Microrrelatos: "Diálogo canino"

ERASMO2018012Caía la tarde.

Pedrito estaba en el balcón de su vivienda. Un segundo piso. Elevaba su hocico por los barrotes tratando de captar los variopintos aromas urbanos.

De pronto un perro callejero aparece oliendo el pretil de la acera. Finalmente. Después de varias vueltas, alza la pata y deja su cálido líquido amoniacal en la base de la farola.

-Cuando huelo a orines me entran ganas de mear.

Lo dijo en voz alta con el propósito de ser oído.

-¿Qué tal, amigo? ¿Siempre detrás de los barrotes?

- No, mi dueño me pasea dos veces en el día. Para hacer mis cosas.

-Para hacer tus cosas. Pues yo cago y meo cuando me entran ganas.

-¿Y no comes?

-Lo que pillo. Espero que las tiendas cierren y me voy a los contenedores. Como todo cuanto puedo porque nunca se sabe lo que encuentro al día siguiente.

-¿Las tiendas tiran pienso?

-No, mendrugos de carne, de pescado, de chorizo… Trozos de pan…Cosas de esas. Antes se encontraba mucho más. Pero ahora, con la crisis, tengo que estar al loro porque llegan unos cuantos mendigos y arrasan con todo.

-Yo no tengo que preocuparme de las tiendas. Mi dueño me pone pienso todos los días y al medio día unos pedazos de pollo o de carne de vaca.

-Todo tiene sus ventajas. ¿Cómo te llamas?.

-Pedrito.

-¡Curioso!. Perece el nombre de un humano ¿Por qué te llaman así?

-Porque Hariscua se empeñó. Dice que si tuviera un hermanito lo llamaría Pedrito.

-¿Y quien es Hariscua?

-La niña de mis dueños.

- Vaya hombre. Pues el nombre de la cría no parece tan humano.

- Yo… Debí haber tenido un nombre. Pero ya no lo recuerdo. Hoy todos los humanos me dicen Perro. Hay quien me dice Sale. Y muchos, de esos que siempre tienen cara de enfado, me dicen los dos nombres: Sale Perro.

- A mí siempre me dicen el mismo nombre para que me acostumbre a él y responda cuando me llaman.

-Ya sabes. Utiliza siempre el mismo ladrido para que tu dueño te reconozca.

-Mi dueño siempre se porta bien conmigo. Es muy bueno. Y muy cariñoso. Sólo le falta ladrar.

-Has tenido suerte. Yo tuve que tener un dueño. Pero tengo muy vagos recuerdos de él.

-¿Y cómo te quedaste en la calle?

- Pues, como terminan todos los perros callejeros. Supongo. Mi memoria no alcanza tanto tiempo atrás. Tengo un vago recuerdo. Siempre que me enrosco en una esquina me asalta el mismo sueño: “ Voy corriendo detrás de un coche que se aleja viendo la cara de niño llorando detrás del cristal de la puerta trasera…” Hoy pienso que no fue un descuido. El que quiere a su mascota la busca por donde sea antes de poner el coche en marcha.

- ¿Y no sentiste miedo?

- Claro que sentí miedo. ¿Para qué voy a mentirte?. Sentí miedo, hambre, frío… Pero a todo se acostumbra uno. Hoy prefiero más estar en la calle que en la perrera. En la calle eliges tu sitio y no el que te ponen. Te buscas la comida que te apetece. Cuando te ponen pienso en la perrera no se percatan si es el que te gusta. Ellos te ponen la comida y si no te la comes llega otro perro y te vacía el plato… Bueno en realidad yo nunca he estado en una perrera. Pero, no creo que sea un hotel.

- Y ¿no tienes frío por las noches?

- Al principio sí. Pero cuando vas conociendo los sitios por donde te enroscas, me oriento por el sitio donde menos sople el viento y así paso la noche.

-Yo no tengo que preocuparme de esas cosas.

- La vida en la calle te enseña mucho. Te hace duro… No te vayas a creer que porque tu dueño te trata bien, te quiere. El se quiere a sí mismo. Él lo que no quiere es perderte… Bueno amigo, ya está anocheciendo y me voy a un sitio que tengo localizado. A ver que tiran esta noche.

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