lágrimas negras","Pensamiento", etc.. por el aniversario de su fallecimiento.

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