Microrrelatos: "Sabor salado"

Fernando Tocino Viedma2021novLlevaba más de 3 años y notaba que sus besos no sabían a sal. Ese fue el detonante de que estaba viviendo en un mundo de fantasías ficticias y fuera de lugar. El amor es salado, como la libertad del mar y el bicarbonato sódico que decide aliarse con aquel componente que le cuide y al que cuida. El sodio es uno de los principales componentes del amor. Hay sal gruesa y sal fina. Tenemos sal del Himalaya y de glaciares lejanos, encuentras sal hasta en los diferentes planetas del universo. Tenemos sal de variopintos colores, negra, rosada, hasta roja, que representa el arcoíris de los diferentes matices del amor. Diría que el hogar perfecto sería las salinas de costa o la sal de los riscos del Amazonas donde los papagayos la ingieren para quitarse el veneno producido por los frutos tóxicos de sus diferentes arbustos. Pero su boca no sabía a sal. Su boca era agridulce y su mirada despreocupada, oscura e inerte. Son las pistas del amor, son las pistas que dan a entender que todo no es verdadero.

La medicina en general reconoce que la presencia de sal en los humanos es vital, y que también el exceso de la misma genera problemas vasculares, retención de líquidos y subida de presión arterial que te pueden llevar a tener un gran susto en el tiempo. De eso sé mucho y lo sufro en mis carnes. Pero la ausencia de sodio produce que no se dé la sinapsis en la transmisión del impulso nervioso, canal por donde discurren las sensaciones e incluso las que provocarán emociones futuras en nuestro cerebro. Es fácil camuflar la falta de Na+, basta con bañarse en la playa y no ducharte y argumentar que te gusta dejar el salitre en tu cuerpo. Pero es fácilmente reconocible porque no emana desde los poros. Y si los poros no hablan, mejor que te dediques a buscar sal en otro lado.

Me gusta la gente que emite sal en todo su cuerpo y en todas sus palabras. La risa salada es una delicia y la complicidad salada venera el motivo del porqué estamos aquí. Lo contrario sería la insipidez y la falta de chispa de la vida según el acervo popular o el anuncio de Coca Cola de los años 70. Una pizca de sal, alegra el cuerpo e incluso adereza tu alma, y si lo vistes con aceite y vinagre se cierra el círculo del amor…pero eso es otro tema.

Tener sal supone, equilibrar, balancear y tener la suficiente capacidad de buscar el centro de gravedad, y no dejarse llevar por el extremismo de lo insípido o el exceso de granos gordos de sodio que te arruinan la vida. Al fin y al cabo, tener sal te lleva al dulce universo del alma y el alma reconoce quién es salado y quién prefiere la oscura y bipolar insipidez.

La besé por última vez hace mucho, mucho tiempo. Ni un grano ni mota de sal en su piel. Partí raudo y no volví jamás. Desde entonces vigilo la playa y los charcos en las mareas bajas de Luna para detectar a los impostores.

Fernando Tocino Viedma

1 comentario

  • Guiense Martes, 02 Noviembre 2021 23:06 Enlace al Comentario

    Muy buen microrelato.

    "La vida es pura sal,la sal es pura vida."

    Felicidades.

    Saludos.

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