Microrrelatos: "La visión de la Cruz"

maripinogilrodriguezLa ilusión del matrimonio era subir al pico de la montaña de Gáldar para ver las magníficas vistas que se apreciaban desde allí. Aquel domingo amaneció algo fresco. Una ligera brisa jugaba con el pelo de la mujer, dándole unos pequeños latigazos en su rostro y queriendo introducirse entre sus labios mientras hablaba. La pareja inició la subida lentamente por el camino que asciende desde la Atalaya de Santa Mª de Guía. Ambos iban vestidos con chándal y zapatillas cómodas, y portaban una mochila colgada a la espalda en la que tenían una botella de agua y un bocadillo de chorizo de Teror.

Mientras iban avanzando cuesta arriba, conversaban sobre sus planes de vacaciones, los estudios de sus hijos, etc. Cuando se vieron frente a la “Cueva Herrera” hicieron un alto en el camino para descansar y admirar el paisaje. La fémina se centró en la espectacular caverna llena de plantas silvestres, imaginando el misterio que podían esconder aquellas paredes de piedra. De repente, algo llamó su atención. La sombra de un caballero con un sombrero circular y una espada en la mano, montando un caballo, se movió rápidamente ante sus ojos. Sin embargo, el hombre seguía conversando sin percatarse de cómo le había cambiado la cara a su compañera. “¡¿Viste eso?!”, le preguntó ella señalando hacia la pared de la cueva. “¡¿El qué?!, preguntó él encogiéndose de hombros. “Yo no he visto nada”, respondió. Se sentaron allí un rato para reponer energías, y al cabo de unos minutos, se mostró de nuevo ante la mujer aquella presencia del hombre a caballo. Parecía querer demostrarle algo. Esta vez, ella decidió no decir nada, pensando que podía ser fruto de su imaginación o algún reflejo de algo. “¡Qué raro! Juraría que he visto un hombre a caballo”, pensó.

montañagaldargeneralSe decidieron a seguir caminando cuesta arriba por la montaña hasta llegar a la última curva que está antes de la cima. Allí se sentaron para comerse el bocadillo y beber un poco de agua. La vista de Gáldar era espectacular. En lo sublime de las alturas, se respiraba aire puro. Una extraña energía se estaba apoderando de la chica. Ella seguía pensando en la sombra que había visto, y por un momento, imaginó que se le había aparecido el mismo Santiago Apóstol. “Debo de estar loca”. “¡Esto será un mal de altura!”, pensó.

Ya estaban en el tramo final, y cuánto más se acercaban a la cima, más mal se iba sintiendo ella. Al llegar allí, toda la energía que la mujer tenía, cayó junto con su cuerpo al suelo, yaciendo desmayada sobre él. De repente, su alma parecía haber salido del cuerpo para encontrarse con un señor que estaba montado sobre un caballo blanco.

“¡No te asustes que no voy a hacerte daño! Simplemente, imagina que esto es un sueño. Necesito que transmitas un mensaje al pueblo de Gáldar. Seguro que cuando llegaste aquí arriba, no esperabas encontrar estas antenas que tanto afean el paisaje. Me gustaría que explicaras a todos los habitantes de mi ciudad, que mi Templo está construido dónde estaba el antiguo palacio de los Guanartemes. Gáldar ha estado desde siempre vinculada a la tradición Jacobea Gallega, y se concede la Bendición Papal a cuantos visiten dicho templo matriz de Santiago Apóstol. Es muy importante para mí, pedirle a mi gente, que coloque una inmensa Cruz en forma de espada en el pico de esta montaña, cómo símbolo del camino Jacobeo, para que los peregrinos la divisen desde lejos, y no se pierdan en el camino. Ahora vuelve con tu marido, pero no olvides este mensaje. Dentro de unos años, ¡¡¡que los peregrinos se guíen por esta cruz, no los extraterrestres por unas antenas!!!”

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