Microrrelatos: "Y Eva se creó"

aranzazuaranchaSentada bajo la sombra del Árbol de la Sabiduría, el árbol del fruto prohibido, Eva sostenía en su mano la manzana dorada, brillante y de tacto suave como el terciopelo. La serpiente, un reptil cubierto de escamas de cristal morado como rubíes, clavaba sus ojos verdes en la manzana, mientras su cuerpo ascendía lentamente por el de Eva, creando perfectas anillas escarlata que poco a poco envolvían parte de su desnudez. De su garganta de serpiente brotaban sonidos sibilantes, que contaban historias en un idioma que solo Eva podía comprender, al igual que entendía que para saber aún más, debía comer del fruto prohibido. No temía, porque estaba arropada por el único ser que le había contado historias sobre su poder y el significado de su existencia en aquel lugar llamado Paraíso. Mordió la manzana, y sintió que su néctar la llevaba al éxtasis en una explosión de sabor intenso. Entonces cerró los ojos, y en medio del trance, su mente comenzó a mostrarle visiones que aceleraron su corazón:

Un pequeño ser que nacía de una mujer entre gritos de dolor y sangre. Ese ser sería una niña, que conocería el dolor y la sangre mientras los hombres adultos se hacían dueños de su pequeño cuerpo. A veces la niña moría, y cientos de madres lloraban y sus gritos de dolor se elevaban hasta el cielo apagando la luz del sol. Otras veces la niña vivía hasta hacerse una adulta que arrastraba el tormento del dolor y la sangre como una enorme losa atada al cuello, cada vez más apretada, cada vez más asfixiante. Cuando la niña crecía tapaba su cuerpo, lo protegía de los deseos de aquellos hombres que pensaban que les pertenecía. Padres y hermanos, abuelos, primos o desconocidos eran capaces de apropiarse de los cuerpos femeninos, poseerlos, destruirlos, penetrarlos hasta hacerlos sangrar, romperlos como si fuesen juguetes de papel, vigilarlos, desearlos sin tregua, decidir sobre ellos como si les pertenecieran…y después para ocultar sus culpas, para evadir sus vergüenzas, para maquillar sus ansias de poder, inventaban religiones con dioses que odiaban a las mujeres, cuyas normas las hacían sentir intimidadas y reclusas en sus propios cuerpos violados, maltratados, mutilados, humillados una y otra vez a través de la historia y el tiempo de las civilizaciones.

La serpiente le susurró que ya había visto suficiente por esa tarde, y Eva abrió los ojos, volviendo a la realidad con un intenso sabor dulzón en la boca, el abrazo tibio y la mirada cómplice de su acompañante, y algo más llena del poder de la sabiduría que le había sido negado desde el principio. Eva sabía que no había sido costilla, también sabía que el Paraíso no era real, sabía que su cuerpo era un templo de vida, y hoy había aprendido que ese templo sería invadido y destruido infinidad de veces y de formas diferentes a lo largo de su historia. Sin embargo, ella plantaría cientos de semillas del fruto prohibido, para que en el futuro todas esas niñas y mujeres pudieran sentarse bajo la sombra del Árbol de la Sabiduría.

Lentamente se puso en pie mientras se despedía de la serpiente en aquel idioma sibilante que solo ellas conocían. Pensó que podía pasar mucho tiempo hasta que se descubriese su desobediencia y fuese expulsada del Paraíso.

-Mañana volveré con el atardecer, Lilith, y seremos una de nuevo -dijo, y se alejó de allí sigilosamente, mientras la serpiente trepaba hacia la copa del árbol, desapareciendo entre el follaje y el brillo dorado de las manzanas.

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