Microrrelatos: "El sí de la suegra"

lavanderasrojas01A Conchi, de pie, de luto, esbozando una entrañable sonrisa, le dieron ganas de abrazar a su suegra, Francisca, después de escuchar las palabras que ésta le había dicho, dándole su bendición y su consentimiento, mientras lavaba la ropa en la acequia.

Cinco años antes, Conchi se había casado con Miguel, ambos de diecinueve años, y se fue a vivir con él, que era hijo único, a la vivienda de su madre, en La Montaña de Gáldar, donde sólo había tres casas mal contadas.

Fueron muy felices los tres durante poco más de un año, hasta que estalló la Guerra Civil. A Miguel lo reclutaron, se lo llevaron para la península y, varios meses más tarde, perdió tristemente la vida en una absurda y abominable contienda, sumiendo a las dos mujeres en la desesperación.

Las consoló el nacimiento de Miguelina, la niña que aparece al borde del canal, a la que ambas se dieron en cuerpo y alma. Suegra y nuera eran como madre e hija. Se querían, se cuidaban la una a la otra, y mitigaron su dolor llorando juntas.

Francisca, una mujer tolerante y un tanto avanzada para su época, encontró en Conchi a la hija que hubiese querido engendrar, y jamás tuvo un no para ella. Ni siquiera cuando, pasados cuatro años de la muerte de su hijo, en la acequia donde solían lavar la ropa, la nuera le pidió su bendición para volver a casarse.

Texto: Quico Espino
Foto: archivo

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