Microrrelatos: "Nubes teñidas de sangre"

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La virgen está planchando, gritaron los niños que jugaban en la playa, acallando el rumor de las olas con sus risas como campanillas.

Se lo dijo también un joven enamorado a su novia, besándola con ternura mientras contemplaba el atardecer y susurraba que en Sardina es donde más bonito se ve el Teide, en tanto que ella, suspirando, tan embelesada por los ojos azules de su amado como por los colores del ocaso, le daba gracias a la vida.

Así mismo se lo dijo, con cariñosa sonrisa, una mujer a su marido cuando a éste, que veía las nubes teñidas de sangre, se le saltaban las lágrimas porque ella le había susurrado al oído que seguía siendo feliz con él.

La virgen está planchando otra vez, comentó una señora mayor, asomada al balcón de su casa, oyendo luego el refunfuño de su esposo: “¡Ay, cariño, siempre repites lo mismo cada atardecer!”.

Dijeron la misma frase, casi como un clamor, hombres y mujeres que paseaban en la playa de Sardina, contemplativos, en calma, cautivados por la maravilla del crepúsculo, enamorados de la prodigiosa naturaleza.

Cada cual en su mundo pero todos frente al mismo mar y bajo el mismo cielo.

Texto e imagen: Quico Espino

Actualizado el Lunes, 12 Abril 2021 10:59 horas.

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