Microrrelatos: "Hansel y Gretel" (como debió haber sido)

ERASMO2018012Una hermosa luna llena bañaba pinos y claros de la foresta. Algunas nubes trotaban por delante de su luz. Pinos y jaras aprovechaban la claridad del astro para dibujar caprichosas sombras.

Los dos pequeños, cansados de estar buscando a sus padres durante toda la tarde, acabaron sentándose en el suelo, apoyando sus espaldas en el grueso tronco de un pino.

No se sabe a ciencia cierta si sus padres los abandonaron a propósito, tal como cuenta la historia, o se perdieron; pero lo que sí es real que no regresaron en su busca.

De vez en cuando, la noche derramaba un frío aliento sobre aquellos dos cuerpecitos asustados. Alguna que otra vez les sorprendía el golpeteo de la rama de una jara cercana.

El aleteo de alguna lechuza o el ruido de un ratoncillo que huía acrecentaba el miedo de los muchachos.

Gretel rompió a llorar; su hermano la arropó con sus brazos. Presionaban sus espaldas en el tronco del árbol, el único refugio que, hasta ahora, tenían.

Detrás de la sombra de los pinos se destacaba la blancura de una cabaña. Viéndola, Hansel decidió atravesar con su hermana el claro iluminado y entrar en ella.

Los dos pequeños, acompañados por el miedo y el frío, improvisaron un sendero aprovechando la luz de la luna hasta que llegaron a la casa. La puerta estaba medioabierta. Ellos la empujaron sigilosamente. La luz de una vela alumbraba disimuladamente un frutero lleno de manzanas y peras.

Muy temerosos se acercaron a la mesa y se pusieron a engullir la fruta que allí había. Poco a poco fueron mitigando el hambre, el frío y el miedo.

De pronto, la voz amable de una señora los asustó. Se quedaron parados con una manzana mordida en la mano.

Sigan comiendo, hijitos. Tienen hambre y frío ¿verdad?

Pero el miedo los bloqueó de tal manera que no pronunciaron palabra alguna.

Vamos. Siéntense. Ahora mismo les voy a preparar una buena taza de leche caliente.

Puso en la mesa pan y mantequilla que sacó de la alacena y se dirigió a la chimenea para calentar la leche.

El pan, la mantequilla y la leche estaban ante sus ojos, pero no se atrevían a hacer un movimiento.

Anden, coman. No tiene que tener miedo. Ahora voy a sacar dos buenas mantas para que puedan abrigarse.

Gretel rompió a llorar.

No encontramos a mi madre.

Ahora es de noche y no la vemos. Pero mañana saldremos a buscarla. ¿De acuerdo?

Sacó de un arcón una manta grande y gruesa y la tendió en un colchón que yacía en el suelo.

Aquí tienen la cama. Con esta manta no van a pasar frío.

Allí se acurrucaron los dos pequeños. Y, mientras que Gretel se durmió inmediatamente vencida por el frío y el cansancio, Hansel se mantuvo en una silente vigilia esperando que la señora se acostara. De paso revisaba mentalmente todo lo que aconteció a lo largo de la tarde.

Papá y mamá están en casa durmiendo. Se hubiesen querido encontrarnos , nos habrían buscado y yo habría oído sus gritos de lejos.- musitó

Como su hermana, terminó invadido por el sueño.

Por la mañana, el ruido de unos hachazos los despertó; la señora estaba fuera partiendo leña.

Los dos permanecían hartos de miedo sin moverse del colchón.

Cuando ven entrar a la mujer con un haz de leña cortada para dejarla delante del horno se ponen a llorar desesperadamente al tiempo que se protegían con la gruesa manta.

¿Pero que les ocurre, hijitos míos?

Que usted cortó la leña para asarnos en el horno y luego comernos.

¡Qué va! Voy a asar un pavo para ustedes. Para darles la bienvenida. ¿quién les dijo que yo me como a los niños?

La gente en el pueblo. Dicen que usted es una bruja que se come a los niños.

Esos son cuentos de los mayores. Los mayores siempre dicen mentiras a los niños para que los niños vivan con miedo. Con el miedo los pueden controlar y dominar con más facilidad. Vamos. A levantarse que en la mesa nos espera tres buenas tazas de leche bien caliente y un buen plato de rosquillas hechas por mí. Y mientras se asa el pavo vamos a echar de comer a las cabritas y coger manzanas. Y, ya verán como viene sus padres a buscarlos.

No. –dijo Hansel

¿No?.¿Por qué no?

Por que no.

La contundente respuesta de Hansel hizo que la señora abandonara el tema de la conversación.

-¿Cómo te llamas?

- Yo Hansel y ella Gretel

-Te gustan las rosquillas, Gretel

-Sí. Están buenas

- Pues, vayan desayunándose que cuando tenga el pavo en el horno vamos a ver las cabritas.

Y los dos jovencitos acompañaron a la mujer en un grato paseo por los corrales, viendo las cabritas, las gallinitas y los cerditos cogiendo manzanas, peras y disfrutando de los sembrados de verdura, de granos y de alfalfa que sembraba para las cabritas.

Primero la acompañaban en su trabajo, más adelante la ayudaban y con el tiempo aprendieron solos a sembrar la tierra a atender los animales, a partir leña y a hacer rosquillas.

La llamaban abuela.

Habían pasado diez años o más. No se sabe ciertamente porque el tiempo en estos lugares pasa y nadie se da cuenta.

Habían pasado diez años o más cuando Hansel, como hacía muchas veces salió a los pinos a recoger leña. Un leñador le llamó por su nombre. En principio quiso volverse pero rápidamente reaccionó no dándose por aludido. No obstante, y pausadamente , se volvió al hombre y le saludó como a un desconocido.

-Hola

-¿Tú no te llamas Hansel?

- No. ¿Por qué lo pregunta?

-Hace tiempo se perdieron mis dos hijos en estos pinares. Usted me recuerda al varoncito.

-Yo siempre he vivido con mi abuela. No conocí a mis padres.

-Pues nunca más encontré a mis hijos

-Mi abuela me ha contado una historia de dos niños que se perdieron y murieron de frío. Puede que se refiera usted a esos niños.

Aquel hombre sintió como se le humedecían sus ojos, se dio la vuelta para que no lo viera llorar . No dijo una palabra más y siguió su camino sin decir adiós.

Hansel lo miraba alejándose con sentimiento de pena, de resentimiento y de indiferencia.

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