Microrrelatos: "Epidemia insurgente"

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El silencio total y absoluto reinaba desde justo antes del amanecer. No era un silencio propiamente sonoro. Era diferente.

Conforme iba avanzando la luz del día, la oscuridad sonora cabalgaba sobre el planeta. Las luces se apagaban dando paso a la luz natural; algo nuevo bajo el sol estaba resurgiendo.

Desde la estación espacial se podía observar un paisaje maravilloso. Pueblos, ciudades, países, continentes enteros se desperezaban. Desde arriba, la imagen era la misma de siempre pero abajo, a pie de Tierra, algo había cambiado.

Las noticias de la radio de la mañana seguían su rutina alertando, juzgando, engañando a los terrícolas. Las televisiones ofrecían imágenes de otros países: marañas de noticias, manipuladas, según el interés de cada ideología o religión.

Durante la noche, las redes no descansaban y eran las encargadas de mantener activas las mentiras doradas que recubrían esa pequeña verdad que se consumía poco a poco. Las redes se habían convertido en la parte fundamental y necesaria que mantenía al planeta en el mayor de los ruidos habidos y por haber. Repartían a diestro y siniestro cantidades ingentes de ruido estridente de noticias falsas, deslumbrantes, cegadoras, manipuladoras, desorientando al ciudadano de a pie, guiando al terrícola hacia su propia idiotez creando crisis epilépticas de identidad. Pero a pesar de seguir incansable su curso ese día amaneció, especialmente, silencioso y oscuro.

Las radios emitían en silencio, las televisiones no reflejaban mundos impuestos y por ende las redes no sostenían la seguridad ni la credibilidad de sus aliadas en las ondas.

El primer día del año, un día sin fecha, renació sin más. Sin fuegos artificiales, sin deseos de prosperidad, sin hipócritas deseos. El primer día del año vino sin ser visto, sin avisar, sin manipulación comercial. Nació sano. Nació en silencio, ahogando voces; nació a oscuras, apagando las luces engañosas de los dispositivos que les mantenía atados a la mentira.

Y al tercer día resucitó. Resucitó aquello que llevaba muerto demasiado tiempo.

Resucitó la cordura y con ella sus hermanos: el sentido común, el espíritu crítico y la humanidad.

Teresa Vera

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