Microrrelatos: "Escena de bar"

Josefa Molina2Se sentó y comenzó a remover el café. Un descafeinado largo, claro. Sus ojos dibujaron círculos siguiendo los pequeños remolinos que el líquido iba dibujando al ser acariciado por la cucharilla.

En la puerta del bar, dos viejos charlaban sobre la imposibilidad de un pacto de izquierdas que gobernara el país de una vez por todas. Siempre pasa lo mismo, afirmó el hombre del descolorido cachorro en la cabeza. Tantos años luchando por tener unas mínimas libertades y estos son incapaces de llegar a un acuerdo. Dan vergüenza… y ya estoy cansado de tanta derecha. Y es que, ¡coño, aún me duele!, afirmó quedamente mientras una mano encallecida masajeaba su antebrazo izquierdo. Bajo el tostado color de su piel, legado de miles de horas entre plataneras, latía aún vibrante una cicatriz sonrosada.

Se miró en el espejo. Necesitaba una visita urgente a la peluquería. Aunque en el fondo, daba igual. Hacía tiempo que dejó de resultar atractiva para los hombres. Ni siquiera los viejos del bar la miraban. Pasada una edad, ya no hay fulgor ni en los ojos ni en la entrepierna.

Apuró el cortado casi con rubor, no fuera a ser que sus pensamientos pudieran ser escuchados por los escasos clientes del bar.

En el otro extremo del bar, la máquina tragaperras comenzó su canturreo cansino. Como casi todos los días, el viejo del cachorro tentaba a la suerte.

Una manzanilla pa seguir. Ordenó un hombre, cuchillo a la cintura, que entró en el bar. El camarero cogió un vaso de cristal de tubo y lo llenó de ron a tres cuartos. Ash, ¡ahora sí!, exclamó el hombre tras beberse el contenido de un solo trago. Me voy a regar las matas antes de que se sequen del todo. Siempre igual: ahora llega el verano para jodernos todo el cultivo, esto no lo salvamos ni con las ayudas de Europa, sentenció saliendo por la puerta. El cuchillo de puño nacarado brilló amenazante bajo el sol.

Una gota de sudor recorrió su sien y cayó sobre la mesa mojando la recién confeccionada lista de la compra. Sí, otra vez había llegado el verano a mediados de septiembre. Agarró con cara de fastidio el carro de la compra y salió del local en dirección al mercado.

A lo lejos, la máquina tragaperras escupió escandalosamente su metálico contenido. Al menos, el hombre del cachorro regresaría contento hoy a casa.

Actualizado el Lunes, 16 Septiembre 2019 17:04 horas.

5 comentarios

  • francisco bolaños díaz Viernes, 04 Octubre 2019 07:29 Enlace al Comentario

    Yo también me sumo a los aplausos de los-las lectores-as anteriores. Ánimo Pepa.

  • Josefa Molina Miércoles, 18 Septiembre 2019 09:27 Enlace al Comentario

    Muchas gracias por los comentarios. Es gratificante saber que te leen con tanto cariño. Saludos! Y, como siempre, ¡gracias por LEER!

  • Rosi García Martes, 17 Septiembre 2019 14:26 Enlace al Comentario

    Me ha gustado mucho. Muy descriptivo. Por un momento ha permitido que se detenga el tiempo, tanto para la protagonista observando al resto del bar, como a esta lectora... y eso no tiene precio. Gracias, Pepa. ;)

  • Mapa de Prada Lunes, 16 Septiembre 2019 22:15 Enlace al Comentario

    Cruce de vidas y almas que se encuentran en el camino o no.
    ¿Quien no ha imaginado atravesar los pensamientos y adentrarse en otras mentes?
    Y esas miradas que hablan por sí solas. Unas esquivas y otras directas al corazón. Soledades blindadas.

  • Josefa Molina Lunes, 16 Septiembre 2019 18:08 Enlace al Comentario

    Gracias, Infonorte. Espero que este relato guste a los lectores del diario digital. Saludos.

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