Microrrelatos: "La Muralla"

ERASMO2018012El pueblo era un encanto.

Aún conservaba muchas casas medievales, calles empedradas y algún que otro portalón señorial.

Hasta los años 60 tenía intacta la muralla que lo rodeaba; pero a partir de esas fechas echaron al suelo una parte importante para construir una urbanización. Hoy han podido comprobar que la urbanización se pudo haber construido de igual manera sin tocar la muralla, pero el daño ya estaba hecho y recuperar el estado de la muralla tal como se encontraba era una empresa imposible.

Claro, pasó en los años 60, cuando los alcaldes carecían prácticamente de formación cultural y mucho menos de formación histórica. Y, además, apenas tenían el más mínimo respeto por el patrimonio histórico y cultural de los pueblos.

Hoy no habría ocurrido.

O, mejor dicho, no tendría que volver a ocurrir.

Durante el tiempo transcurrido hasta nuestros días el pueblo ha ido cambiando por imperativo de la vida moderna, adaptándose a las circunstancias. Se ha ido ensanchando fuera de las murallas, se han instalado hermosos parques y avenidas, se han creado hostales para alojar al forastero, se han creado centros comerciales… Hay una agencia de turismo encargada de recibir al visitante y enseñarle las curiosidades que esconde el pueblo: las murallas, las casas medievales, las leyendas que se ocultan tras alguna puerta…

Hoy es un pueblo que vive de las bellezas que ha legado el tiempo y la historia.

¡Qué pena por la muralla!

Hoy no habría ocurrido.

O, mejor dicho, no tiene qué volver a ocurrir.

Cuarenta años después, ya en plena democracia, las cosas no son igual. Ahora el pueblo es soberano porque es el pueblo quien decide y los gobernantes lo escuchan.

O, mejor dicho, tendrían que escucharlo.

Bueno.

Aclaremos esto.

En esta democracia el pueblo va y vota. Y los gobernantes hacen lo que les sale de las narices sin escuchar al pueblo.

“Por sus actos los conoceréis”

¡Sabias palabras de Jesús!

Los gobernantes no tienen ni experiencia, ni conciencia ni ninguna otra ciencia. La gran mayoría adolecen de una enorme falta de cultura básica. Subrayo lo de básica.

Pues, como venía contando.

Cuarenta años después alcanza el poder un alcalde que no salió por ser elegido sino por todo lo contrario. Sí. La ausencia de los que no fueron a votar le dieron la posibilidad de ser alcalde con los votos de los que fueron. Era un alcalde muy manipulable, de esos que se venden por treinta monedas. Incluso por menos. Se conformaría con un plato de lentejas.

Era un alcalde que costaba poco y daba muchas ganancias.

Así lo vió un constructor que estaba a punto de arruinarse, pues en el pueblo apenas quedaba suelo para urbanizar.

Solicitó una entrevista con el alcalde para convencerle de la necesidad de tirar las “molestas murallas” que dividían al pueblo y entorpecían la circulación. Podrían tener mucho significado histórico, pero en la vida de hoy no podemos vivir de testimonios históricos sino con las comodidades y ventajas que la modernidad nos proporciona. En su lugar se construirá un amplio paseo todo ajardinado. “Y eso no es todo, mirémoslo desde otro punto. Dará trabajo al menos a unos veinte personas que tanto lo necesitan si no tendré que despedir personal porque ahora mismo no trabajo para nadie”.

Pero ese razonamiento no era sincero. Al constructor no le importaba ni la estética, no la historia, ni la vida de los veinte trabajadores. El sólo veía la cantidad de los miles de euros que podrían entrar en su bolsillo.

Cuando se dio a conocer el proyecto, el pueblo salió a la calle. Manifestaciones, pancartas y octavillas fueron inútiles. El constructor siguió adelante con el proyecto y el alcalde, como acostumbran a hacer los alcaldes democráticos, sin escuchar al pueblo.

Las murallas cayeron. Se hizo el paseo. Tres años duraron los trabajos.

En la inauguración el alcalde recordó la inutilidad de aquellas protestas que se oponían a la construcción de la tan hermosa alameda.

Pero en las urnas se pagan los errores y los votantes se preocuparon que ni aquel alcalde ni su partido volvieran a ocupar un sitio en la Corporación Municipal.

Entra de alcalde, una persona mucho más comedida, más culta y más respetuosa con las tradiciones.

En fin, cualidades que el de la promotora también sabría explotar astutamente si usaba con maestría su mano izquierda.

El nuevo alcalde tenía de asesor un mediocre arquitecto, que, no atreviéndose a instalarse más allá de las fronteras locales decidió abrirse un cómodo camino en la política. Muy fácilmente se votaba a la primera mano que le ofreciera algo de comer. Esta debilidad era bien conocida por el dueño de la promotora y decidió aprovecharla.

Le costó unas cuantas cenas hasta que finalmente pudo ganar su amistad y su confianza.

-Creo que fue un error, por parte mía, el haber tirado al suelo esas murallas. Eran un testimonio histórico muy importante. Si empezamos a liquidar lo que el tiempo nos va dejando nos quedaremos sin historia y un pueblo sin historia es un pueblo sin identidad. ¿No piensa usted lo mismo?

Sabias palabras las del constructor. Aún cuando saliesen de su boca. Pero, sobre todo, si en realidad se estuviese creyendo lo que decía.

¿Y qué piensa hacer?. ¿Usted cree que merece la pena hacer desaparecer el paseo con el dinero que se tuvo que invertir?. Además, no serían las mismas murallas. ¿Dónde vamos a encontrar la piedra?

Podemos construir la muralla con hormigón.

El promotor sabía muy bien que las piedras no las recuperaría. Las auténticas piedras las vendió a unos clientes suyos empeñados en construir sus casonas con ciertos aires de antigüedad. Ganó más en la venta de las piedras que en la construcción de la avenida.

 

Después de unas cuantas cenas consiguió que el asesor convenciera al alcalde de la recuperación de las murallas.

Así se hizo. Se empezó con un buen despliegue publicitario anteponiendo la estética a la comodidad. Muchos se estaban acostumbrando al paseo y veían una inutilidad y un despilfarro construir unas nuevas murallas, y mucho menos cuando las nuevas murallas carecían de significado, pero como al final se hace lo que decide el alcalde y no lo que exige el pueblo… ¿qué más da?

 

El pueblo terminó recuperado su muralla.

Mejor dicho: Al pueblo se le hizo una muralla.

Porque la nueva muralla no tiene historia.

 

Pasan algunos años. Hay nuevas elecciones y un nuevo alcalde.

 

El constructor era el mismo y ahí seguía con su empresa.

 

Meses después de la euforia electoral decide visitar al nuevo alcalde.

Mire, usted. Desde que se construyeron las nuevas murallas el pueblo ha perdido vitalidad, la gente del casco histórico está prácticamente incomunicada. La zona comercial ha bajado sus ventas y piense que esa zona es el pulmón económico. Si esa zona no funciona ¿de qué va a vivir el pueblo?.Además esa muralla no tiene ningún significado histórico.

Pero todos los políticos no son iguales y, aunque no lo creamos, de vez hay alguno que actúa con sensatez

Mire usted, caballero. He nacido en este pueblo, me he criado en él y en él he vivido toda mi vida. Por eso sé lo que en él se cuece. No pienso mover las murallas. Porque a usted, ni le importan las murallas, ni le importa el paseo, ni le importa el pueblo.

Los ánimos se iban caldeando. El constructor se levanta del asiento y con voz alterada le dice mientras abandonaba el despacho:

Tampoco tendría que importarle a usted. Después de todo no es usted quién lo va a pagar. Quien paga es el Ayuntamiento. El dinero no va a salir de su bolsillo.

Ya sé que no va a salir de mi bolsillo, y mucho menos del suyo. Sabemos los dos que lo pagan los ciudadanos. Pero lo pague quien lo pague no pienso seguir endeudando a este pueblo.

Desde la puerta de la sala, el constructor le increpa:

No piense que porque sea alcalde va a hacer lo que le da la gana. Vaya preparándose para una moción de censura. Dentro de poco va a saber quien manda en este pueblo.

Por fín, ha dicho la mayor verdad en su vida…Claro que sé quien ha mandado siempre en este pueblo. ¡Pero ya dejó de mandar! ¡Abandone la sala!.

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