Microrrelatos: “Zona intermedia”o “Mowgli de selva, Mowgli de ciudad”

carolinaperezEl cántaro huele a tierra y agua. Mowgli agudiza adecuadamente su olfato, como había aprendido de sus padres lobos. El aroma le reconforta y decide seguirlo.

Una niña sostiene la vasija y Mowgli se detiene. Ella le resulta una igual pero los tejidos que porta son elaborados y el cántaro tiene un acabado esmerado que su instinto no comprende.
Esta artesanía le confunde, su pensamiento casi primitivo no alcanza quizá a entrar en digresiones conceptuales pero su intuición le dice que ese cántaro es mezcla de naturaleza y civilización, ética y estética.

Su cuerpo duda y él lo escucha, observa a la niña y a su vasija de barro e intenta decidir si avanza hacia ella y hacia ese mundo de adoquines estructurados o se queda en su entorno orgánico respondiendo únicamente a necesidades básicas aparentemente caóticas y sin embellecedores, cobijado entre árboles.

Sus extremidades se paralizan, su cuerpo emite un mensaje confuso, se ve envuelto en dialécticas casi imperceptibles que le empujan a tomar un camino. Levanta la nariz al aire, esperando que su olfato resuelva el misterio. Sus pies avanzan hacia lo desconocido y civilizado, algo le dice que ese otro mundo es más cómodo y bello.

Y va y se entrega a la civilización pero ese mundo de tiempos y espacios oficiales le va borrando su olor, ya no se siente acunado por la luna ni el sol ilumina su mirada. En la ciudad se desliga de la experiencia sensible que siempre le había acompañado y el mundo se reduce a un único compartimento: el mental. La cabeza le pesa.

La frontera entre su selva y la ciudad está muy definida. Se siente cada vez más fragmentado, la división es casi transparente pero vigente. Ahora se sabe humano, los tejidos elaborados le protegen mejor, la hermosura de las herramientas y de las obras del hombre le calman en algún lugar escondido de su ser pero los movimientos encorsetados le desconciertan y su cuerpo le grita el camino a una nueva gruta.

Se sale entonces de la norma y se entrega a esa gruta sombría y profunda como el tímpano de su oído. Se escucha; en la oscuridad de la cueva su sombra se oye mejor. Entonces vomita su necesidad y se atreve a construir su nuevo hogar, lugar a medias entre lo salvaje y lo cívico, donde poder respirar el vínculo con el territorio, usando reloj de pulsera sin dejar de mirar las estrellas.

Mowgli no quiere perder su entrenamiento natural, no quiere dejar dormir su memoria expandida porque sabe que en el mundo caben las condiciones híbridas, no todo está a la vista, no quiere elegir entre lo tangible y lo atemporal. Se percató rápidamente de que por un mero rasgo cultural o por convención social en la ciudad tenemos necesidad de diferenciar entre lo real y lo imaginario. No hay cabida para los grises.

Pero él juega y construye, es humano y es animal, le gusta rendirse ante lo numinoso, lo que le deja sin palabras y así su cabeza descansa. Navega en zonas intermedias, entre transiciones. Le gusta la comodidad del camino sin piedras y sin embargo algo le susurra que son precisamente esas piedras las que consiguen que las corrientes de lo ordinario no le arrollen.

Carolina Pérez

Actualizado el Martes, 15 Junio 2021 14:55 horas.

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