Microrrelatos: "Mandrágora "

MandrágoraEntonces decidimos ir, al atardecer, al barranco oscuro ya que el tiempo amenazaba húmedo y nebuloso. Sabíamos que entre las cavidades más recónditas, donde el sol no llega jamás, la humedad constante hace óptima la proliferación de la planta que íbamos buscando.

Toby se nos rezagaba olfateando aquí y allá. ¡Qué pesado! Hubiera sido mejor dejarlo en casa.

Conforme nos adentrábamos en aquella fisura montañosa, la niebla, la espesa niebla nos cubrió por completo. Las sombras nos enterraban, sin ser todavía de noche, en aquel barranco hondo, estrecho y oscuro.

Cuando ya habíamos bajado, unos trescientos metros, debíamos caminar por el fondo del mismo hasta alcanzar una pared; el final. Entre el serpenteante camino que nos ofrecía el cauce del barranco y las enormes rocas ya percibíamos aquel olor característico.

Llegamos a la pared. Lisa, alta, oscura. Una mole, que a ojo de linterna se apreciaba maravillosa por sus diferentes capas y estratos que supuse muy coloridos. Historias milenarias allí plasmadas. Y allí estaban al pie del mamotreto, que se erigía ante nosotros, unas flores malvas y fétidas.

Extrañas inscripciones en la pared, símbolos que no entendíamos, parecían dar instrucciones mediante una especie de normas gráficas.

— ¡No las toques! — me dijo— no toques las flores. Debemos cavar alrededor de ellas hasta dejar fuera las raíces de las plantas. Yo cavaré. Tú, ve buscando a Toby.

El perro no aparecía.

La oscuridad era total allá abajo a pesar de ser, aún, las cuatro cuarenta de la tarde.

— Si no encontramos al perro no podemos hacer nada— me dijo.

De pronto apareció. Sus dimensiones eran enormes, de casi un metro ochenta. Al erguirse sobre sí mismo doblaba estatura. Era lanudo, negro y sus ojos rojos resplandecian ante nuestro escaso foco que llevábamos en la frente.

— Un tibicenas— susurró—.

—¿¡Qué hacen aquí!? —gritó la bestia.

—Venimos a por la mandrágora—contestó mi acompañante.

—No pueden arrancarla.

—Trajimos un perro para poder hacerlo.

Antes de proseguir les explicaré que, para arrancar una mandrágora has de atarla a un perro; el chucho debe tirar de ella porque si lo haces con tus propias manos el grito lastimero de la mandrágora te mataría y quedarías recluido entre sus garras como su eterno esclavo y guardián hasta el fin de los tiempos.

— Yo soy el espíritu de tantos perros muertos; no dejaré que nadie más los sacrifique de esta forma. No soy solo el guardián de la mandrágora, soy el guardián de la vida.

— No nos iremos sin ella.

—¡Ya he dicho que aquí no dejará su vida ni un perro más!

Entonces el tibicenas se abalanzó sobre mi compañero y este, al huir de sus sus fauces, cayó de lleno dentro de la zanja que había cavado agarrándose, entonces, a las raíces de las plantas las cuales semejaban a miles de brazos y piernas que se movían sin cesar con la clara intención de asirse, de forma desesperada, a un objeto vivo. De pronto, una serie de gritos,aullidos, de voces, de risas malvadas, de llantos de niños, de sonidos quejumbrosos emergió desde el fondo de la tierra abarcando con un eco ensordecedor aquel espacio angosto, oscuro y tenebroso.

—Vete y no vuelvas— me gritó sereno el tibicenas mientras su negrura se fundía en la oscuridad de aquel lugar.—Vete y no hables nunca de mí.

—¿Y mi compañero?—pregunté, asustada.

—Nadie lo echará en falta. Fuera de este barranco no habrá existido jamás. Mi poder trasciende el tiempo y el espacio. Mi poder es tan grande que nadie preguntará por él. ¡Vete! Nadie debe saber lo que este barranco esconde.

Salí corriendo, trastabillando en cada zancada.

De pronto me paré. Reconocí una melodía que reverberaba en las paredes de aquel estrecho barranco definiéndose como un eco muy ruidoso. Miré hacia atrás, hacia la negrura que me perseguía. Ví a lo lejos dos luces rojas, los ojos del tibicenas y a sus pies dos pequeñas luces verdes. Supuse que eran los ojos de Toby.

La melodía insistente me obligó a apartar la vista. Moonchild; sonaba Moonchild de Iron Maiden en mi móvil. Descolgué.

—¿Pero dónde te has metido? Llevamos una hora esperando.

—Perdona, mamá, quise dar un paseo y me despisté. Voy de regreso.

—Vale, no tardes.

Colgué.

Antes de emprender el camino de vuelta, volví a mirar hacia atrás. En ese momento, al encontrarme en aquel lugar oscuro y solitario, me quise convencer,desorientada, de que no, yo a este lugar no he podido venir sola. ¿Cómo y con quién llegué aquí? Sentí esa sensación extraña... cuando ... algo se te ha olvidado. Ahora; hoy, lo comprendo: aquel día lo olvidé todo.

Hoy he vuelto y tengo el convencimiento de que he venido, no una, sino varias veces. He recordado todo lo que sucedió menos el nombre y la cara de mi acompañante y he decidido escribir esta historia en esta pared, justo al lado de los símbolos —por si regreso de nuevo o para que alguien más lo lea— y, mientras lo hago en la oscuridad de este barranco, siento en mi nuca el calor de la roja y penetrante mirada de la bestia.

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