Microrrelatos: "Las aventuras de Jota Jota" (2ª parte"

mariadelpinogilrodriguez2021Y Jota Jota creció…

Después de haber vencido tantos obstáculos en su vida, Jota Jota estaba decidido a cambiar, así que, cuando era un adolescente empezó a trabajar en la construcción. Se levantaba cada día de madrugada para ir con su tío y otro compañero del norte al sur de la isla. Él era el único que siempre se quedaba dormido en el trayecto y que, además, roncaba. Un día decidieron darle una lección y metieron el coche en un túnel de lavado. La maquinaria se puso en marcha emitiendo un sonido muy fuerte y los rodillos empezaron a girar mientras salía el agua y luego la espuma. Jota Jota soñaba que estaba a punto de besar a una joven y, en ese momento, el bello sueño se convirtió en una pesadilla. De repente, abrió los ojos y le pareció ver a un enorme dragón que soltaba espuma por la boca y que estaba a punto de comérselo. El grito se oyó desde el exterior donde se estaban riendo tanto su tío como el otro compañero. A partir de ese día casi dormía con un ojo abierto, en alerta…

Se acabó la obra en la que estaba trabajando y Jota Jota decidió comprar flores para revenderlas por las casas. Tanto él como su amigo iban por las viviendas tocando en las puertas. Un día subieron las dos plantas de un edificio y golpeó con toda su fuerza en la puerta. Como nadie le contestaba, insistió. En ese momento se abrió la puerta y apareció un señor mayor con los ojos como dos platillos volantes y que parecían que iban a salir volando de ira. “¡¡¡Pero como se atreve a tocar de esa forma!!!, le gritó el señor enfurecido.

“Si yo solo toqué así”, dijo Jota Jota dándole de nuevo dos buenos golpes a la puerta.

“¡¡¡Y sigue, y sigue…Yo lo mato!!!”, gritó el hombre enfurecido a punto de darle una piña al muchacho. Los dos jóvenes salieron corriendo del edificio y dejaron algunos cactus pequeños tirados por las escaleras, pero que ni de broma se les ocurriría volver a buscarlos…

En otra ocasión, el joven Jota Jota encontró otro trabajo de más categoría, ya que se iba a convertir en un comercial de ventas de enciclopedias a domicilio, y para ello requería una buena vestimenta, traje de chaqueta y corbata, por supuesto…Era su primer día como vendedor con contrato a comisión. Cogió su pequeño coche y se puso en camino. El joven Jota Jota se emocionaba mucho con los cambios en su vida, y ello le atacaba a su estómago. Ya iba a medio camino antes de llegar a la ciudad, y sintió un apretón en el estómago. ¡¡¡Dios mío!!!, ¿¿¿y ahora qué hago???, pensó desesperado. Entonces, como ya no podía aguantar más, dio un acelerón al coche y se escondió debajo de un puente. Sin pensárselo dos veces, se bajó los pantalones y empezó a descargar su tripa. La cara le cambió de susto a placer cuando ya se quitó el peso de encima. Lo que no podía imaginar el pobre muchacho era que, a su espalda, esperaban impacientes dos policías, que miraban asombrados como se limpiaba. A Jota Jota no se le ocurrió otra cosa que esbozar una sonrisa tímida mientras se encogía de hombros. Finalmente, los dos policías decidieron no multarlo por su cara bonita o quizá por su trasero bonito…

Y llegó el carnaval…, y esta vez el muchacho decidió vestirse de guapo, así que se puso su traje de chaqueta y corbata y le añadió una careta del presidente Reagan. Como siempre, él aspiraba a subir más de categoría. Se pasó la noche rondando a varias jovencitas, y cuando se cansó, llevando unas copas de más en su cuerpo, decidió volverse a su casa. A lo lejos divisó a su prima que iba acompañada de una amiga. El reloj marcaba las tres de la madrugada y ya Jota Jota no veía la hora de coger la cama, así que aceleró el paso dando grandes zancadas. Las dos muchachas se percataron del joven disfrazado que las perseguían apurando el paso y entonces ellas, asustadas, empezaron a correr. Él, que se dio cuenta de que su prima aligeró el paso, se echó a correr para alcanzarlas e ir juntos, pero las chicas se asustaron muchísimo y empezaron a gritar y a correr más. Las pobres no podían imaginar que por mucho que corrieran él iba para el mismo sitio, ya que vivían cerca. Al día siguiente, su prima, algo histérica, relataba lo que le había pasado la noche anterior con un hombre que las perseguía, y ya ustedes pueden imaginar la cara que puso Jota Jota mientras la escuchaba.

Ya, para terminar, contaré la vez en que Jota Jota se disfrazó para ir a un baile, y un amigo le prestó unos zapatos de su madre. ¡Jota Jota se lo pasó bomba aquella noche vestido de mujer! A la mañana siguiente, el amigo aporreaba la puerta gritando para que se levantara. “¡¡¡Chachoooo, te pasaste la noche bailando con los zapatos de mi madre y tenía dentro dos mil pesetas!!! ¿¿¿Dónde están los zapatos que mi madre está como loca buscándolos…???

María del Pino Gil Rodríguez


 

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